Las irreales omegas, de J.V. Foix | Letras Libres
artículo no publicado

Las irreales omegas, de J.V. Foix

Vocación de claridad      
      
     J. V. Foix, Las irreales omegas, versión de Martí Soler Vinyes, Libros del Umbral, México, 2000.
     Considerada como una de las exploraciones literarias más complejas y relevantes del siglo XX, la obra del poeta catalán J. V. Foix sigue siendo un territorio por descubrir, tanto fuera como dentro de su ámbito cultural propio. Muestra de la atención que ha recibido su poesía en la Península Ibérica son los comentarios y las traducciones de su obra realizadas por otros poetas, como Enrique Badosa, J. A. Goytisolo, Juan Ramón Masoliver, Jaume Ferran o Pere Gimferrer. A sus nombres habría que sumar también los de críticos o editores que, con igual dedicación, se han preocupado por difundir y estudiar el recorrido de este "investigador en poesía", como se autodefinía Foix. Entre estos últimos, cabría añadir ahora el del editor, poeta y traductor Martí Soler Vinyes, quien acaba de traducir y publicar en México una nueva versión de Las irreales omegas.
     Que Soler haya elegido...

Que Soler haya elegido a J. V. Foix es algo que debe agradecerse y destacarse con entusiasmo, no sólo porque con ello prolonga la historia compartida de las literaturas de México y Cataluña —cuyos precedentes más ilustres remiten a nombres como los de Alfonso Reyes y Josep Carner o Paz y Gimferrer—, sino además porque decidió traducir el libro que más ha contribuido a extender la fama de Foix como un poeta difícil, hermético y oscuro, y lo hizo con una sostenida vocación de claridad, entendida como voluntad de comprender y hacer comprensible a la vez. Este es, quizá, el rasgo más destacable de su versión y edición de Las irreales omegas, y constituye a mi juicio la muestra más elocuente de fidelidad no al texto foixiano, sino a una lectura coherente del mismo. No es un lugar común hablar en este caso de fidelidad. La versión de Soler se sabe deudora del texto original, y su logro radica justamente en no confundir sobriedad con pobreza ni fidelidad al original con una literalidad servil y ramplona, así como en negarse a suplantar o a imitar en vano la riqueza de registros lingüísticos y del patrón métrico del catalán.
     El mérito de esta decisión será evidente para quienes conozcan otras versiones de Las irreales omegas (la de Ferran, por ejemplo). A diferencia de Ferran, Soler se ciñe minuciosamente a la diversidad de registros, así como a la sintaxis casi siempre diáfana del original; elude el tono artificioso y el pseudopoeticismo que abundan en la traducción del primero, y se obliga y obliga al lector a explorar las palabras, etimológica e históricamente, allí donde es preciso hacerlo, tal como lo exige Foix a un lector del texto catalán. Unos ejemplos puntuales: allí donde Foix escribe "i puny", Ferran traduce "y golpea", mientras que Soler escribe "y puñe"; "complantes enyorades", que son "endechas añoradas" en la versión de Soler, para Ferran son "lamentos ignorados"; donde Foix obliga a escuchar un "oratge" o una "brisca cantaire", Ferran se conforma con oír una "brisa" o un "cierzo cantor", mientras que Soler escribe "oraje" o "remusgo cantor". Y así sucesivamente.
     Una traducción vale por cuanto arriesga, por los aciertos que obtiene y los errores a que su aspiración la obliga. En el caso de Las irreales omegas en versión de Soler, su lectura apunta a un deseo de presentar ante los lectores no peninsulares a un Foix lo más ligero posible de las brumas de "poeta inaccesible" que lo han oscurecido más de la cuenta. Tal como han demostrado algunos de sus comentaristas más lúcidos, la "dificultad" connatural a la poesía de Foix ha sido distorsionada a menudo por una sobreinterpretación en clave superrealista o irracionalista de su sistema metafórico, cuando el verdadero reto que plantea su poesía radica justamente en la precisión con que explora la realidad a través del lenguaje. Por ello es de agradecer que Soler no haya contribuido con un grano más de arena a ese desierto. En cambio (o quizá por lo mismo), es de lamentar que haya limitado las orientaciones para el lector a la semblanza escrita por Gimferrer (hermosa, pero sin duda menos útil para iniciarse en la obra de Foix que su ensayo sobre Las irreales omegas), a las respuestas de Foix al cuestionario Proust, a las notas sobre algunos términos y topónimos y a la bibliografía tan desigual y casi del todo inaccesible para un lector no peninsular que incluye al final del libro.
     Al hacerlo, Soler ha atendido quizá en exceso a la literalidad de las "Excusas" ofrecidas por Foix al inicio del poemario: en efecto, todo lo que el lector (catalán o no) necesita para familiarizarse con el sistema metafórico foixiano y con su universo de alusiones personales y colectivas, está ya en los poemas mismos, en el largo encabezado que los antecede, así como en las fechas de composición y los lugares que aparecen citados al final de casi todos ellos. Sin embargo, creo que un comentario preliminar del traductor, escrito con la misma sobriedad con que llevó a cabo su versión, habría resultado de gran ayuda para el lector. Ello no demerita en modo alguno la labor editorial y traductora de Martí Soler. Al contrario: gracias a su esfuerzo, el lector en lengua española podrá aproximarse a una de las obras capitales de la literatura catalana del siglo XX: al alfabeto íntimo de quien, al cifrar su propio recorrido interior, ha sabido cifrar también la rica y lamentablemente poco conocida historia cultural del pueblo catalán. -