La Casa de las Ajaracas | Letras Libres
artículo no publicado

La Casa de las Ajaracas

El gobierno del D.F. convocó a un concurso para planear, en una esquina del Zócalo, la residencia del gobernador de la ciudad. Este texto es una reflexión sobre el proyecto ganador y una crítica a las bases de la convocatoria.

A los gobiernos recientes de la Ciudad de México les gustan los concursos.
Primero fue el concurso para la remodelación del Zócalo (ver Arquine 7), donde la buena voluntad de la convocatoria no ocultó las prisas electoralistas, la falta de recursos previstos para la construcción de la propuesta ganadora y, lo más grave, la falta de un plan general que tratara de ver más allá de los pocos meses que le correspondían a cada gobierno.
No obstante, quedaba claro que algo estaba cambiando y que la incipiente democracia apostaba por la transparencia y pluralidad de ideas del concurso abierto, en contraste con los habituales dedazos en la adjudicación directa de proyectos.
A fines del pasado año, el gobierno del Distrito Federal abrió la convocatoria para un segundo concurso arquitectónico titulado "Casa de las Ajaracas". Éste implicaba la realización de una propuesta a manera de "repentina" de la nueva casa de gobierno, con la intención de construirla durante la presente administración con un presupuesto de cinco millones, en el predio que hasta 1995 ocupara la llamada Casa de las Ajaracas, exactamente frente al Templo Mayor.
Poca difusión de la convocatoria y una semana de inscripción (del 29 de octubre al 3 de noviembre) no obstaron para que se inscribieran 45 concursantes. El costo de la inscripción fue mayor que en el concurso del Zócalo capitalino ($2,500), aunque los premios no fueran tan apetitosos. En esta ocasión, sería un único premio para el ganador: la construcción de la nueva casa de gobierno.
El comité organizador estuvo conformado por el secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Arq. Roberto Eibenschutz Hartman, y el Ing. Alfonso Vaca Morales, director general de servimet, presidente y copresidente del concurso respectivamente. El primero sería además parte del jurado. Otros integrantes del comité fueron: Teresa Franco, directora general del Instituto de Antropología e Historia; Dra. Sonia Lombardo de Ruiz, vocal ejecutiva del Consejo del Centro Histórico de la Ciudad de México; el Arq. Jorge Legorreta, delegado político en Cuauhtémoc; el Lic. Joaquín Álvarez Vázquez, director general del Fideicomiso de Transferencia de Potencialidades, y el Arq. Pablo Benlliure Bilbao, coordinador de asesores del secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, entre otros.
En cambio, se desconoció el jurado hasta el día en que se anunció al ganador, y conocer desde el principio los nombres que conforman el jurado es una condición indispensable para todo buen concurso.

Finalmente el jurado quedó constituido por Roberto Eibenschutz, Pedro Ramírez Vázquez, Maya Dávalos, Ramón Bonfil, Fernando Pineda y Francisco Treviño.
Las bases del concurso exigían el cumplimiento de un amplio y riguroso programa arquitectónico. Todo lo necesario para la casa-habitación de la familia del gobernador de la ciudad, así como espacios de convivencia con invitados especiales. En cuanto a las áreas públicas se requería de vestíbulo, área de monitoreo, guardarropas, recepción, baños, sala de juntas y comedor para doce personas, cocina para banquetes, salón de conferencias para treinta personas, oficina particular del jefe de gobierno, oficina para el administrador y dos secretarios, áreas de servicio y bodegas, baños y vestidores para mujeres, cuarto para elementos de seguridad y estacionamiento para cuatro automóviles. En cuanto a las áreas privadas, tres habitaciones con baño, una principal, sala y comedor para seis personas, cocina con alacena, biblioteca personal, oficina privada y salón de televisión. Todo lo anterior en un predio de 272 m2.
Después de varias e irregulares promesas de exposición pública de los proyectos presentados, que se cancelaron sin justificación, el pasado domingo 16 de enero se dio a conocer por primera vez el proyecto ganador, de Javier y Félix Sánchez, y otros proyectos concursantes en la sección "Enfoque" del periódico Reforma. Finalmente, una exposición en el sótano de seduvi permitió conocer y comparar todas las propuestas. Éstas fueron ligeramente similares dadas las condiciones del programa.

