Ha narrado los dramas cruciales del siglo | Letras Libres
artículo no publicado

Ha narrado los dramas cruciales del siglo

El día 15 de octubre de 1989, a la edad de 54 años, moría en París Danilo Kis, novelista yugoslavo y europeo, uno de los autores fundamentales de la segunda mitad de este siglo. Había nacido en Subotica, de padre judío húngaro y madre montenegrina. En 1942, tras la masacre de judíos y serbios en Novi Sad perpetrada por los fascistas húngaros y la deportación del padre, se instala en Hungría, donde compone sus primeros poemas. Luego, de 1947 a 1954, se queda en Cetinje, Montenegro, la aldea nativa de su madre. Ahí asiste al liceo, aprende a tocar el violín y empieza a traducir versos del húngaro, del ruso, del francés. Después de diplomarse, se muda a Belgrado, donde se titula en literaturas comparadas. Su primer viaje a París, del cual nos dejó un maravilloso reportaje, lo realiza en 1959. En 1962 se publican en un solo volumen sus primeras novelas cortas, Buhardilla y Salmo 44, donde estaban en pañales los temas autobiográficos e históricos de todas sus siguientes obras. Desde 1979, después de vivir durante los años sesenta y setenta en Estrasburgo, Burdeos y Lille como lector de serbocroata, se muda a París, donde viviría hasta su muerte. Sus obras mayores, es decir, el "tríptico familiar", centrado en la figura del padre deportado a Auschwitz, Jardín, ceniza (1965), Dolores precoces (1969) y Reloj de arena (1972), aquel trágico y paródico monumento erigido en contra de la Historia que es Una tumba para Boris Davidovic (1976) y los nueve cuentos de Enciclopedia de los muertos (1985), ya se conocen en muchos países europeos y en Estados Unidos.
     Sin embargo, la magnitud artística de Kis está aún casi toda por descubrirse. Pienso que eso depende en cierta manera del aislamiento del autor, es decir, tanto de su particular posición política como de su original modernismo estético. Puede parecer paradójico hablar de posición política para un novelista que durante toda su vida ha condenado, a través de su obra, todas las opresiones totalitaristas (nazismo, estalinismo) que quieren reducir al hombre a la pura dimensión de zoon politikon, de homo politicus. Nada más que Kis, que no era ni un disidente, ni un refugiado, ha pronunciado esta condena cuando el arte, tanto en Occidente como en Oriente, es considerado como un extremo apéndice de la política. Kis reivindicaba la riqueza y la unidad cultural de la tradición europea, la reflexión metafísica, la sensibilidad de homo poeticus, tanto contra la escuela realista de Belgrado como contra el engagement de París. Su "posición" política aislada derivaba, pues, de su "posición" estética. ¿Cuántos podían comprender en Belgrado a un autor cosmopolita que se refería no sólo a Rabelais y a Flaubert, sino también a las grandes innovaciones formales de los teóricos del formalismo ruso, del nouveau roman y de Borges? ¿Y cuántos intelectuales, en el París de los años sesenta y setenta, podían comprender esta "rareza etnográfica", que citaba como autoridades de la literatura europea no sólo a Nabokov, Babel, Pilniak, sino también a sus maestros yugoslavos Andric, Krleza, Crnjanski? El original y ambicioso proyecto estético de Kis de reconciliar, a la sombra del progenitor de la novela moderna, Rabelais, el alma balcánica con el sentido de la forma y de lo concreto de la literatura centroeuropea, no podía encontrar, por lo tanto, ni al Este ni al Oeste, la atención que merecía. Pero pienso que es necesario añadir algo más, si se quiere comprender cómo su obra, aun en el transcurso de los años ochenta y noventa, en esta época nuestra de aparente reelaboración de los grandes lutos del siglo, no ha tenido más que unos cuantos lectores. A diferencia de la literatura de testimonio, a diferencia también de autores como Primo Levi o Solyenitzin, Kis ha sido el único, en esta segunda mitad del siglo XX, que se ha atrevido a utilizar los instrumentos formales más sofisticados —extrañamiento, construcción retardada y polifónica de la narración, reconstrucción ficticia de documentos históricos— para someter al examen novelístico los dramas cruciales del siglo, los Lager nazis y los Gulag estalinianos, Auschwitz como la Kolyma. Ha sido el más moderno de los novelistas, y ha explorado el mundo más refractario a la memoria histórica: un mundo de millones de seres, cuya existencia no ha sido más que una marcha silenciosa hacia la nada. Pero no es todo. "A quien afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo", aconsejaba Kis a un joven escritor. Kis no quería poner un signo de igualdad histórica y política entre los dos eventos. Como novelista, nos revelaba una posibilidad existencial: de aquella idéntica desaparición de cuerpos sin tumba, el hombre de hoy en adelante podrá ser tratado como un anónimo desecho biológico, convertido en puro zoon, privado de cualquier dimensión política y poética. A nosotros, hombres políticos y poéticos, corresponde la tarea de averiguar si esta hipótesis pertenece sólo al campo de la "realidad no real" que para Kis es la literatura.-© Massimo Rizzante