Literatos y excéntricos. Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges, de Martín Hadis | Letras Libres
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Literatos y excéntricos. Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges, de Martín Hadis

Los pensadores del siglo XVIII interesados en lo artístico enfebrecieron en el intento por entender los engranajes del genio. Los romanticismos inglés, galo y alemán lo tuvieron como un favorecido de las musas. El genio aparece y quién se atrevería a predecirlo… Mudos ante el misterio, los británico se refieren a lo inesperado con frases como “like a bolt from the blue”. Martín Hadis (1971), quien ha estudiado de cerca la obra borgesiana, se pregunta en Literatos y excéntricos si la genialidad de Borges es uno de esos relámpagos que fisuran lo celeste.

Una línea autobiográfica por la que todo lector de Borges ha pasado (… una biblioteca de ilimitados libros ingleses) desató la curiosidad de Hadis: ¿cómo llegó la lady Frances Haslam, abuela de Borges, a la Argentina, cuáles fueron las circunstancias por las que una mujer de entonces se habrá organizado una biblioteca ilimitada, que resultaría decisiva para la pluma de su nieto? Éstas y otras perplejidades lo arrastraron a un concienzudo estudio de la rama inglesa de Borges, que se dilató cinco años y se demoró en archivos americanos y europeos.

Hadis publicó hace unos años ya, con anotaciones esmeradas, uno de los últimos cursos de literatura inglesa que Borges dictara en la Universidad de Buenos Aires. En ese Borges profesor (2000), Hadis se reveló como un investigador minucioso y un detallista profesional, con un particular cuidado por esas miniaturas que transforman un trabajo serio en impecable y, por lo tanto, en imprescindible.

La trama de Literatos y excéntricos reconstruye a los personajes y sus lances como si se tratara de una novela de lectura melodiosa. Hadis los presenta de un modo cronológico y progresivo a partir del verano de 1768, en Bolton. Hasta las campiñas de ese pueblo retrocede el autor, desanda más de trescientos años para encontrarse con el recién nacido William Haslam, fundador de un clan de seres literariamente inquietos y culturalmente ávidos.

William Haslam, predicador no falto de encanto, fue ministro de la Nueva Conexión Metodista. Criado en la fe cristiana y la piedad libresca, el reverendo Haslam se esforzó en domar su memoria y organizar una biblioteca mientras perdía de forma gradual la vista. Ésa es la referencia documentada más antigua de las cataratas inglesas heredadas por Borges.

Seis hijos tuvieron el metodista Haslam y su esposa: Elizabeth se casó con un craneólogo de gran prestigio en Europa, uno de los personajes más excéntricos de este libro; John fue maestro y murió asesinado en Estados Unidos; William estableció con su esposa Marie Allbut una escuela (los Allbut eran impresores y libreros, y aún existe su librería anterior a 1800); Marianne escribió numerosas obras de interés pedagógico, y fue esposa de John Bakewell, predicador, escritor y editor, hijo de uno de los investigadores pioneros de la demencia; Samuel murió adolescente; y el benjamín fue el escritor y maestro Edward Young.

Hadis observa, no sin sentir el hormigueo del destino, que el reverendo Haslam bautizó al menor de sus hijos con el nombre de un poeta destacado, de especial aprecio en esa época, y hoy más bien olvidado: Edward Young (1683-1765), autor de Night Thoughts. Haslam sacramentó así la vocación literaria de su estirpe.

Ya casado con Jane Arnett, Edward Young Haslam se doctoró en la década de 1840 en Filosofía por la Universidad de Heidelberg. Fue un hombre culto y letrado, maestro y director de colegio, que pasó su vida leyendo y escribiendo. Para muestra, un apéndice recupera su ensayo El arte dramático de los antiguos griegos, que trasluce una notable fuerza descriptiva.

El matrimonio Haslam Arnett procreó dos hijas, Caroline y Frances (Fanny). La primera se casó con un judío de la ciudad italiana de Liorna, y emigraron a la Argentina. Entusiasmados por la nueva vida en aquel rincón del mundo y el pronto éxito económico, invitaron a Fanny. La jovencita viajó hasta allá en 1869. Un año más tarde, mientras espiaba desde un techo a las tropas recién arribadas al pueblo, conoció al coronel Francisco Borges, con quien bailó, de quien se enamoró, quien se convirtió en su esposo.

El coronel Borges y Fanny vivieron en el desierto. El militar murió joven en plena batalla, así que ella debió educar a sus dos hijos. El primer hijo, Francisco, imitó a su padre y emprendió el camino de las armas. Al hijo menor se le había llamado Jorge Guillermo en recuerdo del reverendo William Haslam. De carácter más bien sereno, se inclinó por el derecho, fue poeta, novelista, traductor, gran lector de obras filosóficas y, con el tiempo, profesor de psicología.

Jorge Guillermo escribió la novela El caudillo, con páginas autobiográficas y anécdotas familiares. El interés por los compadritos y los malevos, por los arrabales y el cuchillo asoman ya en la obra del padre, así como una épica que gesticula y un gusto por la violencia que corteja al escritor.

El 24 de agosto de 1899 nació Jorge Francisco Isidoro Luis Borges. Ese caudal de aguas inglesas pródigas en bibliografías, libros y cuadernos de notas se entremezclaron con la valiente sangre criolla: “Cuando [pienso] en mis ancestros argentinos y uruguayos, pienso en militares, y cuando pienso en mis ancestros ingleses pienso en predicadores metodistas, en doctores en filosofía y, principalmente, en libros. Y, en el caso de mi lado materno, pienso en espadas y en batallas, no en libros. Pero luego de vivir ochenta años, esta discordia se ha suavizado. Ya no pienso en ella como una discordia, sino como una forma de diversidad. Es muy probable que yo me haya enriquecido con estas vetas tan distintas” (p. 380 apud Borges At Eighty, p.116). Lo que sucedió a partir de entonces lo sabíamos, mal que bien, ya.

Con la efervescencia de las argumentaciones culturalistas que han diezmado las lecturas causales estrictamente biográficas y sus ramificaciones (conductistas, freudianas, etc.), debe uno preguntarse cuál es el sentido –más allá de satisfacer la curiosidad– de una arqueobiografía como ésta, del análisis de los ancestros asentados en otro continente, otra lengua, otros siglos. Hadis arriesgó que su búsqueda desembocara en una tapia. Afortunadamente sus pesquisas vierten luces a bocajarro, tanto para comprender mejor la personalidad de Borges como su obra.

Por ejemplo, Fanny había aprendido desde niña la Biblia de memoria. Y aunque la transmisión del credo religioso se interrumpió, la inglesa supo clavar en su hijo, Jorge Guillermo, y en su nieto, Jorge Luis, la pasión intelectual, quienes no desdeñaron el rico cargamento de símbolos y tradiciones que encerrara ese Libro de libros. Con estos antecedentes, Hadis reinterpreta El libro de arena. Y es que la última parte de Literatos y excéntricos explora, a modo de ejemplos, ese cuento y también El jardín de senderos que se bifurcan, y el poema Cristo en la cruz.

La genealogía inglesa ofrece nuevas claves hermenéuticas. A la luz de las vidas y andanzas, lecturas y parrafadas, herencias aceptadas y rechazadas, Martín Hadis inaugura un nuevo divisadero para disfrutar con aire fresco la obra de Borges.

¿Fue Borges un genio aparecido en lo azul como un rayo de argento inopinado? Sin duda, pero ahora tenemos nuevas pistas para rastrear ese “divino laberinto de los efectos y de las causas” que lo favoreció. ~