La culpa es de Zola | Letras Libres
artículo no publicado

La culpa es de Zola

Jorge Zepeda Patterson

Milena o el fémur más bello del mundo

México, Planeta, 2014, 480 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los corruptores

México, Planeta, 2013, 440 pp.

Primera novela: Los corruptores. Segunda novela: Milena o el fémur más bello del mundo. Esta es una prolongación y remedo de la primera. Los mismos personajes, misma estructura, semejante argumento. Las distingue que la trama de la primera sucede en México y que las peripecias de la segunda se desarrollan en España (específicamente en Marbella) y en la ciudad de México. También la segunda se distingue por haber obtenido el Premio Planeta 2014 que, hasta antes de esta emisión, era el premio de narrativa más importante de nuestro idioma.

Me concentro en lo que estas novelas ofrecen y quedan debiendo al lector. En primer lugar, el lenguaje. Verdad de Perogrullo: las frases y oraciones de una novela son los elementos básicos con los que el autor construye su estructura y trama. Las dos novelas comparten una misma pobreza verbal. Las piernas de la protagonista “son kilométricas”, un departamento para uso de citas clandestinas es un “nidito de amor”, el personaje principal “sale a la calle impulsado por un corazón trepidante”. Cité tres ejemplos pero no exagero al afirmar que ambas novelas están conformadas casi exclusivamente por descripciones de este tipo. Segunda verdad de Perogrullo: con frases planas se construyen personajes igualmente planos; con frases hinchadas de lugares comunes se levanta una estructura simple, monótona hasta el hastío.

En Los corruptores un narrador omnisciente organiza las escenas en una estricta cronología lineal (“lunes 25 de noviembre, 11:30 am.”; “lunes 25 de noviembre, 2:30 pm.”, etc.), solo interrumpida por capítulos que dan cuenta de sucesos del pasado. En Milena... Jorge Zepeda nos sorprende con una estructura idéntica (“martes 11 de noviembre, 11:30 pm.”, “miércoles 12 de noviembre, 00:10 am.”) con una sola innovación: notas breves en las que supuestos personajes reales cuentan sus aventuras en el mundo prostibulario. En Los corruptores la guapa amante de un político es asesinada pero antes deja testimonios escritos que resultan comprometedores para diversos actores de la política mexicana. En Milena... la guapa amante de un mafioso internacional es buscada porque tiene un cuaderno con testimonios comprometedores para diversos actores de la política y la alta sociedad de México y España. En uno y otro caso los personajes principales son los mismos: un improbable y cómicamente involuntario grupo que se autodenomina Los Azules. Sus integrantes se conocen desde niños (“se convirtieron en una cofradía propia pero siempre caracterizada por militar en las causas perdidas y a favor de los desprotegidos”), y ya en su etapa adulta siguen “preocupados por hacer el bien”. Cuatro mosqueteros unidos para luchar por la justicia. Parece broma, no lo es.

Lenguaje tópico, personajes planos de motivaciones inverosímiles, estructura simple. ¿Qué sostiene entonces el interés en este par de novelas? La explicación reside en el autor. Jorge Zepeda es un prestigiado periodista mexicano. Fue fundador y director de los diarios Siglo XXI y Público, en Guadalajara. Por algún tiempo ocupó la dirección editorial de El Universal y ahora dirige los trabajos del portal de noticias Sinembargo. Es un periodista con magnífico olfato (las versiones más completas sobre la tragedia de Iguala las pude leer en el portal que dirige) y un columnista con altibajos. La trayectoria periodística del autor no tendría importancia de no ser porque en las dos novelas el papel protagónico recae sobre Tomás, álter ego de Jorge Zepeda. En Milena... el autor dedica casi un centenar de páginas a informarnos (en una escritura en clave apenas encubierta) los detalles de cómo Tomás ascendió casi por azar a la dirección de El Mundo y lo que en él trató de operar, es decir, los detalles de cómo Jorge Zepeda intentó transformar a El Universal en su breve paso por la dirección. Con una capacidad de autocrítica muy menguada, fascinado consigo mismo, Jorge Zepeda construye a Tomás como un periodista puro y justiciero; valiente, enamoradizo, de encantadores ojos acuosos, que lucha por la verdad y la justicia. Debido a su paso privilegiado por las redacciones de grandes diarios, Zepeda nutre sus novelas de chismes y escándalos políticos, no sin dejar de señalar, en las últimas páginas de Los corruptores, que “gran parte de las situaciones aquí descritas son absolutamente ciertas”, y en Milena... que “los vínculos de la ficción y la realidad a lo largo del texto son estrechos”.

Llegamos al meollo del asunto al que me quiero referir. ¿Qué tipo de novelas son las que escribe con éxito Jorge Zepeda? Novelas periodísticas. Novelas que giran alrededor de la información a las que un periodista de alto nivel tiene acceso. Y no de cualquier tipo de periodismo: a Jorge Zepeda le gusta creer que el suyo (así nos los deja ver Tomás en múltiples ocasiones) es un periodismo comprometido. En el caso de Los corruptores se trata de denunciar la corrupción del sistema político mexicano, muy especialmente del pri que regresó al poder luego de doce años de estar separado de la presidencia. En Milena..., se aborda la trata de personas y el comercio sexual. Jorge Zepeda escribe novelas comprometidas y de denuncia, y quizás en este punto reside su principal flaqueza. No le importa el lenguaje, ni el desarrollo de sus personajes (los protagonistas son acartonados; los secundarios muy ingenuos), ni la estructura de sus obras (idéntica en ambos casos), ni las reiteraciones de sus tramas. Le interesa denunciar, mostrar su cabal compromiso social. No la literatura, la justicia.

No es Zepeda el primero en practicar este género en México. Recuerda, claro, a Luis Spota, con dos grandes diferencias. Luis Spota narraba mejor y el país del que daba cuenta era un México cerrado, con una clase política hermética y pudibunda en términos sociales. Las novelas de Zepeda se desarrollan, en cambio, en un México demasiado abierto (uno de los pocos atractivos, inquietante en extremo, de estas novelas es que muestran la enorme vulnerabilidad de las comunicaciones personales, expuestas al espionaje oficial y privado) y sediento de conocer lo que ocurre detrás del poder. En una serie de cinco novelas, Luis Spota narró los mecanismos en ese entonces secretos de la sucesión presidencial. En una serie de novelas (nada indica que las aventuras de Los Azules hayan terminado), Jorge Zepeda se ha propuesto sacar a la luz los secretos de las catacumbas del poder y el sexo, y sus vínculos con los poderes mafiosos en México y España. Spota y Zepeda son dos sendos exponentes de la narrativa periodística, un género en sí mismo nada desdeñable cuyo origen se remonta a Zola.

Oscar Wilde decía que la diferencia entre la literatura y el periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura es muy poco leída. Paradojas de nuestro tiempo: Jorge Zepeda, al fundir ambos géneros, ha logrado un par de novelas muy poco legibles que, sin embargo, gozan del aprecio de sus múltiples lectores. ~