Carmen Aristegui en el espejo de Julio Scherer | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Mario Guzmán/EFE/EFEVISUAL

Carmen Aristegui en el espejo de Julio Scherer

Hay un referente histórico del regreso de la periodista a la radio abierta. En 1977, Julio Scherer tuvo la oportunidad de volver a la dirección de Excélsior por intercesión de José López Portillo, recién llegado a la presidencia. No lo hizo.

Con su regreso a la radio abierta, termina una etapa en la que Carmen Aristegui solo contó con su portal electrónico para seguir con la labor informativa que llevaba a cabo en MVS hasta 2015. En la conferencia de prensa donde anunció su regreso al aire, la periodista recalcó que el responsable último de su salida era Enrique Peña Nieto, quien presionó a la familia Vargas para que de forma unilateral rescindiera su contrato, luego de que ella revelara en su noticiero el famoso escándalo de “La Casa Blanca”. 

El gobierno de Peña Nieto habría presionado a MVS para que despidiera a Aristegui y la excusa perfecta, según el relato de la periodista, llegó en 2015, cuando anunció que se integraría al proyecto Méxicoleaks, una plataforma pensada para que los ciudadanos suban de forma anónima información y documentos relacionados con casos de corrupción en los gobiernos estatales y federal. MVS se deslindó de ese proyecto, consideró que Aristegui estaba abusando de su posición dentro de la empresa, despidió a varios de sus colaboradores, intentó imponer una nueva serie de lineamientos para los periodistas que trabajaran en esa cadena y al final decidió rescindir el contrato que tenía con ella.

Aristegui protestó por lo que le parecía una arbitrariedad por parte de la empresa e intentó llegar a un arreglo con la cadena, pero al final prefirió recurrir a los tribunales para defender su posición y recuperar su noticiero.

A ese primer conflicto, estrictamente laboral, se sumó pronto una demanda  por daño moral de Joaquín Vargas, presidente de MVS, contra Aristegui, cuando el reportaje sobre la Casa Blanca fue publicado en forma de libro y en el prólogo Aristegui señaló que Vargas “había sucumbido ante las presiones del poder”.

Durante los siguientes años Aristegui mantuvo su columna en Reforma, su programa de televisión en CNN en Español y fundó Aristegui Noticias, con lo que dio continuidad a la labor que hacía en MVS. Pero no volvió a la radio, pese a los rumores en ese sentido. Sin embargo, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador produjo un cambio importante en este asunto.

Durante su campaña, el hoy presidente electo declaró que en caso de ganar la presidencia buscaría la forma de que Aristegui regresara a los medios. A mediados de agosto de este año recalcó que “procuraría” que Aristegui y José Gutiérrez Vivó (quien en 2008 tuvo un conflicto laboral con la familia Aguirre, dueña de Grupo Radio Centro, que lo llevó a perder su proyecto informativo Monitor y a salir del país) volvieran a tener espacios en la radio abierta.

Si bien López Obrador se ha comprometido a defender sin restricciones la libertad de expresión, algunas voces señalaron la paradoja de que dos informadores que había perdido sus espacios por causa de la intervención desde el poder los recobraran, precisamente, gracias a un nuevo gobierno. Aristegui, por su parte, ha celebrado que López Obrador se comprometa a defender el derecho a la crítica, pero también ha señalado que sus únicos compromisos son con su público y su independencia editorial.

Hay un referente histórico de lo que está ocurriendo con Carmen Aristegui y su regreso a la radio abierta en la figura de Julio Scherer, quien en 1977 tuvo la oportunidad de recobrar Excélsior, el diario del cual tuvo que salir un año antes, acusado de apropiarse de los recursos de la empresa.

Scherer se convirtió en director de ese diario en 1968 –hace 50 años– y con su equipo de reporteros y columnistas se propuso modernizarlo. Eso le provocó disgustos con los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, quienes aprovecharon los problemas que había al interior de la empresa para al final lograr que abandonara la dirección en 1976.

