artículo no publicado

La hija del francés

Élisa Shua Dusapin debuta con una novela contenida y magnética situada en el invierno de una ciudad portuaria a la que llega un dibujante francés

Se abre el telón y aparece un francés. La primera novela de Élisa Shua Dusapin (Corrèze, Francia, 1992), Un invierno en Sokcho (Alianza literaria, 2017), sucede en la ciudad portuaria cerca de la frontera entre las dos Coreas. La narradora y protagonista ha vuelto allí después de acabar sus estudios y trabaja en la pensión del señor Park. La narradora nunca ha estado en Europa, pero su padre es un francés. Y entonces llega el francés: “Llegó perdido en un abrigo de lana. Dejó la maleta a mis pies, se quitó el gorro. Rasgos occidentales. Ojos oscuros. Peinado con raya a un lado. Su mirada me atravesó sin verme. Parecía molesto y me preguntó en inglés si se podía quedar unos días, hasta que encontrara otra cosa. Le di un formulario. Me tendió el pasaporte para que lo rellenara yo. Yan Kerrand, 1968, de Grandville. Un francés”.

Qué hacer en Sokcho. Pasada la temporada alta, en el hotel apenas hay inquilinos: una chica que se recupera de una “operación de cirugía estética en la cara”, por ejemplo. “El supermercado abría las veinticuatro horas, a cincuenta metros calle abajo. El autobús, a la izquierda, pasado el supermercado. Reserva natural de Seoraksan, a una hora de viaje, abierta hasta la puesta del sol. Usar calzado bueno, a causa de la nieve. Sokcho, vacaciones en la playa. Aviso, no hay muchas cosas que hacer en invierno”. En alguna cosa podría recordar a Lost in Translation, de Sofia Coppola: el mayor y la menor y una historia casi de amor y atracción. En lugar de Tokio, la ciudad portuaria; en lugar de un actor, un dibujante de cómic. En las dos, ella tiene un novio ausente (en la película de Coppola, es fotógrafo; en el debut de Dusapin, un aspirante a modelo que va a Seúl). La peculiaridad de la novela es que, aunque está en su ciudad natal, la narradora, se siente igual de extranjera, perdida y fuera de lugar que el personaje interpretado por Scarlett Johansson en la película de Coppola.

El matrimonio es una institución (but who wants to live in an institution?). La madre de la narradora trabaja en la lonja de pescado y le preocupa que su hija no logre casarse, como ella. “Crucé las calles hasta el puesto cuarenta y dos, sin prestar atención a las miradas que se alzaban a mi paso. Veintitrés años después de que mi padre sedujera a mi madre y se marchara sin dejar rastro, mi sangre francesa todavía alimentaba el chismorreo”, escribe la narradora. “Una mujer tan guapa y sin casar…”, dice la madre. “Primero Jun-Oh tiene que encontrar trabajo. Hay tiempo”, responde la hija. “Siempre creemos que hay tiempo”, le dice la madre. “Ni siquiera tengo veinticinco años”. “Pues eso”.

Invierno en la playa.  Con un estilo despojado y preciso, Dusapin va tejiendo una historia que encierra mucho más de lo que muestra. La novela es puro ritmo. Por ejemplo: “Rezumando invierno y pescado, Sokcho esperaba. Sokcho siempre esperaba. Los turistas, los barcos, los hombres, la vuelta de la primavera. Mi madre solo tenía un catarro”. Las imágenes son muy importantes, no solo las que describen el paisaje, también los dibujos de él y las polaroid del novio. Es una novela donde hay vísceras y pescado y trabajo manual. Es una novela cargada de sensualidad y comida. Y Rafael Azcona decía que una novela sin comida no le interesaba.

Paseos nocturnos. La habitación de la chica y la del francés están separadas por una pared: “Aumenté el ritmo de las caricias, cada vez más fuerte, hasta que mis muslos se estremecieron y el placer me arrancó un gemido. Febril, recuperé el aliento, con la mano sobre los labios hinchados. La retiré como quien retira un vendaje sobre una herida abierta. ¿Me habría oído Kerrand? Seguro que me había oído. Recordé que no había guardado en la nevera los restos de la cena. Si no lo hacía, habría que tirarlo todo. Me vestí, esperando no cruzarme a Kerrand por el camino”. El dibujante (inspirado en el historietista suizo Cosey) y la chica se encuentran, se cruzan, hacen excursiones y parece que no pasa nada cuando en realidad todo está cambiando. Aunque la chica se quede para siempre en la pensión (cosa improbable), nunca volverá a ser la misma.

 

Un invierno en Sokcho, Élisa Shua Dusapin

Traducción de Alicia Martorell

Alianza literaria, Madrid, 125 pp.