La era urbana | Letras Libres
artículo no publicado

La era urbana

La décima edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia –que se presenta hasta el 19 de noviembre– alterna su usual connotación como escaparate de arquitectura espectacular para abordar los problemas del crecimiento urbano descontrolado del planeta. La exposición de arquitectura más importante del mundo deja a un lado el protagonismo de los proyectos de autor para hablar, en cambio, de ciudades.

Al ser este año el primero en la historia en que la mayor parte de la población mundial habita en ciudades –hace menos de cien años era sólo el diez por ciento– y con pronósticos de que para 2050 el 75 por ciento de la población se concentrará en megaciudades, la Bienal redirige su atención hacia el estado crítico de los nuevos paisajes urbanos. El título de la muestra, Ciudades, arquitectura y sociedad, pretende abarcarlo todo: el éxodo rural, el crecimiento sustentable, la falta de suelo, seguridad, movilidad… El evento, criticado por ser el colmo de las buenas intenciones y la falta de soluciones convincentes, ha extendido el discurso “promiscuo” de los arquitectos hacia un debate político, económico y ambiental adobado de conciencia social y redibujado gracias a las nuevas tecnologías.

El director de este año, el británico Richard Burdett, tonifica la alarma en torno a los grandes desastres de los hormigueros humanos que ha venido sonando desde finales del siglo XIX, incorporando nuevas herramientas y connotaciones globales. En el edificio de los antiguos astilleros de Venecia, que mide de largo lo que un estadio, dedicado a dieciséis regiones urbanas –como Londres, la ciudad de México, Tokio, Mumbái, Sao Paulo, Shanghái, Nueva York, Berlín y El Cairo– se presenta o, como se ha dicho, se acosa al visitante con estadísticas, vistas aéreas y videos. Tras el compendio de datos, tan apabullantes como atractivos, una serie de proyectos arquitectónicos pretenden apuntar hacia caminos posibles. De México aparecen tres obras cuya escala sugiere la escasa planeación en relación con la realidad mayor. El FARO de Oriente –exitoso centro artístico y cultural realizado por Alberto Kalach en Iztapalapa–, el proyecto (recientemente cancelado) para el Centro de Arte Indígena frente al Templo Mayor, de Enrique Norten, y una rehabilitación de vivienda en el Centro realizada por Higuera + Sánchez, ponen de relieve el poco margen que existe al planear una ciudad bajo calendarios sexenales. Si bien tanto el faro como el proyecto de vivienda pretenden ser casos de estudio repetibles –uno en la periferia marginada y el otro en el Centro degradado–, quedan pendientes unas estrategias urbanas enfocadas a la conexión entre arquitectura, sociedad, infraestructura e impacto ambiental.

En el cómodo ámbito de la utopía, el Pabellón de Italia presenta el trabajo de investigación de trece instituciones educativas, entre las cuales el Instituto para la Ciudad Contemporánea del ETH de Suiza, el Instituto Berlage de Rótterdam, el SENSEable City Laboratory del MIT en Boston y la Universidad Iberoamericana de México aparecen como laboratorios experimentales. La sección de México –que se presenta sin la continuidad o discurso paralelo con la que cuentan el resto de las naciones que tienen pabellón propio, entre los cerca de cincuenta que existen– exhibe el trabajo de investigación de la capital en torno a cuatro temas: vivienda, espacio público, movilidad y workspace. Bajo la curaduría de José Castillo y Alejandro Hernández, el trabajo, titulado Mexico City: the space of potenciality se detiene en los fenómenos de un territorio que ha pasado, en menos de cien años, de cien mil habitantes a los veinte millones actuales. De casos como El Cairo (donde cada veinte segundos nace un niño y sólo el cinco por ciento del país es habitable), Barcelona (que ha destinado más del 40% de su suelo a espacios verdes y recreativos), o Bogotá (que ha triplicado sus espacios públicos, la red de agua y electricidad, y donde ha disminuido en diez años la tasa de criminalidad en un setenta por ciento), México, casi siempre ausente en las ediciones de la Bienal de Venecia, aparece ahora cargado de interés, como lugar donde todo es posible (y permisible). ~