La lectura en el centro | Letras Libres
artículo no publicado

La lectura en el centro

Gabriel Zaid

El dinero para la cultura

México, Debate, 2013, 352 pp.

Una de las cualidades más apreciadas de la prosa de Gabriel Zaid es la claridad: “Las instituciones educativas son un fraude”, dice. Y lo demuestra con datos: el número de lectores en México no se ha estancado, cada vez es menor. Los bajos índices de lectura son un indicador inocultable del fracaso de nuestro sistema educativo. El día que finalizan sus cursos muchos universitarios lo “celebran” quemando los libros que durante muchos años les “quemaron las pestañas”. Una rebelión contra lo obligatorio que termina por degradarlos. Las estadísticas que nos muestra Zaid son reveladoras: en 2006 la Encuesta Nacional de Lectura señaló que el 60% de los encuestados leían lo mismo o menos que antes. En una nueva encuesta, esta del 2012 (Fundación Mexicana para el Fomento a la Lectura), “los resultados fueron peores”. Los mexicanos que más leen lo hacen en edad escolar, por el contrario, los egresados, los que adquirieron conocimientos y educación, son los que menos practican la lectura. Algunos, como señalé, hasta queman sus libros. Pero, a decir de Zaid, “la verdadera amenaza para el libro no es el fuego sino la indiferencia”. Los mexicanos no leen porque nadie –ni sus padres, ni sobre todo sus maestros– les inculcó ese hábito. ¿Y de qué sirve una educación que no se cultiva? De muy poco. La cultura se seca si no se le alimenta con libros. Y solamente alguien que lee puede contagiar su entusiasmo por la lectura. Se gastan al año cientos de millones en spots que exhiben actores y deportistas leyendo. Un gasto totalmente inútil. “No llegarán muy lejos los programas destinados a que lean los alumnos de un maestro que no lee.” Hay millones de personas que salieron de la universidad, afirma Zaid, “sin la afición a leer, y aun sin saber leer un libro y resumirlo”. Nuestras instituciones educativas, en todos los niveles, “son un fraude”.

Otra de las cualidades de Gabriel Zaid es que no se queda en la formulación de la crítica sino que propone una solución. Extrae del problema que analiza una propuesta viable y práctica, y la plantea. No dice nunca que la suya sea la única solución. Propone una vía posible para modificar la realidad. En el caso concreto de la lectura, dice (en una glosa apresurada): procedamos a la inversa de como trabajan los epidemiólogos, porque de lo que se trata es de provocar un contagio, una cadena viral por la lectura. Así como el epidemiólogo va reduciendo las áreas de su búsqueda hasta llegar al foco infeccioso, y al topar con él lo aísla, así debería procederse en el caso de querer contagiar a posibles lectores. No se comienza con comerciales de tv dirigidos a millones, con un costo millonario, se comienza al revés: ¿quiénes pueden ser los focos de irradiación de este contagio? Los maestros a quienes les guste leer. Ellos deben ser seleccionados, debe proporcionárseles un catálogo en el que elijan los libros que crean que a sus posibles lectores (sus alumnos, los padres de familia, sus vecinos) puedan interesarles. El maestro lector se convierte en un foco de contagio lector, que se irá extendiendo. Porque “leer por gusto –dice Zaid– es algo que se contagia, como todos los gustos”. Esta idea del contagio lector es una de tantas propuestas de Zaid para elevar el nivel de la cultura circundante, es decir, de la cultura mexicana de nuestros días.

En los libros de Gabriel Zaid uno se topa, cada pocas páginas, con una propuesta, con una sugerencia de acción directa. Leer poesía, Empresarios oprimidos y El dinero para la cultura son libros prácticos. Las exposiciones críticas de Zaid derivan en propuestas concretas: hacer un poema, montar un negocio, fomentar la lectura. Esta característica presente en sus últimos libros tiene su origen en una de las ideas centrales de Gabriel Zaid, a saber: que todo acto, por pequeño que sea, puede convertirse en un acto creativo: que todos, no solo los artistas, somos creadores potenciales. En su caso, la exposición de una idea de forma natural deriva en una propuesta creativa. Esa continua exhibición creativa es en sí misma un ejemplo de libertad.

