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Dr. Enrique Krauze:

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Dice usted que nunca desarrollo en mi texto el significado de la secularización moderna y que ni siquiera “lo trato propiamente”. Falso. En las páginas 114 y 115 hago una propuesta personal, discernible de las ideas de algunos autores citados pero inspirada en ellos, de lo que llamo los planos de la emancipación o secularización de las almas (y me refiero sobre todo a las de los migrantes pobres). Lo que presento ahí no es, como afirma, “una promesa teórica”; es una propuesta sin más, que vale lo que vale, pero que cumple lo ofrecido en la primera parte de mi texto.

Escribe usted que cito “profusamente” a Karl Löwith, a Gino Germani y “hasta” a Francis Fukuyama. Falso. A Löwith lo cito sólo una vez, a pie de página, y como referencia general, y a Germani un par de veces en el texto; a Fukuyama dos veces en el texto, y por la razón de que es crucial a mi argumento con su genealogía del thymos platónico. A Octavio Paz y a Enrique Krauze –es decir, a usted– los cité una vez a cada uno; ¿por qué no escribió que cité a ambos “profusamente”?

Sugiere que no conozco la obra de Jorge Enrique Hardoy y Richard M. Morse; yo digo que usted no conoce la obra de Germani ni la de Fukuyama (y por tanto no reconoce su pertinencia para el estudio histórico de la secularización). Estamos a mano, aunque espero que ambos estemos equivocados.

[...]

Finalizo con una perplejidad que no obstante da cuenta de las contradicciones que campean en su reseña. Ojalá todos los lectores lleguen al último párrafo, ahí donde usted parafrasea al Edmundo O’Gorman de Crisis y porvenir de la ciencia histórica para espetar que la disciplina “camina a oscuras hacia el porvenir”. La cita es en realidad un lapsus: sí, usted cita a O’Gorman, el menos empírico, el menos local, el más hermenéutico y el más teorizante de todos nuestros historiadores; sí, a O’Gorman, que en ese libro, justo en ese libro, pretende fundar un historiografía enraizada en ¡el pensamiento de Heidegger! En fin, que en el holocausto de los historiadores teorizantes usted blande la espada flamígera de la más abstrusa de todas las filosofías. Bendita muerte.

Un saludo. ~

 

Respuesta

Dr. Ariel Rodríguez Kuri:

Me quedo con su frase final: para usted la crítica es un “Holocausto”. Amén. ~

– Enrique Krauze