“La Primavera de Praga es una pregunta abierta”: Entrevista a Alena Wagnerová | Letras Libres
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“La Primavera de Praga es una pregunta abierta”: Entrevista a Alena Wagnerová

A treinta años del colapso del régimen comunista en la antigua Checoslovaquia, esta entrevista repasa el panorama previo a la llamada Revolución de Terciopelo, y cómo este fue transformado.

El 17 de noviembre de 1989 iniciaron en Checoslovaquia una serie de manifestaciones que concluyeron con el colapso del régimen comunista tras 45 años en el poder. Estas protestas pacíficas, conocidas como la Revolución de Terciopelo, sirvieron como catalizador del descontento, promovieron la construcción de un régimen parlamentario y marcaron el inicio de la transición hacia un sistema de libre mercado.

Veinte años antes de la revolución, en agosto 1968, en un periodo de liberalización política conocido como la Primavera de Praga, la sociedad checoslovaca se había rebelado en contra de la dictadura comunista. Aquellas protestas fueron reprimidas y culminaron con la invasión de los tanques del Pacto de Varsovia, liderados por la Unión Soviética. Después de la invasión, en septiembre de 1968, se aprobó una nueva ley de censura, pronto seguida por una censura total, e inició un período de la estabilización del control soviético que duró hasta 1989, la llamada “normalización”.

Este año se cumple el trigésimo aniversario de la Revolución de Terciopelo. Eso invita a la reflexión sobre los logros y los fracasos de esta transición en Eslovaquia y en la República Checa.

Hace unos meses, la periodista checa Apolena Rychlíková entrevistó a la reconocida escritora checo-alemana Alena Wagnerová (Brno, 1936), quien se ha dedicado a estudiar a figuras como la periodista Milena Jesenská, conocida principalmente por su relación con el escritor Franz Kafka, y la baronesa Sidonie Nádherná, quien sostuvo correspondencia con Rainer Maria Rilke.

Charlaron acerca de los años sesenta en Checoslovaquia, las consecuencias de la Primavera de Praga, los derechos de la mujer en la antigua Checoslovaquia y la nueva orientación política, que trajo consigo una nueva ética. Esta es una versión abreviada de esa entrevista.

Me gustaría abordar el tema de la Primavera de Praga y el conservadurismo de la sociedad alemana. ¿Cómo estaba Checoslovaquia en términos del estatus de la mujer? ¿La primavera de Praga tiene una interpretación feminista?
Durante la década de 1960, el debate sobre la posición de una mujer en la sociedad checa se intensificó cada vez más. En 1966, Libuše Háková formuló una tesis básica, que sigue siendo válida hoy: “La función biológica de una mujer tiene consecuencias sociales negativas para ella”. Y en un artículo de Dagmar Fukalová de 1970 podemos leer que no se trataba del empleo total de las mujeres, sino de que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades de participar en la vida económica, social y cultural que los hombres. Por lo tanto, es evidente que la emancipación es un tema que se desarrolló en la Checoslovaquia de los años sesenta. El Segundo Sexo de Beauvoir era muy discutido. Incluso Jan Patočka

Filósofo checo, alumno de Husserl y Heidegger, es considerado uno de los filósofos más importantes del siglo XX. [Nota de la traductora]

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 participó en el debate y escribió un prefacio a la obra publicada en 1966.

Al mismo tiempo, a menudo se dice que la actual situación deprimente en términos de igualdad de género se debe a la ausencia de las olas feministas en las últimas décadas ...
Esa es una tontería. En la década de 1960 había muchas feministas “occidentales” que admiraban a las mujeres checoslovacas por lo progresistas que eran, por la naturalidad con la cual se comportaban, etc. Yo lo escuchaba incluso después de mudarme a Alemania de Oeste. Basta con darse cuenta de que la ley familiar, que reconoció igualdad absoluta a las mujeres, entró en vigor en 1950, mientras que en Alemania occidental esos derechos fueron reconocidos hasta 1977. Cuando llegué a Alemania todavía estaba vigente la norma que señalaba que “una mujer tiene derecho a trabajar a menos que esto sea contrario a sus deberes en la familia y el matrimonio”. Y poco tiempo antes se había abolido el párrafo que rezaba que un hombre podía solicitar el despido de su esposa sin su consentimiento.

Entonces, ¿cómo es que fuimos tan avanzados? ¿Era que la igualdad de mujeres y hombres era inherente a la agenda socialista?
Estábamos avanzados porque la igualdad entre mujeres y hombres era parte de la agenda política del socialismo. Y históricamente esa es una novedad absoluta. Porque las mujeres en otros países tenían que luchar por todo lo que habían ganado, como el derecho a votar o acceder a la universidad y fue solo entonces, tras un gran esfuerzo, cuando estas medidas se implementaron. Sin embargo, la idea socialista siempre estuvo asociada con la emancipación de la mujer como parte de la emancipación de la clase trabajadora y el individuo, si seguimos a Marx.