La mejor forma de elevar el nivel de una comunidad, de un país, es fomentar la lectura. “La lectura –asegura Zaid– debe estar por encima de la creación, y esta por encima de la producción editorial.” Porque es deseable que todos suban su nivel como personas, la lectura debe estar en el centro, para enriquecer nuestra vida personal y social. No en las aulas ni en las facultades, “la verdadera educación es la lectura: de los textos, de las personas, de nosotros mismos, de la realidad [...] la experiencia de la vida y los libros leídos por el mero gusto de leer han sido siempre la verdadera educación de las personas cultas”.

¿Personas cultas?, ¿Leer libros? Casi no leen libros y muy poca prensa: los mexicanos mayoritariamente ven televisión. Sostiene Zaid: “La televisión mercachifle no tiene inconveniente en degradar a la sociedad para ganar dinero, ni en vender sus servicios a los que buscan el poder por el poder.” Una solución posible: suprimir todos los comerciales políticos para romper “el círculo vicioso: dinero: televisión: popularidad: votos: poder: dinero: televisión, etcétera”, círculo en el que estamos inmersos y que “reduce la democracia a un negocio cínico”. Cita Zaid a Popper: “la televisión se ha vuelto un poder inmenso que no responde ante nadie. No puede haber democracia con poderes sin control”. La propuesta de ley de telecomunicaciones, ahora en su proceso legislativo, en algunos casos ahondará el problema: “el principio de que la competencia económica es buena para el consumidor daña al consumidor, cuando se aplica ciegamente”. Es probable que la apertura de nuevas cadenas nacionales de televisión empeore la calidad de la televisión, “esta degradación no conviene al país”. Para paliar esa desgracia que se nos viene encima propone Zaid que el Estado se haga cargo por lo menos de un canal con fines estrictamente culturales, aunque al principio tenga poco público, que irá cultivando, a la manera de la bbc o de la pbs.

El gran enemigo del libro es la desidia que se concreta en el acto de ver mala televisión. Pero no es el único. El Estado, bajo la forma del sistema educativo nacional, hace mucho (y gasta mucho) pero gran parte de lo que hace lo hace mal. Vean si no los índices de lectura. En México el Estado es el que mayormente hace algo por la cultura. Primero Justo Sierra y luego José Vasconcelos “financiaron el desarrollo y crearon la ideología oficial de la cultura como redención social”.

El mercado es la mejor solución “para infinidad de cosas (no para todas)”, dice Zaid, por lo que el Estado debe subsidiar las actividades culturalmente valiosas, pero deficitarias. Es por ello que Zaid propuso a mediados de los años setenta un “Fondo para las Artes” (Plural 49, octubre 1975) que años después el gobierno de Salinas retomaría para crear el Fonca, que ha dotado a miles de creadores con un subsidio para el desarrollo de su obra. Este fondo de apoyo a los creadores es, sin embargo, secundario. Lo importante es la lectura. De Zaid son las ideas para una Ley del libro (“Por una ley del libro” en Vuelta 235, junio de 1996, y “Hacia la ley del libro” en Hoja por hoja, febrero de 1998) que terminaría, con muchas modificaciones, por concretarse en la Ley del libro de 2008, a la que le falta una adecuada regulación.

No somos conscientes de la tragedia que se avecina de continuar el descenso en el número de lectores. Disminuirá el nivel de la cultura, las conversaciones culturales se irán empobreciendo. Cuenta Zaid que, de joven, “dejé Monterrey para descubrir que el desierto está en todas partes”. La cultura que deja de crear se seca. El nivel del debate baja y la democracia languidece. Por ello es prioritario estimular la lectura. Volverla contagiosa a través de sus promotores reales. “Los libros enriquecen la vida, desarrollan la conciencia personal y la cultura nacional [...] suben de nivel a los países que leen mucho frente a los que leen poco.”

Gabriel Zaid repite poco sus fórmulas verbales. Una frase sin embargo es constante en este libro sobre la cultura y el dinero. Repite Zaid: para elevar el nivel de... “la conversación”, o “la cultura”, incluso “de la vida”. En términos sociales esta es una de las partes que componen la modesta utopía de Gabriel Zaid: que la lectura sirva “para elevar el nivel de la vida”. Podemos organizarnos para hacerlo. ~