El precio de tomar partido | Letras Libres
artículo no publicado

El precio de tomar partido

Jorge Ramos

Sin miedo. Lecciones de rebeldes y poderosos

Ciudad de México, Grijalbo, 2016, 320 pp.

En su reciente libro, Sin miedo, hay una palabra que el periodista Jorge Ramos, presentador estelar del Noticiero Univisión, repite una y otra vez: “nosotros”. En esta recopilación que condensa más de veinticinco años de entrevistas, la primera persona en plural le sirve a Ramos para decir “aprendimos”, “debemos”, “dijimos”, “no hay que dejarnos”.

Nosotros. Ramos (Ciudad de México, 1958) nunca ha dudado en decirlo con todas sus letras. Después de una rápida búsqueda en Google (una vez que se sortea la enorme cantidad de artículos que vinculan su nombre al de Trump, como si la carrera de Ramos hubiera iniciado con aquel incidente en la rueda de prensa), usted encontrará que el periodista lleva años repitiendo que sí, que él toma partido. En Sin miedo elige una cita de Elie Wiesel para ilustrarlo (“Debemos tomar partido: la neutralidad ayuda al opresor”), pero también puede venir a cuento un aforismo que el profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano Miguel Ángel Bastenier repite en todas sus clases: “El periodista no está ni cerca ni lejos de ser objetivo, porque su trabajo es subjetivo. Pero puede ser honrado.”

En esa honradez se sostiene la parte más importante del libro. A Barack Obama le recuerda la promesa que en 2008 le hizo ganar millones de votos latinos: la reforma migratoria. Durante su conversación le dice que siendo senador no había visitado nunca México, ni país alguno de América Latina: “¿Va a cumplir su promesa a pesar de los difíciles momentos económicos que estamos viviendo ahora?”, dice Ramos. “Absolutamente”, fue la respuesta. Obama nunca la cumplió. “¿De qué murió su esposa?”, le pregunta a su vez al presidente Enrique Peña Nieto. El mandatario, en una escena muy incómoda, no consigue recordarlo. El video en YouTube de esta conversación ha sido reproducido seis millones de veces.

La premisa que mueve a estas entrevistas parece simple. A veces da la impresión de que Ramos invita al lector a conjeturar: ¿qué le preguntaría a Fidel Castro si lo tuviera enfrente? El periodista lo confrontó en 1991: “Muchos creen que este es el momento para que usted pida un plebiscito.” “Respeto la opinión de esos señores, pero realmente no tienen ningún derecho a reclamarle ningún plebiscito a Cuba”, respondió el líder revolucionario cubano.

En otros casos, las entrevistas adquieren, con los años, un nuevo matiz: así sucede, por ejemplo, con el encuentro con Hugo Chávez, que recorre su trayectoria, primero como presidente recién electo de Venezuela y después como responsable de un régimen que había ya sellado el destino de un país. “Hugo Chávez era un mentiroso –asegura Ramos–. Pero al menos era uno de esos mentirosos que se creían sus propias mentiras.” En 1998, Ramos le preguntó al comandante: “¿Usted está dispuesto a entregar el poder en cinco años?” “Claro que estoy dispuesto a entregarlo [...] Si, por ejemplo, a los dos años resulta que soy un fiasco, yo estaría dispuesto a hacerlo.” El entonces presidente venezolano también le aseguró a Ramos que no pensaba nacionalizar ninguna empresa privada. “Absoluta- mente nada”, dijo. “¿Nacionalizaría algún medio de comunicación, algún medio privado?” “No. Basta con el medio del Estado”, afirmaba aquel Chávez de finales del siglo XX. Mentiras, mentiras y más mentiras.

Además de líderes políticos, Sin miedo ofrece retratos no menos complejos de disidentes –como Yoani Sánchez, el subcomandante Marcos y los opositores venezolanos– y de empresarios, como Richard Branson o Bill Gates. Los esbozos de la complicada política colombiana aparecen de la mano de Íngrid Betancourt y Álvaro Uribe, e incluso es posible encontrar algunos “consejos de cocinero” en los diálogos con Barbara Walters, Elena Poniatowska y Oriana Fallaci, tres hábiles entrevistadoras cuyas apreciaciones son obligatorias para cualquier estudiante de periodismo.

Sin miedo demuestra que las entrevistas, en realidad, son duelos, no charlas de café ni cenas organizadas en barrios de lujo en las que las preguntas ensayadas llevan a respuestas sin sentido. Y deja claro que las conversaciones también son enseñanza y aprendizaje. Que en ellas se puede hallar lo mismo el mantra de Desmond Tutu –“Una lección muy importante es saber que vas a ganar”– que ejemplos conmovedores como el de los dreamers, las cuatro estudiantes indocumentadas protagonistas del capítulo “El primer paso es perder el miedo”.

A los dictadores les llama dictadores. A los asesinos, asesinos. A los que hacen promesas y no las cumplen, mentirosos. A los luchadores, luchadores. Y a los rebeldes, rebeldes.

Jorge Ramos no es un reportero al que le preocupe quedar bien con todo el mundo. Está consciente de que tomar partido lleva consigo insultos y amenazas: que le retiren el carné de periodista (sea quien sea el dios periodístico que los reparta), que le ordenen quedarse sentado en una rueda de prensa (y que, aun así, decida no hacerlo), y que entonces sean los guardaespaldas de Donald Trump los que lo saquen de la sala. Finalmente, que, tras el incidente, lo acusen de protagonismo, de apasionado o de “tomárselo demasiado personal”.

Sin miedo deja al lector convencido de que hay una cualidad que no se le puede negar a Ramos: cuenta lo que vio, lo que escuchó y lo que sintió. Ha sido honrado. ~