La llegada a la luna y el discurso fúnebre que nunca se pronunció | Letras Libres
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Imagen: nasa.gov

La llegada a la luna y el discurso fúnebre que nunca se pronunció

Cuando el Apolo 11 despegó, hace 50 años, no podía darse por hecho que la expedición culminaría con la llegada del hombre a la luna. Por ello, el gobierno de Nixon tomó previsiones ante un posible fracaso.

El 20 de julio de 2019 se cumplen 50 años de la llegada del hombre a la luna en la legendaria misión Apolo 11. Hoy nos parece que ese evento es parte natural de la evolución tecnológica y científica de la humanidad. Pero cualquiera que se haya asomado a los detalles de esa enorme hazaña sabe bien que el éxito del programa Apolo estaba lejos de ser una certeza.

Para 1969, la NASA ya contaba con la valiosa experiencia del programa Gemini y de las misiones Apolo previas, especialmente las 8, 9 y 10. Sin embargo, los riesgos de la misión Apolo 11 eran elevados, ya que era la primera vez que el módulo lunar (el “Águila”) bajaría a la superficie del satélite. Así que Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin iban a llegar literalmente “a donde jamás ha llegado el ser humano”, como dice la famosa frase de Viaje a las estrellas.

Consciente de los riesgos que entrañaba la misión, el chief of staff de la Casa Blanca, Harry Haldeman, le pidió a William Safire, redactor de discursos presidenciales, que escribiera un mensaje en caso de que Richard Nixon tuviera que dirigirse a la nación y al mundo para informar sobre el fracaso de la misión y la pérdida de los astronautas.

Debemos recordar que la llegada a la luna fue un evento televisado a todo el mundo, por lo que cualquier incidente hubiera sido presenciado por millones de personas en directo. Los asesores de Nixon pensaron que era indispensable contar con un borrador de un mensaje para que el presidente pudiera entrar al aire oportunamente a anunciar lo sucedido y brindar un primer homenaje póstumo a los astronautas, en caso de que el Apolo 11 se quedara varado en la luna, o flotando en el espacio, sin poder regresar a la Tierra.

William Safire redactó entonces un sentido texto, que comienza diciendo:

El destino ha querido que los hombres que viajaron a la luna a explorar en paz, se queden en la luna a descansar en paz. Estos valientes, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza de rescatarlos. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad en su sacrificio.

El redactor continúa el texto elevando retóricamente a los astronautas, no sólo como héroes estadounidenses, sino como representantes de la humanidad entera:

Ellos han ofrendado sus vidas en la meta más noble de la especie humana: la búsqueda de la verdad y del conocimiento. Serán llorados por su familia y sus amigos, serán llorados por la nación, serán llorados por el mundo, serán llorados por la Madre Tierra, que se atrevió a enviar a dos de sus hijos hacia lo desconocido. En su exploración, ellos animaron a los pueblos de la Tierra a sentirse como uno solo: ellos fortalecieron los vínculos de hermandad entre los hombres.

Para cerrar el discurso, Safire brinda unas líneas de esperanza y determinación: la carrera espacial tendría que continuar, a pesar de la triste pérdida de Armstrong y Aldrin:

Otros seguirán, y seguramente encontrarán el camino de regreso a casa. La búsqueda de la humanidad no se detendrá.

Y después concluye con una paráfrasis de un poema de un marino británico de la Primera Guerra Mundial, que decía: “si debo morir, piensen sólo esto de mí: que hay un rincón en suelo extranjero que es, por siempre, Inglaterra”. Safire cuenta que parafraseó este poema en su texto diciendo:

Cada persona que eleve su mirada a la luna en las noches por venir sabrá que hay un rincón de otro mundo que es, por siempre, la humanidad.

Esta breve oración fúnebre quedó archivada durante décadas, hasta que fue encontrada a finales de los noventa por James Mann, un periodista que buscaba información sobre política exterior en los archivos presidenciales. Según Mann, este hubiera sido sin duda “el discurso más elocuente de Nixon”.

Afortunadamente, en lugar de las bellas y tristes palabras de Safire, la humanidad celebró el éxito del alunizaje con la histórica frase de Neil Armstrong: “un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.