El tartamudo y la rusa y Treinta días en Moscú, de J. M. Prieto | Letras Libres
artículo no publicado

El tartamudo y la rusa y Treinta días en Moscú, de J. M. Prieto

José Manuel Prieto, El tartamudo y la rusa, Tusquets, México, 2002, 95 pp.José Manuel Prieto, Treinta días en Moscú, Mondadori, Barcelona, 2001, 165 pp.

CUENTO Y NOVELA
Rusia como territorio de la ficción

La narrativa contemporánea cuenta con distintos ejemplos de autores que han convertido un territorio real, específico, en el espacio literario de una obra. Me vienen a la mente al menos dos geografías notables: el Misisipi de William Faulkner y la Santa Fe de Juan José Saer. Como parte de su soporte conceptual, el trabajo de estos autores establece un vínculo entre sus contenidos y una zona efectiva de la realidad. Pero cualquier lector avisado sabe que la intención de poner a funcionar un objeto narrativo en un contexto determinado no es, en ninguno de los casos, histórica. Mucho menos anecdótica. El territorio elegido es un lugar que, más allá de su posible existencia "real", contiene las reglas internas que proveen de autonomía al relato.
     José Manuel Prieto (La Habana, 1962) ha construido una Rusia a la medida de sus obsesiones. A partir de su primer libro —Nunca antes habías visto el rojo (1996), reeditado ahora como El tartamudo y la rusa— encontró en esa geografía y sus pobladores la materia prima para la construcción de un mundo. La extrañeza de sus narraciones proviene, a mi juicio, de un hecho singular: su linaje literario es tan cubano como ruso; su obra se inscribe en una tradición dual. En esta colección de cuentos —como, por otro lado, en cualquier relato con algún valor— la anécdota es puesta al servicio de la intención narrativa. Esto se evidencia con guiños que nos refieren la biografía del autor y con recursos que, para hablar con un término pedante, llamaré metatextuales.
     En "My brave face (Rusia, 1983)", el primero de los cinco relatos del volumen, el personaje-narrador nos informa: "Mi destino era Siberia Occidental". Éste y otros datos coinciden con aspectos biográficos del autor, que los lleva al límite para volverlos armas de la ficción: el escritor sabe bien que la memoria transfigura los recuerdos, que al ser colocados en papel se vuelven tan apócrifos como los nacidos de la imaginación; hay un ojo que demarca los encuadres, una memoria que elige, cuidadosamente, los aspectos narrables. A Prieto le interesa recordarnos todo el tiempo que lo leído no es más que artificio literario. "My brave face" termina con el personaje central (un tal José) entregando a Alfía, la heroína del cuento, una traducción al ruso... del texto que estamos leyendo. Ella, por supuesto, opina:
No escribo, pero sospecho que también me resultaría difícil abordar cualquier episodio de mi vida —nuestro encuentro incluido— sin ceder a la tentación de escurrir el bulto. Has falseado hasta lo indecible la historia insignificante y simple de aquel viaje. Por lo visto, sigues temiendo algo, y optas por ocultarte como dices que haces al principio de tu cuento. Según lo entiendo, se trata de una huida interminable, de un intento de eludir la responsabilidad de escribir sobre lo que verdaderamente te interesa...
En las otras piezas del volumen el discurso sobre la ficción es evidente: "Muerte en el lago" comienza recordando el deceso trágico de Knecht en El juego de los abalorios de Hesse antes de poner a funcionar la trama concreta del cuento; "El tartamudo y la rusa" se construye con citas diversas —la narración como concatenación de plagios—, mostrándonos que la literatura no se nutre de la realidad sino de la propia literatura; "Nunca antes habías visto el rojo" tiene una anécdota minúscula, pero la narración se articula con una serie de comentarios a los pasajes del relato. "Sin descansar este verano" es, por el contrario, un cuento tradicional que, a pesar de su buena prosa, no alcanza el rigor conceptual del resto del volumen.
     "Nunca antes habías visto el rojo" no es más que el esbozo inicial de Enciclopedia de una vida en Rusia (1998), la primera novela de Prieto. Tanto el cuento como la novela son exploraciones de la frivolidad como vehículo de la rebelión ante el régimen totalitario:
Una canción ligera [...] puede llegar a tener más resonancia social que un manifiesto, pero su influencia es oculta, está enmascarada. Para el socialismo ortodoxo, su efecto es el de una bomba de profundidad de apagado funcionamiento, capaz de cambiar imperceptiblemente la mentalidad de la gente; de desvirtuar la responsabilidad ineludible de que debemos llegar a algo, ser útiles.
Treinta días en Moscú es la crónica —¿real?— de una Rusia transformada por la ropa de marca, las tonadas idiotas de la música comercial y las revistas de moda. Ya devastada la urss, sin consolidarse plenamente el libre mercado, la debilidad del narrador cubano por lo frívolo mantiene vigencia: en su estadía de un mes, recorre con el mismo fervor los estantes de las revistas de moda que las librerías mejor dotadas, se entrevista con un historiador y con una escritora, pero también con el diseñador más prominente de la sociedad postsoviética.
     Treinta días en Moscú es la crónica de un viaje que obliga a su autor a superponer dos realidades: la de la Rusia en la que vivió y la actual, más de siete años después. En este juego de planos se abren intersticios por los que Prieto, a pesar de su cercanía con la cultura rusa, encuentra motivos para la sorpresa. Su libro viajero nos comunica el aburguesamiento gradual de Moscú, el resurgimiento de la religiosidad en la Rusia postsoviética, la aparición de nuevas profesiones, la descomposición de una sociedad embriagada por su acceso a los "nuevos" productos y servicios.
     El tartamudo y la rusa y Treinta días en Moscú están escritos con una prosa elástica, llena de recursos que la hacen capaz de encarnar la violencia verbal y la ironía, pero también los giros sutiles. La voz narrativa de Prieto tiene ya un sello propio nacido de la tensión entre su condición de extranjero perpetuo y su manía de mancharse las manos con la materia de sus relatos. Este contrapunto hace de la lectura de sus libros una experiencia literaria excepcional en el anémico panorama actual de la literatura en nuestra lengua. ~