La nueva página en Blanco | Letras Libres
artículo no publicado

La nueva página en Blanco

Sorprende para bien que las instituciones y editoriales públicas en México estén apostando, acaso con más osadía que las privadas –y sin duda con más que las así llamadas “independientes”–, por las posibilidades de la tecnología. El Fondo de Cultura Económica abrió –tímidamente, es cierto– la veda del libro electrónico, y a pesar de la artritis burocrática que suele entorpecer a cualquier venerable casa como esta, ha conseguido, poco a poco, ofrecer un conjunto interesante de títulos en ese formato; abriéndose a un mercado potencial nada desdeñable, incluso se alió con Amazon para ofrecer contenidos para Kindle. La desventaja, claro, fue que los precios subieron (no sé si por la comisión que la librería online reclama) y al final resulta más barato comprar el libro en papel que en versión Kindle. Pero en fin: los títulos están también en formato .epub a precios razonables para quien logre vencer los obstáculos del pago por internet que el FCE impone.

Conaculta, por su parte, hace sus pininos en el asunto de la edición digital. El Primer Seminario Internacional del Libro Electrónico, bastante desigual en cuanto a ponencias, fue, como se vio, un pretexto para que Consuelo Sáizar anunciara con bombo y platillo la creación de un “cerebro digital” mexicano. Dejando de lado el carácter cyborg de la expresión con que la funcionaria pretendió encumbrarse, es justo decir que la digitalización de títulos clásicos y bibliotecas enteras, pensada para poner el contenido, de manera gratuita, a disposición de los cibernautas, supondría la aparición de México en un mapa de la cultura digital hasta ahora dominado por la innegable vocación de los argentinos para la piratería. Como colofón de aquel proyecto, de cuyos frutos no tenemos aún noticia, Sáizar deslizó un segundo y más puntual anuncio del que algunos periodistas, analfabetas tecnológicos, hicieron un eco torpe en los periódicos: el inminente lanzamiento de una edición de Blanco, de Octavio Paz, como aplicación para iPad. A finales de noviembre apareció en la tienda de aplicaciones de Apple, de manera gratuita, tal edición de Blanco, que es la primera en castellano de este tipo.

El camino de las aplicaciones literarias y, más precisamente, poéticas para iPad había sido desbrozado, con encomiable fortuna, por la edición de The waste land que Faber & Faber lanzó el pasado junio. El posterior fiasco que supuso la aplicación de On the road, de Kerouac, publicada por Penguin, demostró que buena parte del éxito de una edición de estas características se cifra en la elección de un texto adecuado. No todos los libros pueden ser vertidos a este soporte, y el riesgo que se corre al escoger mal es que el resultado sea, como pasó con la aplicación de On the road, un “libro” difícilmente legible y con una cantidad inmanejable de adornos y ruiditos. Primer motivo de dicha: con Blanco no sucede eso. El poema, de algún modo, se siente más incómodo en el soporte del libro convencional, para el que por cierto no fue concebido. Basta citar las palabras del propio Paz sobre la forma ideal del poema para comprender que la presente edición tiene buenas posibilidades de hacerle justicia:

Este poema debería leerse como un sucesión de signos en una página única; a medida que avanza la lectura, la página se desdobla: un espacio que en su movimiento deja aparecer el texto y que, en cierto modo, lo produce.

La elección del texto está, entonces, plenamente justificada.

Consta la aplicación de seis secciones. Por un lado el poema, con sus columnas y sus distintas tipografías y colores, como un papiro digital que el lector va desenrollando a su antojo, según las instrucciones del autor arriba citadas. Mientras avanzamos por el poema, suena en la bocina del iPad música de la India, que no necesariamente contribuye a mejorar la experiencia lectora; por suerte, puede silenciarse. El acompañamiento sonoro que merece la pena, en cambio, es la lectura en voz alta del poema, que reproduce la experiencia gráfica del texto asignando una voz a cada columna: Octavio Paz lee la central, Guillermo Sheridan la derecha, y la grave voz de Eduardo Lizalde se aplica con la de la izquierda. Se ofrece la posibilidad, claro, de escuchar el poema entero a tres voces o cada uno de los tres poemas independientes que lo componen.

Una segunda sección presenta varios comentarios en video en torno al texto. Por un lado, una conversación entre Paz y Salvador Elizondo, de 1984. A continuación, una mesa con participaciones de Ramón Xirau, Diego García Elío (quien estuvo a cargo de la edición de Blanco en DGE/El Equilibrista), el traductor y ensayista Eliot Weinberger y un breve comentario del propio Paz. Otros dos videos completan la sección; no ya rescates sino producciones pensadas para la aplicación: se trata de sendas reflexiones sobre Blanco, la primera a cargo de Lizalde y la segunda de Adolfo Castañón.

Sin embargo, hay ensayos de mayor agudeza sobre la obra de Paz en general y sobre Blanco en particular (algunos de ellos, por cierto, atinadamente compilados en la sección “Estudios”, la tercera de la aplicación); los videos no dejan de ser aproximaciones más o menos improvisadas o documentos rescatados de la televisión nacional.

La cuarta sección es, a mi entender, la que verdaderamente ofrece una aportación novedosa y la que le da a la aplicación un valor único frente a otras ediciones del poema. Me refiero a la dedicada a las versiones y homenajes. Desde las ilustraciones del expresionista abstracto Adja Yunkers hasta la traducción de Blanco al portugués de Haroldo de Campos, pasando por una representación escénico-pictórica de Frederic Amat, un fragmento de la sinfonía que Richard Cornell compusiera a partir del texto y la traducción al inglés de Eliot Weinberger, estas “versiones” ayudan a comprender la importancia histórica del poema y la estrecha relación de la obra de Paz con otras disciplinas artísticas, asunto que usualmente se oblitera en las loas más académicas.

Una “Biblioteca Blanco” (que incluye otros textos del propio Paz y sus colaboraciones con Vicente Rojo, además de una breve selección de imágenes y el célebre video donde él y Cortázar bailan en la India) y una edición facsimilar del poema con las correcciones a mano del autor completan el contenido de la aplicación.

El acercamiento de la poesía a las nuevas tecnologías de la edición, como demuestra la aplicación de Blanco para iPad, tiene posibilidades que van más allá del facilismo, y que perfectamente pueden integrar una visión crítica y propositiva de la literatura. La importancia de esta edición, más allá de que tenga aspectos que pueden mejorarse, es que marca el camino de una curiosidad saludable, casi inédita en nuestro idioma, por los nuevos soportes desde el mundo editorial. Una curiosidad, además, que no se entrega a la pirotecnia de la novedad ciegamente, sino que se conduce con rigor y, como todo trabajo editorial que valga la pena, con sensibilidad. ~