El valor de los individuos | Letras Libres
artículo no publicado

El valor de los individuos

Enrique Peña Nieto nació en 1966. Convocamos a un grupo heterogéneo de escritores nacidos alrededor de ese año para responder esta pregunta: ¿qué significa para ti, en términos generacionales, el regreso del PRI a Los Pinos?

Los elementos que conforman a una generación son inapresables y pueden rozarse solo con el paso del tiempo. Las generaciones se comportan como las estadísticas: el valor real está en los individuos, no en las cifras. Son las decisiones que las personas toman lo que las une o las escinde. En esas rupturas, se lee la historia.

Enrique Peña Nieto se convirtió en gobernador logrando la proeza de alcanzar votantes por puro magnetismo cuando pensábamos que eso ya no era posible. Ya desde entonces, el Estado de México pedía a gritos un político sofisticado, que pudiera rescatarlo de la zozobra; algo distante de lo que obtuvo con el hombre picture-ready que firmó compromisos. Tal vez la juventud de Peña Nieto resultó confusa en un mundo al que le cuesta trabajo madurar: los cuarenta son los nuevos treinta.

Hoy, su presencia pende sobre nosotros de una forma peculiar: es el incómodo déjà vu para una generación que pensó que vería el cambio. Los hijos de Tlatelolco y del Halconazo somos sus contemporáneos y hemos atestiguado el lento desarrollo del país que mataba a sus estudiantes, prohibía los conciertos, tenía un cine estatizado y vivía el desplome de su moneda como un deporte.

¿Dónde estaba Peña Nieto durante esos años? ¿Por qué no se sintió tocado como para demarcarse de una tradición claramente nociva para México? A la edad en la que es difícil elegir el sabor de un chicle y se prefiere guardar distancia con las figuras de autoridad, él decidió su afinidad política, construyó una sonrisa magnífica y sembró nuestro futuro.

Queda saber cuál será el papel que jugaremos los de su generación: cómo haremos que se lea la historia. ~