Amoxcalli / La casa de los libros, de Luz María Mohar Betancourt (coord.) | Letras Libres
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Amoxcalli / La casa de los libros, de Luz María Mohar Betancourt (coord.)

Amoxcalli / La casa de los libros es el bello y evocador título de un valiosísimo disco compacto interactivo que incluye, entre otras cosas, más de cuarenta códices o manuscritos pictográficos mexicanos resguardados en el Fondo Mexicano de la Biblioteca Nacional de Francia (bnf), en París. Pero el disco no presenta los manuscritos pictográficos de manera aislada de su contexto, pues contiene también los expedientes judiciales novohispanos que los incluyen, cuando los hay. Estos documentos, en su mayor parte inéditos, son presentados en facsimilar, en transcripción, muchas veces anotada, y en traducción de la lengua náhuatl, cuando en náhuatl está el documento. Y para auxiliar al lector en el camino de una “lectura” más completa de estos códices, el disco incluye un diccionario de glifos con su lectura en náhuatl escrita y aun grabada, y otros materiales, como la foto del animal, planta, fenómeno físico o persona representados, y referencias de los otros códices donde aparece el glifo.

Este muy agradecible trabajo es fruto de diez años de esfuerzo del Grupo Amoxcalli, coordinado por Luz María Mohar, en el ciesas, que dirigió el sociólogo Rafael Loyola Díaz y hoy dirige la antropóloga Virginia García Acosta. El acceso al Fondo Mexicano de la bnf se había hecho difícil debido a que en 1982 un mexicano logró sustraer el Tonalámatl de Aubin, traerlo a México y entregarlo a las autoridades, que determinaron que el Tonalámatl es mexicano y no podía ser devuelto a Francia. El empeño académico del grupo Amoxcalli obtuvo finalmente la comprensión de las autoridades de la bnf, particularmente de Monique Cohen, entonces directora del Fondo de Manuscritos Orientales, del que forma parte el Fondo Mexicano, y las reproducciones digitales de los códices reproducidos en el disco Amoxcalli pudieron ser compradas gracias al apoyo decisivo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. El disco Amoxcalli es resultado del esfuerzo de un equipo amplio, y cambiante, no exento de conflictos a lo largo del tiempo. Incluye a los varios autores de las presentaciones de los códices y documentos, de sus transcripciones, de las traducciones del náhuatl (mi antiguo maestro de náhuatl Eustaquio Celestino Solís y Constantino Medina), de las imágenes y de su tratamiento, de la revisión de los textos, de los programas de captura y diseño del disco compacto, etcétera.

No sabría exagerar el valor y la riqueza del disco Amoxcalli. Algunos códices mexicanos han comenzado recientemente a editarse en discos compactos, con magníficos instrumentos (como el Mapa de Cholula, editado por el inah, o la Tira de la Peregrinación, editada por Tecolote) para ser estudiados aún mejor que en el original. Pero la posibilidad de reunir en un solo disco tantos códices y manuscritos es realmente exaltante. Cuando se me hizo llegar una copia del disco, es como si hace unos años me hubiesen mandado a la casa diez o veinte cajas llenas con grandes ediciones facsimilares, muy fieles en los colores y con informados estudios introductorios, de muchos de los códices y documentos que siempre había querido tener, o que no había podido consultar de manera satisfactoria, y muchos de los que no sabía siquiera de su existencia.

Resulta imposible dar una idea rápida de la riqueza del disco Amoxcalli. Algunos códices ya habían sido editados en papel, pero ahora pueden ser examinados con mayor detalle por un número mucho mayor de lectores: el Códice Ixtlilxóchitl, presentado por Manuel Hermann; el Códice Aubin, en la copia parcial de Antonio de León y Gama, presentado por Rita Fernández; el Plano Topográfico de Santa María Ixcatlan, por Itzel González; la Historia tolteca-chichimeca, por Laura Rodríguez-Cano y Cecilia Rossell; el Mapa Tlotzin, por Luz María Mohar; el Códice Azcatitlan, el Cozcatzin y el Plano Topográfico de la Villa de Guadalupe y sus alrededores en 1691, presentados los tres por Ana Rita Valero de García Lascuráin, directora del Archivo Histórico del Colegio de las Vizcaínas. También está incluido el Códice de París, presentado por Laura Elena Sotelo Santos.

El disco Amoxcalli contiene también documentos pictográficos más tardíos, como algunos de los llamados “códices Techialoyan”, hechos en serie por especialistas, y el mapa de San Salvador Tizayuca, presentados por Sergio Sánchez; o el Códice Techialoyan Tepotzotlán, Tzontecómatl, por Raquel Crespo. Además incluye catecismos indígenas, presentados por Jesús Bonilla; el Plano de Tenochtitlan, presentado por Gerardo Bustos; el Atlas Geográfico de Guatemala, por Enrique Delgado, y un conjunto de cartas geográficas de Texas y Luisiana del siglo xviii, por Brígida von Mentz, así como documentos de la provincia de Mechuacan.

Disponer de los manuscritos originales de las Relaciones de Chimalpáhin y de su Diario, ambos en lengua náhuatl, es motivo de gran emoción. Tal vez no los vayamos a consultar mucho, pues son endiabladamente difíciles de leer, y sigamos usando las magníficas traducciones y ediciones de Rafael Tena, publicadas por Conaculta, complementadas por las ediciones de la unam y otras. Pero tener los originales nos sirve para ver lo difícil que fue la tarea de estos investigadores, allanada en algo por la transcripción de Günter Zimmermann.

