La gran guía pochette del refresco mexicano | Letras Libres
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La gran guía pochette del refresco mexicano

A continuación, una guía práctica de los mejores refrescos mexicanos, para acompañar al catador experimentado en la aventura de surtir su cava.
      
     LES VIEILLES CHAPARRITS DU NARANJEAU OOO
     Esta etiqueta venerable se sitúa en la más vieja ruta de refrescos de esa zona privilegiada que es el circuito industrial de Azcapotzalqueau-sur-Canal-du-Desagüé. Las célebres aguas entubadas de la zona, alimentadas por veneros de reciclaje, agregan al Vieilles Chaparrites un característico y fresco gusto a cloro que combina a la perfección con el colorante artificial uz-216-k. Una breve maceración de los saborizantes produce una bebida semi-opaca, afrutada, de amigable trato a la nariz y ataque demoledor a la papila. Refresco de la clase "no gaseosa", es placentero al tiempo y en la mañana, especialmente en su versión à la piña. La mejor cosecha, por desgracia, es casi inencontrable: la embotellada antes de 1998. A pesar de su pequeña presentación, es la bebida ideal para acompañar tortas de tamal al salir del Metro.
      
     DOMAINE DU BARRILITS DU DOCTEUR BROWN  OO
     Don Fabrice-Michel Brown es el actual director y enólogo en jefe de la vieja y orgullosa familia propietaria de una marca de abolengo. La casa Docteur Brown ha estado produciendo "soda" de primera desde hace sesenta años en las vegas floridas de la Colonia Industrial de Montroi-sur-Sainte Cáterine, en el departamento de Nouveau-Lyon. Algo de la pujanza norteña se percibe en la adecuada combinación de agua calcárea, azúcar glass, gas carbónico de alto poder y los más espectaculares colorantes artificiales. El mejor Barrilit sigue siendo el "de uva", aunque hay quien prefiere el "colorado", una especie asquerosa de jarabe con altas concentraciones químicas. Debe tomarse entre los 14 y los 16 grados. Ideal para acompañar fritada de cabrito, o bien, cecina.  
      
     COCACOLÁ PETITE DU SALTILLEAU  OOO 1/2
     Si bien los productos de la vieja Maison Cocacolá se han visto abaratados por su mundialización y su mercadeo a gran escala, todavía puede dar sorpresas. Tal el caso de la Cocacolá Petite du Saltilleau que, se dice, fue la que inspiró a Racine aquel célebre verso: "La fille de Minos et du Cocacolá...". El maestro enólogo del Saltilleau, señorial ciudad al norte de México, agrega una pizca de vainilla a la célebre fórmula secreta, lo que, combinado con aguas residuales de primera calidad, y gas carbónico de asombroso poderío, agrega un gusto floral y delicado al aroma, un siseo incitante al destape, y una peculiar potencia al eructo. Si bien es cara (hasta tres pesos), aún hay sitios en la ciudad en los que es posible encontrar la Cocacolá Petite con corcholata de auténtico corcho y cocaína de de veras en el vientre. Sigue siendo la bebida exigida sea porque no hubo tiempo de desayunar, sea porque hay cuadro diarreico.
      
     ANCIENNES CAVES DE PATEAU PASQUALE O
     Luego de años atribulados por cuestiones laborales y de copyright, las grandes Caves du Pateau Pasquale han regresado por sus fueros, gracias a la asesoría del reputado enólogo François ("Pancheau") Hénojosa. Producido en su viejo chateau (1962) de la Colonie de la Vallée, en la ciudad de México, el Pateau Pasquale es un refresco alegre, no gaseoso, picante a la mirada, solferino al ojo, cantarín al oído, siniestro al tacto y tenazmente empalagoso al paladar. Excelentes aromas a frutas tropicales (tamarindeau, guayabá, papayá, etc.) conviven con la producción de la clásica porquería tutti-frutti. Embotellados tanto al vidrio como al aluminio o al tetrapak, los Pateau Pasquale son imprescindibles a la hora de acompañar pasteles de boda o quince años.
      
     DOMAINE DU MIRINDÁ 1/2 O
     Bebida gaseosa de recibimiento especialmente pispireto, la Mirindá cae en la gama del refresco oranjoso. Hereda, por lo mismo, la muy venerable tradición de sus antecesores, como el famoso Misión o el ya casi inencontrable Pep. La calidad es fluctuante, sin duda por la cantidad de sol primaveral en las campiñas de la Industrial Vallejo, que afectó la densidad de la bebida en las cosechas 1993-1996. Una forma sencilla de evitar un chasco consiste en olisquear la corcholata en pos del delator aroma a ferretería. Sin embargo, cosechas anteriores garantizan un delicioso perfume, una cintilante evocación cítrica al paladar y un flujo correcto por el gañote más exigente. Servir hot-dog sin un buen vaso de Mirindá tibia es un verdadero gaffe de educación que el comensal de carro callejero no se puede permitir.
      
     GRANDES CAVES DU PETIT JAROCHEAU DE LA
     VERA-CROIX OO
     Un clásico no gaseoso por desgracia sólo encontrable en el bullangero puerto de Vera-Croix, el Petit Jarocheau, también llamado jarochiteau, acusa su origen tropical con un alto concentrado de colorante de la vieja cepa Sherwin-Williams, un ataque papilar dulzón, y aromas intensos a algodón de azúcar. El mejor es el que, durante la cata, se cuelga largo del cristal de la copa. Es ideal acompañado de Doritos después de la cascarita futbolera. -