2006: hablan las actas / Las debilidades de la autoridad electoral mexicana, de José Antonio Crespo | Letras Libres
artículo no publicado

2006: hablan las actas / Las debilidades de la autoridad electoral mexicana, de José Antonio Crespo

 

La tesis central del libro de José Antonio Crespo, 2006: hablan las actas, es una gran provocación: como en la elección presidencial de 2006 hubo muchas actas electorales con errores aritméticos (más de 81,000), no conocemos con certeza quién ganó, porque la cantidad de votos irregulares contenidos en tales actas fue mayor que la distancia entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

Para fundamentar su tesis central, el autor estudió 150 distritos electorales (la mitad del país). En cada uno analizó los errores aritméticos de las actas mediante el procedimiento de sumar las casillas de una misma sección electoral (básica y contiguas), con la finalidad de compensar los errores de más o de menos que hay en los rubros fundamentales de las actas: ciudadanos que votaron, boletas encontradas en las urnas y votación total emitida. Al terminar el procedimiento encontró 316,539 sufragios sin justificación alguna. Cantidad muy importante pues es mayor a la votación por la cual, de acuerdo con el TEPJF, Calderón le ganó a López Obrador: 216,821 votos.

Quien comienza la lectura del libro tiene la impresión de que los argumentos presentados son muy sólidos. Sin embargo, para quienes también hemos estudiado con cuidado todos los juicios de inconformidad y las actas electorales, tal impresión inicial se desvanece, pues observamos que el autor recurre varias veces a un manejo parcial de la información disponible. En otras palabras, parafraseando el título del libro: en la democracia las actas sí hablan, pero deben leerse correctamente. En caso contrario, se obtienen conclusiones equivocadas.

Problema 1: el autor analiza los errores de manera general sin desagregarlos entre los principales contendientes.

Para evaluar si los errores aritméticos de las actas de casillas y los votos irregulares afectan o no la certeza de los resultados electorales, deben desagregarse entre los contendientes. Si el análisis se hace de manera general, como lo realizó el autor, no podremos conocer si su cantidad es mayor o no a la distancia entre los principales contendientes, porque no estaremos en condiciones de conocer su distribución. En efecto, lo más probable en términos estadísticos es que los errores y votos irregulares se distribuyeran proporcionalmente entre los cinco candidatos presidenciales, afectándolos de manera semejante, pues los análisis disponibles muestran que los errores no tuvieron un patrón para beneficiar a uno de ellos (el mismo autor lo reconoce al citar los estudios de Javier Aparicio y el mío). El problema del libro es que supone sin justificación alguna que todos los votos irregulares se podrían haber concentrado en perjuicio de López Obrador; conclusión que no puede ser afirmada si el autor hubiera analizado de manera detallada las siguientes tres fuentes de información disponibles.

Problema 2: el autor no menciona los resultados precisos del recuento de casillas durante el cómputo distrital.

Durante el cómputo distrital del 5 y 6 de julio de 2006, realizado por el ife, se reabrieron 2,864 casillas (2,873, según Crespo), con lo cual se corrigieron las actas correspondientes. Todos los candidatos perdieron votos, pero la pérdida de Calderón fue menor que la de López Obrador, por lo cual su ventaja aumentó en 1,496 votos; esto es, medio voto (0.52) en promedio por casilla recontada. Cantidad insignificante para cuestionar los resultados en caso de un recuento generalizado de votos (0.52 por 130,477 casillas, igual a 67,848 votos modificados), pero cantidad que no fue analizada por el autor.

Problema 3: el autor no menciona los resultados precisos del recuento de casillas ordenado por el Tribunal Electoral.

Cuando se recontaron 11,718 casillas por mandato del TEPJF, sucedió lo mismo, pero al revés: Calderón perdió 2,863 votos y López Obrador recuperó 2,257 votos. Es decir, hubo un cambio en la distancia entre ambos de 5,120 votos, lo cual da un promedio menor a la mitad de un sufragio por casilla recontada (0.44). Nuevamente se trata de una cantidad más pequeña que la requerida para revertir la ventaja de Calderón en caso de un recuento generalizado de votos (0.44 por 130,477 casillas, igual a 57,409 votos modificados); información no mencionada por el autor del libro.

Problema 4: el autor no analiza los resultados precisos de la anulación de casillas.

Como resultado del recuento de 11,718 casillas, el TEPJF anuló 748 casillas (743 casillas, según Crespo), pues consideró que no se justificaba la cantidad de errores contenidos y sí se afectaba, en cambio, la certeza de los resultados en tales casillas. El problema del libro aquí analizado es que el autor multiplica por ocho la cantidad de casillas anuladas para proyectarlas al conjunto de casillas con errores aritméticos: más
de 81,000. Sin embargo, tal procedimiento es por demás equivocado, porque las 748 casillas fueron anuladas por el TEPJF después de analizar la mitad de los distritos electorales del país y los correspondientes juicios de inconformidad. Por lo tanto, si por la anulación de casillas Calderón había perdido 80,494 votos, y López Obrador, otros 62,779, la distancia entre ambos sólo cambió 17,715 a favor del candidato de la Coalición. Cantidad que, si la queremos proyectar al total de casillas del país, sólo debe multiplicarse por dos: 35,430 votos. En consecuencia, se trata de una cantidad notoriamente menor a la requerida para revertir los resultados y ocasionar falta de certeza electoral en caso de un recuento generalizado de votos.

En conclusión, ¿por qué todos los procesos de recuento y de anulación de casillas nunca modificaron de manera importante la distancia entre Calderón y López Obrador? La respuesta es de naturaleza estadística y es muy sencilla: como los errores fueron en conjunto de tipo aleatorio, pues no tienen ningún patrón en favor o en contra de cualquier candidato –situación reconocida por el autor–, todos los recuentos y la anulación de casillas terminan por redistribuir de manera semejante los votos de más y los votos de menos. En conclusión, sí hay certeza en los resultados electorales y el autor no logra demostrar lo contrario, “porque quien acusa debe primero probar”. ~