Fragmentos del asombro, de Gilberto Prado Galán | Letras Libres
artículo no publicado

Fragmentos del asombro, de Gilberto Prado Galán

El sentido originario del ensayo, ese género vital, arbitrario y subjetivo que acuñó Montaigne, solía ser sustituido, en la acepción hispanoamericana, con la idea de la monografía especializada o el escrito pedagógico y político. En efecto, debido sin duda a un añejo sentimiento de urgencia social, acostumbraban a depositarse en el ensayo hispanoamericano obligaciones de tema y tono y se lo atildaba con la seriedad y el ánimo pragmático de lo académico o lo cívico. Sin tiempo para el ocio y la recreación, el ensayo debía servir a los graves propósitos de la forja de patria, la educación colectiva o la construcción del canon. Sólo hasta la segunda mitad del siglo XX el ensayo no utilitario o de creación ha ido saliendo a la escena sin vergüenza. En este libro, Fragmentos del asombro, Gilberto Prado Galán se ofrece un delicioso descanso de la faceta académica del ensayo y, mediante una apretada recopilación de miniensayos, retoma una tradición marginal pero fecunda del ensayo creativo, que se remite a figuras pioneras como Alfonso Reyes, Julio Torri, Jorge Luis Borges y José Lezama Lima, por mencionar algunos.

Fragmentos del asombro es un libro de escritura y pensamiento heterogéneo que lo mismo hace una fenomenología y reivindicación de los objetos más humildes y cotidianos, como el alfiler o la llave; comparte, de manera didáctica, una rigurosa afición a la ciencia; recuerda con goce y nostalgia las lecturas iniciales o la génesis de algunos de los libros del autor y se permite abordar, en pequeñas semblanzas, una serie de escritores, célebres o desconocidos, con la libertad de evadir las teorías y los aparatos de notas. Con esta relajada incursión en los temas más diversos del arte, la ciencia, la moral y la vida práctica, el escritor convida a asistir, en ropa casual y sin protocolos, a una velada informal en la que, sin embargo, se degustan bocados y bebidas literarias de primer orden.

La variedad de temas, la curiosidad intelectual y avidez vital que se despliegan en estas páginas denotan una intención de relacionar distintos ámbitos de existencia y romper, por un momento, los necesarios pero a veces enajenantes monólogos de la especialización. Desde la literatura hasta la ciencia, desde la investigación especializada hasta los escondrijos del ocio, este libro traza paralelos y correspondencias entre fenómenos y disciplinas muy distintas y aspira a revelar, como dice en uno de sus afortunados títulos, una “poética de la vida”. Todo esto mediante brevísimos artículos que, sin embargo, abren perspectivas, generan intuiciones y revelan armonías insospechadas. De modo que el libro rememora figuras literarias olvidadas, como Ángel Amor Rubial; reivindica obras excéntricas, como La cena de cenizas de Giordano Bruno; traza entusiastas retratos de científicos en los que describe la forma en que el azar, la inspiración y el genio, facultades compartidas con la poesía, se aúnan a la indagación sistemática; hace un arrobado recorrido por la anatomía humana, las funciones fisiológicas y las emociones y elucubra sobre fenómenos como la amistad, los adioses, la enfermedad o el innominado hecho de la muerte. Son muchas las vetas que revela esta exploración intelectual y literaria, que podría dar pie a, por lo menos, cuatro libros: ya sea una recopilación de anécdotas y rarezas literarias; ya sea una instantánea comparativa entre las formas de creación y pensamiento científico; ya sea un breve tratado de los sentimientos o ya sea una preceptiva sobre el arte de vivir. La mayoría de estos fragmentos son logrados cartones literarios, pero también formas de auxilio y orientación vital que apuntan a esa reflexión filosófica encaminada a los asuntos perentorios de la vida diaria y buena, y que nos remite a esa genealogía que va de Cicerón hasta Bertrand Rusell pasando por Spinoza, Pascal y Gracián. En suma, hay en este libro una conciencia del tiempo, un ánimo de conocimiento vital y una bonhomía que se transmiten emocionadamente al lector, pues el sentido de las proporciones y la perspicacia con que está amalgamado lo hacen un instrumento lenitivo e instructivo, que nos invita a detener un instante el vértigo y a contemplar el acontecer asombroso del mundo. ~