Son inéditos otros documentos escritos y pictográficos, como el Pleito de 1570-1594, transcrito por Luis Reyes García y sus estudiantes, o el esperado Manuscrito de Iztacmaxtitlan, presentado por Elia Rocío Hernández Andón, o el también esperado, pero terrible, Códice de aperreamiento, que muestra el castigo de los conquistadores a señores cholultecas, presentado por Carlos Alfredo Carrillo.

Amoxcalli incluye, asimismo, una traducción y actualización, por María de Lourdes Bejarano Almada, del Catalogue de los documentos del Fondo Mexicano de la bnf realizado por Joaquín Galarza, originalmente publicado en 1974, con prólogo de Jacques Soustelle. La nueva versión, con presentación de Luz María Mohar, suma 190 páginas. El Fondo Mexicano de la bnf, escribe Galarza, es “una de las más ricas colecciones de manuscritos pictográficos mexicanos, conservados por una institución científica fuera de México”. Los manuscritos pictográficos de las colecciones de Alva Ixtlilxóchitl, Sigüenza y Góngora, Boturini, Veytia, León y Gama y Pichardo fueron adquiridos en México durante la primera mitad del siglo xix, “época en
la cual los mexicanos desconocen todavía el valor de sus propios tesoros”. En 1889 la colección reunida por Aubin pasó a manos de Eugène Goupil; en 1891 su tocayo Eugène Boban publicó su Catalogue raisonné, y en 1898 la viuda de Goupil cedió la colección a la bnf. El Fondo Mexicano siguió enriqueciéndose con las colecciones, con textos en lenguas indígenas, de Charencey, Pinart y Brasseur.

Amoxcalli implica un esfuerzo muy notable para editar una buena parte de lo más rico del Fondo Mexicano de la bnf. Es riquísimo tal como es y, sin embargo, es tal su valor que debería estar en la red, accesible para todos. No hacerlo limita el valor del trabajo a los felices propietarios de un disco, cuya edición se va a agotar. Amoxcalli es un bien cultural parecido al disco que editó hace unos años Ascensión Hernández de León-Portilla de libros impresos en náhuatl o sobre la lengua náhuatl publicados en México durante los siglos xvi y xvii, invaluable trabajo y, sin embargo, también restringido a los felices y escasos poseedores de un disco, o de una copia pirata, como la que tengo yo. Mejor sería que estos libros nahuas pudieran consultarse en internet, tal vez en el portal Gallica de la bnf vinculado al sitio del ciesas.

Se debería poner en internet el disco Amoxcalli e incorporar una línea de desarrollo participativo estilo Wikipedia que permita que diversos investigadores puedan ir agregando estudios, comentarios, correcciones y contribuciones al diccionario (aún en proceso) así como nuevos códices y documentos de la bnf. Y también afinar otro poco la parte técnica, pues el disco manifiesta en ocasiones cierta lentitud, en su permanente y no tan rápido jalar archivos de internet. Todo eso se podrá ir mejorando paso a paso, como lo han hecho otros sitios de internet con códices y libros antiguos –no todos rápidos y cómodos, por cierto.

Entre sus múltiples tesoros el disco Amoxcalli incluye, como dije, el Códice Ixtlilxóchitl, con la notable imagen de Nezahualcóyotl, rey de Tetzcoco, atacando la ciudad de Mexico en 1431 por la calzada de Tepeyácac con un escudo preguadalupano que representa al principio femenino, como registran Alva Ixtlilxóchitl y Veytia. Si existiera sitio interactivo Amoxcalli, mandaría el comentario de que ni las orejas de coyote del tocado de Nezahualcóyotl ni el glifo femenino de su escudo aparecen en el diccionario de glifos del disco. En compensación, el disco Amoxcalli permite grandes acercamientos a la imagen de Nezahualcóyotl, quien resalta por la fiereza de su mirada y expresión, y ahora podemos ver mejor su bezote como caracol, que se complementa como instrumento musical con el tambor o huéhuetl que lleva cargando en la espalda.

Menciono otro comentario que mandaría al sitio Amoxcalli. Según el historiador Guillermo Correa, la segunda representación conocida del emblema mexica del águila y la serpiente se encuentra en el Códice Aubin, que informa de acontecimientos hasta 1606. Antes, el compuesto águila-serpiente había aparecido en el Códice Durán, junto a otra pintura con el compuesto más usual de águila-pájaro. Según Amoxcalli, el águila cogiendo una serpiente sobre el nopal en la piedra del Códice Aubin (presentado por Manuel Hermann) es un “compuesto glífico” que significa in huey cuauhtli in nepantlan ima in huey nopalli (una gran águila parada en medio de un gran nopal). Desaparece el glifo cóatl, serpiente, de este glifo compuesto. De hecho, en el “Diccionario general” de glifos del disco busqué cóatl, y vi que remite a su aparición en cinco códices, pero no en el Aubin.

Estas son algunas de las búsquedas que se pueden hacer gracias a este generoso instrumento de investigación, casa abierta de los libros, que nos deparó la combinación de la técnica moderna con el trabajo tenaz y el empeño para resolver dificultades de Luz María Mohar y de los integrantes del proyecto Amoxcalli. ~