El chavismo como problema de Teodoro Petkoff | Letras Libres
artículo no publicado

El chavismo como problema de Teodoro Petkoff

 

Cuando una sociedad confronta un gobierno como el de Hugo Chávez en Venezuela, es natural que surjan opiniones distintas sobre la mejor manera de combatir al régimen. ¿Cómo hacer para frenar los abusos de un gobierno que ha secuestrado las instituciones encargadas de fiscalizar su poder? ¿Cómo responder a las constantes violaciones a la Constitución del presidente si el poder judicial está subordinado a él? ¿Cómo saber cuando la participación electoral, en vez de beneficiar a la oposición, simplemente está legitimando al régimen?

En su último libro, El chavismo como problema, el exguerrillero, exdirigente político izquierdista y editor del diario venezolano Tal Cual, Teodoro Petkoff, aborda estas preguntas, formulando en el proceso su visión de la estrategia que debe seguir la oposición. El horizonte del libro, claro está, va más allá de una simple recomendación estratégica. Petkoff analiza ampliamente el fenómeno del chavismo, desde el contexto en que surgió hasta su direccionamiento político y económico. Pero lo mejor del ensayo no son estos temas. Lo mejor es el argumento a favor de la participación, un argumento que ya otros han esgrimido, pero nadie con mayor tesón y autoridad que Petkoff.

El argumento de Petkoff consiste en una idea muy simple: la participación electoral y la lucha por llenar y reconquistar espacios institucionales es la mejor estrategia que puede adoptar la oposición. No existe mejor alternativa que la participación para frenar las ambiciones totalitarias de Chávez y aspirar a una transición pacífica de poder en las elecciones presidenciales de 2012.

Petkoff hace primero un análisis de la estrategia de la oposición durante la última década, resaltando el costo que significaron para ella los errores cometidos durante el primer sexenio chavista. Señala que, cuando ascendió al poder, Chávez heredó una estructura institucional que restringía seriamente sus impulsos totalitarios. El parlamento electo en el 2000, por ejemplo, tenía una sólida mayoría chavista, pero también contaba con una importante presencia opositora con capacidad de influir en la designación del Tribunal Supremo, la Fiscalía y otras instituciones del Estado. Aunque la oposición era minoría, el oficialismo tuvo que negociar cargos con esa minoría. La oposición ganó además ese año un buen número de alcaldías y ocho de las 23 gobernaciones. Demoler el andamiaje democrático no era fácil con la oposición ocupando puestos importantes dentro de ese andamiaje.

Pero, a partir de la victoria de Chávez en el referendo revocatorio de 2004, que desmoralizó al sector que entonces adversaba al presidente, la oposición comenzó a ceder espacios. El primer error fue en 2004, cuando el chavismo logró capturar 21 de las 23 gobernaciones gracias al abstencionismo opositor. El segundo error fue en 2005, cuando la oposición boicoteó los comicios legislativos, cediéndole el parlamento al oficialismo. A partir de ese momento, y hasta 2008, Chávez confrontó poca resistencia institucional en el proceso gradual de demolición de las estructuras democráticas.

En contraste, la estrategia de participación le ha dado claros réditos políticos a la oposición. En 2007 Chávez propuso una serie de reformas autoritarias como parte de su proyecto de reforma constitucional. La reforma era ilegal, pero sin mejor alternativa la oposición decidió confrontar a Chávez en las urnas, derrotándolo en un referendo. Del mismo modo, la oposición decidió medirse en los comicios regionales de 2008, reconquistando con el voto gobernaciones importantes en condiciones electorales tremendamente injustas. El pasado septiembre la oposición recuperó espacios en el Congreso siguiendo la misma estrategia, alzándose con un tercio de los escaños y la mayoría del voto popular (incongruencia que ilustra la manipulación de leyes electorales para favorecer al gobierno).

Es cierto, recuerda Petkoff, que Chávez logró aprobar por decreto o a través de su mayoría parlamentaria muchas de las reformas que fueron rechazadas en el referendo de 2007. También es cierto que Chávez ha despojado de poderes y recursos a los gobernadores y alcaldes opositores. Y es cierto que el viejo Congreso, justo antes de culminar su período el pasado mes, le otorgó a Chávez poderes especiales para legislar, reduciendo significativamente las funciones del nuevo Congreso.

Pero también es cierto que con la estrategia de participación la oposición ha complicado los planes del gobierno. Con la reforma constitucional, por ejemplo, Chávez propuso superponer vicepresidentes regionales elegidos por él encima de la estructura de alcaldes y gobernadores. La oposición no solo detuvo este plan derrotando la propuesta en el referendo, también obstaculizó nuevos intentos de centralizar el poder ganando en 2008 importantes gobernaciones. Esas victorias electorales forzaron a Chávez a abandonar el plan de las vicepresidencias y adoptar métodos más graduales para debilitar a las autoridades locales y regionales.

Esta estrategia de participación, que depende, por supuesto, de la preservación de un número mínimo de garantías para defender el voto, ha sido uno de los grandes aciertos de la oposición. En un país donde el presidente se vale de todo tipo de trampas para desnivelar el terreno electoral, desde las inhabilitaciones y el uso de recursos estatales, hasta el gerrymandering, el chantaje y la discriminación, la abstención y la búsqueda de atajos son reacciones previsibles. Que se haya logrado un consenso en la oposición de que la participación y el voto son las mejores herramientas de lucha contra el régimen, es un logro formidable que los analistas tienden a subestimar.

En la batalla para forjar este consenso Petkoff ha sido una pieza clave. A través de sus influyentes editoriales en el diario Tal Cual y su actividad política, Petkoff ha luchado como pocos para promover las ventajas de la participación. Quienes lo leen a diario en Tal Cual no encontrarán en este sentido muchas sorpresas en El chavismo como problema, pues la mejor parte del libro es un desarrollo de este viejo argumento. Nunca antes, sin embargo, Petkoff lo había expuesto con tanta fuerza y lucidez. ~