Casi todos los proyectos contaban con tres áreas (pública, privada y de servicios), muchos tenían como elemento principal el patio, la mayoría propuso una fachada similar a la de la antigua Casa de las Ajaracas, abriendo un pequeño nicho alargado en la esquina para alojar la hornacina original. Algunos obviaron la fachada como secuencia de la Casa de las Ajaracas que aún sigue en pie, siguiendo la misma proporción en ventanas, entrepisos y detalles. Sin embargo, algunos otros proponían una envolvente sumamente abstracta y moderna que reflejara la idea de ajaracas (lazos y florones) con materiales contemporáneos, como sería el caso de las propuestas de Mariano del Cueto y de María Bustamante, con sus grandes ventanas a escala urbana. Cabe destacar el proyecto dirigido por Ernesto Luis Natarén, que recibió el segundo premio, el cual replica con fierros corrugados estructurales el tejido de las ajaracas, creando la solución más radical de las celosías presentadas. Quizá la mejor propuesta sea la del proyecto ganador, donde una fachada pétrea y colgada a la vez busca la escala urbana desde sus huecos, desarrollando independientemente unas plantas muy claras.

Este proyecto encuentra más referencias formales en la fachada-retablo del nuevo ayuntamiento de Murcia, de Rafael Moneo, que en las tópicas ajaracas, y consigue sus mejores espacios en el vacío resultante entre las plantas y la fachada envolvente.
Es oportuno mencionar que las propuestas más sobresalientes pertenecen a la nueva generación de arquitectos que rondan la treintena y que poco o nada tienen que ver con las grandes corrientes de la arquitectura mexicana de finales del siglo xx.
Paradójicamente, ninguno de los posibles futuros jefes de gobierno considera adecuada la propuesta. De prosperar el proyecto, el jefe de gobierno en turno tendría que acostumbrarse a nuevas formas de percibir sus sentidos y de vivir la ciudad que gobierna. En primer lugar, el oído del nuevo regente debería resistir hasta el cansancio los tambores y casca-beles de los danzantes que participan diariamente en los círculos de aerobics prehispánicos. Su olfato se tendría que acostumbrar al olor de las alcantarillas rezumantes. Sólo podría llegar tranquilamente en automóvil un domingo sin tráfico, o bien tomar un helicóptero que lo deposite con una escalera de marinero en la terraza de su residencia un jueves o viernes normal. Y las manifestaciones, paros y otras actividades comunes del activo Zócalo lo obligarían a pensar en pasadizos secretos para huir en caso de estar sitiado. Sin duda no se trata del mejor programa para esta estratégica esquina del centro capitalino, y otras ideas, apuntadas en algunos proyectos del anterior concurso, que vinculaban este vacío temporal con un nuevo acceso al Templo Mayor, por sólo poner un ejemplo, habrían tenido más sentido y, por tanto, más futuro. Pero elaborar un programa previo a la convocatoria del concurso también requiere tiempo, consultas, pactos y consenso.
Sin embargo, la idea de recomponer el Centro Histórico con piezas perdidas, como la del predio que nos ocupa, permitiría completar una esquina compleja que articula el Zócalo y el Templo Mayor con la calle de Guatemala y el correspondiente corredor cultural que viene del Museo de la Ciudad, pasa por los murales restaurados del Palacio Nacional, el Centro de Arte Alternativo X-Teresa y el Templo Mayor, y finaliza en la calle Donceles con el Colegio Nacional y el Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso.
Pero la arquitectura, como la cocina, requiere de sus tiempos, y no puede precipitarse una propuesta con unos tiempos, un programa y un presupuesto que hacen probable un futuro tan fugaz e intangible como el del precedente concurso para el Zócalo. Ni se puede pretender que piezas clave del rompecabezas urbano se puedan cocer en el microondas por la urgencia electoralista de sus gobernantes. -