¿Y qué cambió entonces?
El problema surgió después de 1989. El movimiento de mujeres en Occidente en ese momento estaba siendo elaborado teóricamente de una manera muy sofisticada. En nuestro caso, el desarrollo del pensamiento teórico se detuvo prácticamente desde el comienzo de la normalización. En 1968 estábamos veinte años delante de Occidente. En 1989, veinte años atrás.

¿Por qué la normalización abandonó la emancipación de la mujer y marcó un regreso a la década de 1950?
No se puede decir así, no regresó, más bien se estancó en lo que se logró en la década de 1960. La discusión de las posibilidades y los límites del modelo socialista de emancipación de las mujeres no continuó. En la década de 1950, la emancipación de las mujeres se identificó con el empleo. Por ejemplo, Zápotocký

Antonín Zápotocký fue primer ministro de Checoslovaquia de 1948 a 1953 y presidente del país de 1953 a 1957. [Nota de la traductora]

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 propuso que las mujeres demostraran su igualdad al estar empleadas.

En la crianza de los niños, la sociedad debía ser el factor principal. Se proponía una educación colectiva, es decir, en las instalaciones públicas, como guarderías y jardines de infantes, que iba a complementarse con la educación familiar. Pero esto nunca se materializó, porque la gente no lo aceptó en ese sentido original. A fines de la década de 1950, esta visión comenzó a cambiar con el reconocimiento de la importancia de la socialización infantil primaria, y la relación entre la crianza en las instalaciones públicas y en la familia cambió: la familia fue el espacio primario, las instalaciones públicas el secundario. Esto también dio lugar a la prolongación gradual de la licencia de maternidad en la década de 1960 y durante la normalización.

Este aprecio por la función materna de la mujer no significaba un retroceso al modelo tradicional conservador de la familia, como las feministas checas de hoy tienden a interpretarlo. Ven un par de mujeres con carriolas en una foto del período de la época de normalización y ya ven el regreso al modelo tradicional, porque no saben nada sobre el contexto histórico. Pero el modelo conservador en Occidente era completamente diferente, suponía que la mujer sirve para estar para el hombre, para la familia y para los niños como mano de obra no remunerada, mientras que en Checoslovaquia se trataba de evaluar el papel de la madre como una función social importante. Eso no ha sucedido en Europa occidental hasta hace unos años. Además, las mujeres con carriolas en nuestro país tienen su propio estatus, no están definidas por el estado civil del marido. Este proceso de autonomía de estatus de las mujeres en Alemania occidental todavía no está cerrado.

¿Qué hizo la normalización con el feminismo?
Durante la normalización siguió existiendo el permiso parental prolongado y el derecho de las mujeres al trabajo, pero por lo demás fue un periodo de gran estancamiento. Simplemente se vivió, en resumen, el socialismo real. No utilizaría esta palabra para el período anterior a 1968, realmente vino después de los tanques. “Es como es” fue el eslogan principal de la sociedad en esos años. El movimiento desapareció, las visiones progresistas se perdieron durante veinte años.

Me parece que en nuestra sociedad hay una falta general de debate sobre el papel masculino en la sociedad. Las mujeres han podido discutirlo, para ver el tema desde diferentes puntos de vista, pero los hombres aún no han hecho algo semejante. Discutir la narrativa de “masculinidad” es una gran tarea.
Sí, ese es un problema terrible. La desventaja de este modelo socialista era que pocas personas se daban cuenta de que el cambio del rol de la mujer estaba cambiando el papel del hombre. Detrás de esto se encuentra la idea de que las mujeres están alcanzando a los hombres en su posición social superior a través de la emancipación. Entonces las mujeres alcanzarán a los hombres, y el rol masculino no cambiará. Y eso es, por supuesto, un profundo error porque la relación entre los sexos es un vínculo social fundamental. Pero creo que hoy estamos pensando en transformar la masculinidad como consecuencia de la emancipación de las mujeres.

¿Significa esto que se han conservado algunos estereotipos, como el trabajo de la ama de casa, invisible y no remunerado, y la división de los roles femeninos y masculinos?
Del trabajo de un hombre en casa se ha hablado poco. Los clásicos, como August Bebel, contaron con el hecho de que esta tarea sería transferida al sector público –comedores comunitarios, lavanderías, etc. Sin embargo, no era que los hombres se acostaran en el sofá después del trabajo, ya que tenían una serie de otras tareas, como hacer reparaciones, cuidar del automóvil o de los niños.

