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la última película de Kubrick


CINE

Kubrick: la irreverencia del matrimonio

Eyes Wide Shut, la última película de Stanley Kubrick, está basada en una novela que el austriaco Arthur Schnitzler publicó en los años veinte, llamada Traumnovelle (Sueñonovela). Schnitzler fue amigo de Freud y adoptó, gracias a su influencia, la noción de que buena parte de la actividad sexual humana se debate entre la fantasía y la cotidianeidad: entre el sueño y la realidad. La película de Kubrick retoma esa premisa y la lleva hasta sus últimas consecuencias; teje una trama que se desarrolla en un ambiente irreal —casi un sueño— , producto de la confesión de una fantasía.
     La realidad no tiene gran cabida en la película de Kubrick. Sólo la bizarra secuencia inicial y la conclusión transcurren con los ojos bien abiertos. El resto es un trayecto sobre las tentaciones del mundo moderno y la historia deun hombre fiel y cabal que debe rechazarlas. Cuando el doctor Bill Harford se entera de la fantasía —desgarradora, es cierto— que tiene su mujer acerca de un oficial naval que conoció en un viaje de familia, se lanza en una aventura dividida en distintos encuentros con el peligro de las trampas sexuales a finales del siglo XX. Kubrick enfrenta a su personaje
     con una seductora que confiesa su amor por Harford frente al cuerpo recién fallecido de su padre. Después lo lleva al borde de un linchamiento homofóbico a manos de una banda de jóvenes intolerantes y lo hunde en el mundo de la prostitución, del que sólo se salva gracias a una llamada a tiempo de su esposa: "¿a qué hora vas a llegar?" Más tarde lo invita a una orgía gótica en la que Harford, curiosamente, no participa. Es sólo un espectador de los misterios que hay en el mundo de la infidelidad.
     Eyes Wide Shut es un tratado psicoanalítico. Los sueños de Bill Harford son los de un hombre horrorizado con la posibilidad del adulterio. Si bien es verdad que las fantasías —y los sueños— son impredecibles y no se rigen por las normas de la razón, también es cierto que las acciones desarrolladas en el mundo de lo onírico pueden —y deben— tener una explicación. En el caso del personaje central de Eyes Wide Shut, los sueños son el vehículo de la moralidad. Harford es, durante todo el filme que es su sueño, un voyeur que se adentra cada vez con mayor peligro en el mundo del deseo prohibido. Desde la mera indignación hasta el peligro de muerte, Harford se somete, en sueños, a una prueba de fidelidad.
     Y el personaje de Kubrick pasa el examen sin miramientos. Ni siquiera cuando tiene la ventaja omnipotente del anonimato es capaz de consumar su fantasía. Mientras el resto de los participantes de la orgía tienen sexo en diversos estilos y posiciones, Harford se pasea por la sala como un fantasma al que no se le permite —que no se permite— ni el más mínimo desvío.
     El subconsciente de Harford se encarga de enviarle señales de todo tipo. Una de ellas, quizá la más sorprendente, es un salvoconducto: la palabra "Fidelio", que sirve como "clave secreta" para entrar a la orgía. Vale subrayar que Fidelio, la única ópera de Beethoven, tiene un título más largo: Fidelio o el amor conyugal. En ella, Leonora busca rescatar de la prisión a Florestán. Para hacerlo se viste de hombre y adopta el nombre de Fidelio. En Eyes Wide Shut, el valor del amor conyugal está presente a cada momento. Al Florestán de Cruise no lo salva su amada Leonora: lo rescata su propia moral que, vestida de Fidelio, le da una lección onírica.
     Pero Harford no sólo se reprime a la hora de actuar. En la segunda parte del sueño —al "día siguiente"— el joven doctor se cobra factura tras factura en un constante "te lo dije". Harford cae en la cuenta de que se ha salvado. La prostituta con la que estuvo a punto de hacer el amor descubre que tiene sida; Nick Nightingale, el pianista amigo que lo "invitó" a la orgía, es golpeado y desaparece; la joven hija de un vendedor de disfraces con la que estuvo a punto de acostarse es en realidad una prostituta "manejada" por su padre; la dama que le salvó la vida en la orgía muere tras una curiosa sobredosis. Y mientras la inmoralidad despacha a los otros personajes, él, respetuoso e inofensivo, sigue vivo. No es casualidad que Kubrick, en otro de los mensajes "escondidos" que su propio subconsciente manda a Harford, ponga en las manos del médico un periódico que lleva como titular la frase "Lucky to be alive" ("Suerte de estar vivo").
     Kubrick sabía leer los tiempos. La irreverencia kubrickiana no está, en esta ocasión, en la violencia o la parodia de filmes pasados. En algún sentido, Bill Harford es la antítesis de muchos personajes en la filmografía del cineasta. Cuando el protagonista de Eyes Wide Shut se encuentra con la posibilidad de ejercer la pedofilia con la hija del dueño de la tienda de disfraces, la moral se impone. Bill Harford no es Humbert Humbert. Lo mismo ocurre cuando puede aprovechar el mencionado anonimato que le ofrece una máscara para desatar algún enloquecido deseo sexual. El joven doctor moral de Eyes Wide Shut no es Alex la Grande, el carismático sociópata de Naranja mecánica, ni Jack Torrance, el asesino de El resplandor que se deja llevar por las malas pasiones. Harford jamás actúa, jamás desea vengarse realmente. Esun hombre fiel hasta en sus sueños
     La conclusión del filme es una breve reconciliación entre Bill y Alice. Ahí, Harford pregunta a su esposa qué hacer tras el barullo. Ella se quita los lentes, seca una lágrima y le confiesa que sólo queda una cosa por hacer: "fuck". Tras horas de infidelidad simulada, el joven matrimonio de Manhattan sabe que a final de cuentas todo se reduce a demostrar, en el terreno justo, su indeleble fidelidad.
     Hacer un filme que eleve el valor del amor conyugal en los tiempos que corren requiere de una visión particular. Por eso Eyes Wide Shut es una película típica de Stanley Kubrick, el director cuyo nombre es sinónimo de irreverencia y contracorriente. En estos tiempos de "franca inmoralidad", el cineasta convirtió a lo más original y respetado en lo más irreverente. El filme de Kubrick es como la lata de sopa Campbell's que Warhol convirtió en obra de arte. En Eyes Wide Shut la sorpresa es un matrimonio feliz que decide permanecer unido. Más irreverente —más kubrickiano—, imposible. -