Arte Tormentaria | Letras Libres
artículo no publicado
Imagen: Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla / Dominio público

Arte Tormentaria

La voz artillería, según su derivación y denominación del griego, es lo mismo que arte de mover, romper y quebrantar, y por las reglas que prescribe para las máquinas de fuego, se llama Arte Tormentaria.

Entre las inagotables obras maestras de Chéjov hay una que se titula “El beso”. La había leído en varias versiones, en un par de idiomas, y ahora la estaba escuchando en audiolibro. Me detuve mucho antes del clímax, ahí donde se cuenta que los asistentes a cierta velada entablaron una acalorada discusión: “La señorita de color lila procedió a demostrar con mucha animación que la vida de los artilleros era más fácil que la de los pertenecientes a la caballería o infantería, mientras que Von Rabbek y las damas maduras sostenían lo contrario”.

Carezco de experiencia, de modo que no sabría llegar a una conclusión. Pero si una señorita sin vivencias dice algo, y un oficial y varias damas maduras la contradicen, optaré por opinar que es más fácil la vida de los soldados de caballería e infantería. Kantianamente puedo suponer que no hace falta la experiencia, y que puedo llegar conocer con la razón. ¿Será que a la hora de una batalla el artillero es blanco fácil y codiciado? ¿Será que es muy engorroso cargar con un cañón en vez de un fusil? ¿Será el sonoro rugir donde bastaba con decir rugir? ¿O será cosa de la conciencia porque se cuenta que nadie mata a tantos compañeros como la artillería mal apuntada?

También puedo conocer a través de lecturas: manuales bélicos, novelas, partes militares o anécdotas sobre los montados y los de a pie, o de artilleros, como Felipe Ángeles y el Niño Artillero.

Me puse a leer un libro de 1906 con ensayos sobre artillería, de Sir Andrew Noble, que debía de contener información contemporánea a Chéjov. Me sedujo el título del primer ensayo: Sobre la aplicación de la teoría de probabilidades en la artillería. Son matemáticas mucho más complejas que las que calculan la probabilidad de ganarse la lotería o de que la siguiente carta sea un dos de tréboles. A partir de un escenario en el que hay incertidumbre, factores desconocidos, errores, y condiciones irrepetibles, el autor pretende calcular el área en que se espera caigan la mitad de los obuses disparados.

De ahí pasé a varias revistas que iré leyendo poco a poco, con artículos sobre la educación de líderes militares, las campañas de Napoleón, las estrategias en la antigua Roma, el uso militar de globos aerostáticos, consejos para cañoneos nocturnos, la mejor forma de disparar contra la infantería enemiga, adiestramiento de espías, técnicas para derribar un zepelín, formas de camuflar la artillería, y gran cantidad de temas sobre balística. También se incluye la serie: “La bicicleta y su adaptabilidad para propósitos militares”.

En la biografía de Dostoyevski, Joseph Frank nos cuenta que su padre, “además de la colegiatura regular de la escuela preparatoria, pagó trescientos rublos para que sus hijos recibieran educación adicional en artillería y fortificaciones”.

Tolstói fue artillero. Quizás por eso dice que los soldados de artillería suelen ser apuestos, altos y anchos de hombros. En su Guerra y paz, los pinta muy despreocupados. “Embargados por una alegría infantil… por el buen éxito del cañoneo”, no se dieron cuenta de la batería enemiga, hasta que seis proyectiles caen entre ellos, “arrancando una pierna al polvorista. Sin embargo, la animación no se debilitó… y en una hora murieron diecisiete de los cuarenta, pero los artilleros seguían tan optimistas y animados”.

En cuanto a la guerra, se conoce el final de esta novela aunque no se haya leído. Napoleón, que también comenzó su carrera como artillero, decía que Dios peleaba del lado del ejército con mejor artillería. Sin duda es verdad, pero los rusos tuvieron al diablo de su lado.

Cuando detuve el audiolibro de Chéjov, pensé que iba a escribir sobre lo complicado que es sostener cualquier conversación en una velada, así sea para comparar las funciones militares; por eso tenía sobre la mesa en libro de Benedetta Craveri.

Pero me ganó la conciencia de mi ignorancia acerca de la artillería, me ganó la curiosidad, y ahora pasaré las próximas fechas leyendo sobre el tema. Comenzaré por un tratado de hace doscientos cincuenta años, que como todo lo antiguo hace poesía aun cuando no quiere: “La voz artillería, según su derivación y denominación del griego, es lo mismo que arte de mover, romper y quebrantar, y por las reglas que prescribe para las máquinas de fuego, se llama Arte Tormentaria.

Espero pronto saber cargar, apuntar y disparar un obús, cañón o mortero decimonónico, y entonces lamentarme por no tener la buena suerte de Mambrú.