También hubo intentos arquitectónicos de este tipo: las casas colectivas, que transfirieron la idea de un hogar liberado en la propia forma de vivir.
Sí, pero luego se descubrió que los costos eran demasiado altos, y la gente también pensó que consumía mucho tiempo. Curiosamente, cuando se comenzó a hablar del nuevo modelo económico presentado por Ota Šik

Ota Šik fue un economista y político de la Primavera de Praga. Después del intento fallido de la Primavera de Praga en 1968 emigró a Suiza, donde se quedó hasta su muerte. [Nota de la traductora]

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 y la gente que lo rodeaba, se dijo que algunos empleos femeninos no eran rentables si se tenía en cuenta lo caras que eran las instalaciones para niños. Estos costos se calculaban con base en el salario de la mujer, no de ambos padres. Fue, de hecho, similar al pensamiento capitalista en el sentido de: “Ella tiene educación universitaria y está en casa, su estudio fue un desperdicio de dinero”. Y al mismo tiempo, puedes trabajar en casa de una manera diferente y aportar otros valores a tu entorno. Otros aspectos además de la eficiencia del uso del trabajo simplemente no se reflejan en absoluto. El capitalismo no puede liberar a una mujer porque se apoya en su trabajo invisible y no remunerado en el campo del cuidado y la reproducción.

¿Y qué pasó después de 1989?
El anticomunismo cortó por completo tanto la continuidad como el contexto. Todo lo que estaba asociado con el comunismo se consideraba automáticamente malo. Y la aparición de nuevas teorías de género en la República Checa significaba la negación de nuestros muchos años de experiencia en la búsqueda de la igualdad y el giro hacia occidente. Las feministas checas intentaron replicar las actitudes feministas occidentales en nuestras circunstancias, que eran bastante diferentes, en lugar de comparar los dos sistemas. Pero todo lo que venía de Occidente se consideraba mejor que lo que estaba aquí.

Este problema no se limita a las cuestiones de género, sino a la mayoría de las medidas sociales implementadas en el momento: el mercado inmobiliario, el mercado laboral, la educación, la salud pública ...
Sí, como si los avances en materia sociales fueran un producto propiamente comunista. Esto fue impuesto por la derecha, especialmente por Václav Klaus

Václav Klaus fue presidente de la República Checa entre 2003 y 2013. Fue uno de los fundadores del Partido Democrático Cívico (ODS), un partido euroescéptico de libre mercado. [Nota de la traductora]

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. La derecha checa no tenía ninguna idea fundamental sobre la sociedad, por lo que su ideología se convirtió en anticomunismo. El principal problema de la derecha checa es que no tiene una fuerte tradición aquí. Del mismo modo, no hay una tradición de conservadurismo checo. El anticomunismo y la expansión imperturbable de la ideología del capitalismo neoliberal formaron la idea principal de los años noventa. Y hoy podemos ver qué lío era todo esto y cómo afectó a la sociedad checa.

¿Y por qué era tan disparatada la llegada de la derecha después del noviembre de 1989?
La normalización dejó a la sociedad checa moralmente agotada. Las élites culturales tradicionales, toda la generación que tuvo un papel relevante en la Primavera de Praga, emigró o trabajó en la oposición civil y en puestos no calificados. Las élites económicas, de orientación neoliberal, tomaron su lugar. Klaus tenía un programa económico claro y lo convirtió en un programa social. El neoliberalismo ganó con el colapso de socialismo, incluso en la Alemania de Oeste. Comenzó a penetrar en la sociedad y el pensamiento, y después de 1989 se convirtió en una ideología mundial.

¿El ascenso del neoliberalismo, especialmente en el bloque del Este, fue causado por el hecho de que el capitalismo se equiparaba con la democracia?
Sí, el socialismo se ha identificado con el totalitarismo y el capitalismo con la libertad. Klaus sabía lo que quería. Para él, como economista educado en el socialismo, el thatcherismo fue la revelación de algo asombroso: era una instrucción de cómo transformar la sociedad en un conjunto de individuos libres y cómo hacer un poder social decisivo de la mano invisible del mercado.

¿Qué es lo que se tiene llevar mi generación de la Primavera de Praga? ¿Cuál es su legado y cómo puede inspirarnos para el futuro?
Creo que la Primavera de Praga fue un período extraordinario en la historia moderna de Checoslovaquia –en la forma en la que trató de conectar la democracia con el socialismo. Y fue un esfuerzo que surgió de nuestras mejores tradiciones históricas. Como afirma Milan Kundera, fue un acontecimiento único de la historia europea moderna. Y esta pregunta todavía está abierta como una alternativa, pero también como un ejemplo, un modelo –y también un compromiso.

 

Traducción, introducción y notas por Lucia Duero. Originalmente publicado en A2 Alarm, Praga.