La realidad en el escenario | Letras Libres
artículo no publicado

La realidad en el escenario

 

Vicente Leñero

Más gente así

México, Alfaguara, 2013, 280 pp.

Parece natural, pero no lo es tanto: un autor veterano con una presencia prominente en distintos campos y con una producción narrativa que ofrece una alta garantía de calidad. Se trata de Vicente Leñero, una institución periodística, una voz teatral reconocida y un exitoso guionista de cine y televisión, cuyas distintas facetas confluyen en su obra narrativa. En efecto, al leer Los albañilesEstudio QEl garabatoAsesinatoLa gota de agua o La vida que se va se descubre a un autor de múltiples recursos, que bordea las fronteras entre el reportaje, la reproducción naturalista, la escritura cinematográfica y el experimento y que ha forjado un singular realismo. Porque Leñero (Guadalajara, 1933) ha combinado la audaz exploración de las diversas estructuras narrativas con la actualidad y la denuncia social y este autor, a menudo asociado a un naturalismo crítico, es también un obsesivo de la forma que, inclusive en sus novelas aparentemente más apegadas al documento, despliega una compleja tramoya narrativa. Cierto, generar interés, ostentar un estilo grato y límpido, crear atmósferas y administrar la tensión, el suspenso y la sorpresa casi nunca son atributos espontáneos y requieren un meticuloso trabajo de planeación y desarrollo. Hay mucho de ingeniería civil en la estructura de los relatos o crónicas de Leñero, en el vigor de su construcción y en el cuidado de sus acabados. Su escritura ostenta inventiva técnica y, sobre todo, interés por el funcionamiento interno de la máquina narrativa, a la que frecuentemente desmonta y vuelve a armar. Leñero tiene, pues, esa infraestructura poderosa, ese oficio para contar, que lo vuelven un narrador auténticamente hipnótico.

Más gente así es un libro que muestra ese oficio narrativo misceláneo y acogedor, donde se manejan con destreza los instrumentos de la ficción y la no ficción y se despliega la agilidad dialógica del dramaturgo, la profundidad del novelista y el sentido de oportunidad del periodista. El libro contiene un florilegio de varia invención: meta-ficciones donde el despechado detective Hércules Poirot mata a su creadora, la voluble Agatha Christie; textos que no se sabe si son remembranzas inverosímiles, como la del elegante vagabundo madrileño que le confiesa un crimen a Leñero o muy verosímiles invenciones, como el viaje a Inglaterra para una entrevista periodística y teológica con su admirado Graham Greene. Lo que, sobre todo, denota Más gente así es una habilidad capaz de hacer literatura con los más diversos materiales, desde la historia hasta la nota roja o el incidente trivial: de modo que el asesinato de un cardenal le sirve para denunciar las costumbres patricias y las complicidades de cierta élite eclesiástica; la nota insólita del pastor metodista que se inmola atacando una iglesia católica le es útil para mostrar el fanatismo y la atroz facilidad con que puede generarse una escalada de violencia a raíz de pequeñas afrentas y malentendidos y la conmovedora evocación de la figura materna le sirve para homenajear esos anónimos heroísmos domésticos y filiales.

Todos los relatos fluyen con solvencia y no hay alguno que no atrape. Con todo, destacan por su humor y ferocidad sus ajustes de cuentas y parodias del mundo literario, como “Las uvas estaban verdes” y “El crimen”. “Las uvas estaban verdes” es un relato de desencuentros con la legendaria creadora de prestigios Carmen Balcells: en 1965 Leñero es una promesa descollante que ha ganado el premio Seix Barral y que recién ha publicado Estudio Q, conoce a la agente literaria y ella se ofrece a representarlo y a promoverlo en editoriales de todo el mundo, al igual que a otros jóvenes talentosos que comienzan a darse conocer, como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Pasa más de un lustro, el boom estalla como fenómeno comercial, García Márquez y Vargas Llosa se vuelven un culto literario y un negocio gigantesco que la agente literaria administra con pericia; mientras tanto, Leñero se siente desatendido, no recibe ninguna noticia, ni atención de la agente, hasta que un día, en un coctel, achispado por el licor, rompe con ella. Hay otros acercamientos, pero la agente actúa con calculada condescendencia y el autor es demasiado tímido para restaurar la relación profesional. Esta historia de despecho editorial, amén de jocosa y valiente, muestra muchos de los mecanismo que actualmente determinan, casi tanto como la obra, el prestigio literario: la habilidad para transigir con el protagonismo de agentes, publicistas y editores; la capacidad de adaptarse a las demandas y corrientes del gusto que gobiernan los intereses editoriales; los atributos para formarse una identidad pública atractiva, la habilidad para cultivar relaciones y alianzas convenientes y, en fin, la necesidad de desarrollar competencias, más que literarias, sociales, en el ascenso artístico. El otro relato, “El crimen”, es la historia de un joven millonario aspirante a literato que, tras la publicación de su primera novela, no duda en asesinar a un crítico que tuvo una opinión adversa. Caricatura del mundo de los talleres, la susceptibilidad a la crítica y los mecanismos patológicos del reconocimiento literario, es también una divertida pieza de suspenso.

Más gente así es un microcosmos de la obra de Leñero, que muestra las variedades de su prosa. En Leñero se observa un tono preponderantemente realista y testimonial, construido con un método riguroso, que decanta y resignifica el dato a través de la escritura. Las innovaciones experimentos y hasta artificios narrativos que utiliza Leñero son recursos expresivos para indagar más ampliamente en la realidad, pues, en sus mejores momentos, el realista Leñero es también un acendrado formalista, el crítico social y cultural es crítico del lenguaje y el moralista es un avezado psicólogo. Acaso la eficaz narrativa de Vicente Leñero no ha estado exenta, en ocasiones, de desdibujarse en personajes planos y mensajes previsibles; sin embargo, cuando el autor brinda mayor libertad a los seres que habitan sus páginas, su escritura multiplica realidades, hace más rico y complejo el mundo, pues no hay una verdad unívoca y un mismo individuo puede ser oscuro o revelador, abominable o heroico. ~