Eminem: el misántropo diletante | Letras Libres
artículo no publicado

Eminem: el misántropo diletante

Odiar al mundo es un negocio rentable. Sobre todo si —parafraseando al personaje Lester Burnham de American Beauty— eres "un tipo ordinario sin nada que perder". Agreguémosle a esta premisa los ingredientes de una estrella de rock en potencia y las hordas de teenage fans urgidas de un "vocero de su generación", y el resultado es infalible. Pensemos en Marilyn Manson. O, mejor, en el reciente —y aún humeante— caso de Marshall Bruce Mathers III, alias El Rapero Blanco, alias Eminem. En menos de tres años, este nativo de Detroit pasó de ser un ilustre desconocido a convertirse en el rey absoluto de un género musical dominado por los negros, ha vendido millones de ejemplares de sus tres álbumes (la publicidad dice que treinta) y ha arrasado en las entregas de premios MTV. Por si fuera poco, recientemente se estrenó con éxito 8 Mile, película de corte autobiográfico que trata sobre la vida de un joven rapero y de cómo combate su resentimiento social y otros traumas a través de la música. La cinta fue dirigida por el notable Curtis Hanson (responsable de dos joyas del cine norteamericano contemporáneo: L.A. Confidential y Wonder Boys).
     ¿Cuál es la fórmula del fenómeno Eminem? Tal vez una mezcla de buena suerte con una muy calculada estrategia para la provocación. La fortuna comenzó a sonreírle a finales de los noventa, cuando Dr. Dree —el productor más influyente del rap— lo descubrió y adoptó como su juguete nuevo. Poco tiempo después, un puñado de letras que destilaban —entre otros lugares comunes de los misántropos diletantes— altas dosis de misoginia y homofobia, y un video políticamente correcto (porque hacía mofa del affair Lewinski-Clinton), hicieron el resto. The Slim Shady LP (1999), el primero bajo el cobijo de Dr. Dree, superó los pronósticos y lo llevó a las portadas de vibe, Rolling Stone y Spin, entre otras publicaciones vitales de la industria musical. Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas. Como toda estrella encumbrada de la noche a la mañana, el paquete le quedó grande y pronto Eminem "enseñó el cobre". Sus pleitos públicos con su ahora ex mujer y su madre fueron tan ridículos como gratuitos, y se volvió un habitual de los tribunales.
     El éxito continuó con The Marshall Mathers LP (2000), pero repentinamente Eminem desapareció de la escena. Muchos pensaron que la estrella fugaz había cumplido su ciclo y empezaron a buscar al posible reemplazo. Sin embargo, para gloria de sus admiradores y horror de sus detractores, en el 2002 el rapero blanco regresó con más fuerza y cinismo que nunca. The Eminem Show confirmó su estatus de best seller musical, y la crítica no escatimó elogios definiendo este álbum como uno de los mejores en la historia del rap. La mencionada 8 Mile hace tiempo que rebasó los cien millones de dólares en taquilla en Estados Unidos, y todo parece indicar que el imperio de Eminem se extenderá al cine. Mientras tanto, los radios del mundo entero no dejan de repetir su frase burlona y triunfal del tema "Without me", el primer sencillo de The Eminem Show: "We need a little controversy, cuz it feels so empty without me."
     ¿Es entonces Eminem un genio incomprendido o simplemente un burro más que tocó la flauta? Las letras hablan por sí solas sobre su proyecto, con rimas como "Put anthrax on a Tampax". Ciertamente puede parecer ingenioso, sobre todo si aún salpicas el espejo del lavabo con detritus de acné. Por lo demás su música es pegajosa y su fraseo envidiable hasta para un negro. A quienes les gusta el rap es imposible que no les guste Eminem.
     La anécdota más inquietante en torno a Eminem resultó ser la de un fanático suyo, que se suicidó arrojándose con su automóvil a un río porque aquél no le respondía sus cartas. El suceso estaba destinado a perderse en la marea de la nota roja, pero se magnificó debido a que el adolescente suicida llevaba amarrada a su novia embarazada en el maletero. El músico, consternado, transformó la tragedia en una canción llamada "Stan" y en un video que, sin duda, es lo mejor que ha hecho. En él no sólo recrea esta historia, sino que muestra a Eminem "rapeando" frases reales de las cartas, llenas de sentimiento de abandono, con lo que logra un resultado francamente emotivo. Pero más allá de sentimentalismos, la anécdota en sí misma sirve para ilustrar el vacío brutal que existe en los jóvenes de las sociedades contemporáneas, agujeros negros que necesitan llenarse con cualquier cosa, pero sobre todo con odio. Ahí es donde entran y seguirán entrando todos los Eminems por venir. ~