Junto con la mayoría de los que salieron con él, Scherer se propuso crear un semanario especializado en política, el cual tenía que llegar a las calles antes de que terminara el gobierno de Echeverría. El 6 de noviembre de 1976 apareció Proceso y en su primer número dejó claro que estaban conscientes de que su existencia –por lo menos a cortísimo plazo– dependía de las decisiones que tomara Echeverría. Afortunadamente para ellos, no tuvieron más problemas y pudieron continuar su labor durante el siguiente sexenio.

En 1977, Julio Scherer recibió la oferta de recobrar Excélsior por parte de quien era secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles. El presidente José López Portillo, que estudiaba la posibilidad de abrirle espacios políticos a la oposición surgida luego del conflicto estudiantil de 1968 y que había optado por irse a la guerrilla, consideró que ante un espectro periodístico cargado hacia la derecha –diarios como Novedades, El Universal y el Heraldo de México sería buena idea contar con un espacio en el que esa izquierda legalizada pudiera expresarse.

Sin embargo, Alan Riding, el corresponsal de The New York Times en México, se enteró del plan de Reyes Heroles y López Portillo. El reportero buscó a Scherer para confirmar la información y él señaló que sólo regresarían a Excélsior bajo un régimen de total libertad informativa y sin aceptar ninguna condición que les impusiera el gobierno. “Cuando publicamos Excélsior, lo hacíamos no pensando en el presidente sino en el lector, no en el gobierno sino en la sociedad –le dijo– y eso será lo que ocurrirá en el futuro”.

Riding publicó la información en su diario. Al mismo tiempo Regino Díaz Redondo, director de Excélsior tras la salida de Scherer, tradujo la nota de Riding y también la publicó, por lo que López Portillo prefirió dar marcha atrás.

Scherer nunca regresó a Excélsior, pero sabía que aceptar esa propuesta lo habría obligado a deberle un favor al gobierno de López Portillo, lo que tarde o temprano coartaría su libertad como periodista.

Volviendo al presente, Grupo Radio Centro, el nuevo socio de Carmen Aristegui, ha declarado que la periodista tendrá total libertad para abordar los temas que quiera. Pero, según Javier Tejado, la decisión del grupo tiene más motivos políticos que económicos, pues aliarse con Aristegui le permitiría congraciarse con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para seguir contando con publicidad oficial (129 millones de pesos en 2017) y resolver otros problemas.

Aristegui ha recalcado que no cuenta con el apoyo de López Obrador en su regreso a la radio abierta. “No hay nada de eso”, dijo en la conferencia de prensa en la que anunció su alianza con Radio Centro

Si algo nos enseña la historia del periodismo mexicano es que defender la libertad de expresión es fundamental para cumplir el compromiso que los periodistas tienen con la sociedad. Pero también nos muestra que los medios en nuestro país mantienen una relación necesaria con el poder para sobrevivir. Los distintos gobiernos a lo largo de la historia de México han querido controlar a los medios a través de distintas estrategias: desde apoyarlos o castigarlos económicamente para que no critiquen al régimen, hasta censurarlos y lograr que los periodistas abandonen sus espacios informativos para que de esa forma dejen de ser un problema.

Tanto Carmen Aristegui como Julio Scherer tuvieron una relación cercana y muchas veces difícil con los gobiernos mexicanos. En ambos casos, el final de un sexenio y el inicio de otro les dio la oportunidad de regresar, en parte porque el nuevo presidente no mantuvo la postura de su antecesor. López Portillo lo hizo para fortalecer así su política de acercamiento con la izquierda, y López Obrador lo hace, presumiblemente, para alejarse de la figura de Enrique Peña Nieto y satisfacer la demanda de respeto a la libertad de expresión que viene desde hace décadas.

Sin embargo, y esa es otra enseñanza que nos deja la historia del periodismo mexicano, los favores del poder, sea del signo que sea, terminan por pagarse caros, y eso va en detrimento de la independencia editorial y la libertad de expresión.