El regreso de Lagun | Letras Libres
artículo no publicado

El regreso de Lagun

El portal número 3 de la Plaza de la Constitución de San Sebastián es el único que permanece cerrado y el único en cuya cortina metálica se lee en tinta roja "Gora ETA", junto a la mira de un rifle que encierra las siglas del psoe. En el restregado tabique de arcilla que viste al casco viejo no queda, en cambio, ninguna otra pintada.
     No obstante, hay motivos más importantes para destacar el número 3 de esa plaza que la violencia callejera de los jóvenes de la Kale Borroka.
     En 1968 María Teresa Castells e Ignacio Latierro fundaron allí la librería Lagun por amor a los libros y a la cultura. "Había crecido rodeada de libros y por tanto había leído mucho desde la infancia. Entonces yo quería escribir, pero encontré mejores razones para convertirme en librera", dice Castells, esposa de José Ramón Recalde, ex consejero socialista de Educación y Justicia.
     Lagun fue el primer espacio democrático en Euzkadi donde el lector español tuvo acceso a los libros que no circulaban con el sello oficial de la censura franquista, temerosa de los poemas de César Vallejo y las ideas de Jean Paul Sartre, de Lenin y Trotski, entre decenas de autores e ideólogos prohibidos que podían ser hallados en la trastienda de aquel portal.
     Hace un año, tras el atentado de ETA contra Recalde, Lagun cerró sus puertas después de 32 años de constituirse como un espacio libre y democrático en Euzkadi. Objeto de represalias durante la dictadura de Franco y de allanamientos del terrorismo etarra, Lagun se ha erigido en símbolo de resistencia y valentía gracias al tesón de sus propietarios.
     En 1975 Castells pasó un mes en la cárcel por reclamar el cierre de los comercios de la zona vieja de San Sebastián en protesta contra los fusilamientos de Exiki y Otaegui, miembros de ETA. Su negativa a pagar una multa por los incidentes y su indeclinable perseverancia a favor de las libertades la llevaron a una celda.
     Fue también María Teresa Castells la fundadora, hace 37 años, de la primera escuela o Ikastola en la que se impartió clases en euskera. La llamó Ikasbide —camino de aprender— por el apego que siempre ha tenido a su tierra y su lengua.
     "Hoy no sé si lo volvería hacer", reconoce. "El euskera se ha politizado. Hay quienes no entienden que el idioma es de todos y no de unos pocos que se creen sus dueños".
     ¿Qué es ser vasco? "Hay tres modos de ser vasco. Hay quienes se sienten sólo vascos; hay quienes se sienten sólo españoles. Yo siempre me he sentido vasca y española", asegura esta mujer de 66 años nacida en Busturia, un pueblo entre Gernika y Bermeo, con cuatro hijos que viven en diferentes sitios de España.
     Los contrasentidos y la estupidez de aquellos que aman la violencia han llevado a su familia a ser objeto del fascismo etarra. Con los ojos acuosos, reteniendo las lágrimas, y con la actitud reflexiva de quien ha resistido con entereza los golpes sorpresivos de la vida, Castells rememora, a un día del aniversario del atentado que le destrozó la mandíbula a su marido, el año y los momentos más difíciles de sus vidas. No fueron las Navidades de 1997, cuando unos encapuchados destrozaron su librería e hicieron de sus libros una hoguera; tampoco los años de la persecución franquista, sino el atentado que casi termina con la vida del político socialista lo que más ha lastimado a la familia Recalde Castells. Y, sin embargo, ella mantiene la misma tenacidad de siempre.
     El 6 de agosto Lagun reabrió gracias al apoyo moral y económico de innumerables miembros de la sociedad civil, de intelectuales, editores, libreros, partidarios de la libre circulación de las ideas, lectores, miembros de la plataforma ¡Basta ya! Esta vez se ha trasladado a otro número 3, pero de la calle Urdaneta, en una zona más vigilada dado que ahí también se encuentran las sedes de los principales partidos políticos, una comandancia de policía y una oficina del ayuntamiento.
     El apoyo recibido le ha dado a Castells el optimismo y la esperanza en que la razón y la cultura puedan combatir, con el arma de las ideas y la inteligencia, la barbarie terrorista.
     "Si no reabriera tras este apoyo me quedaría muy mal. Tras el atentado de mi marido lo peor que podíamos hacer era sentirnos derrotados o vencidos", dice.
     Lejos de ello María Teresa Castells, quien en enero pasado recibió junto con José Ramón Recalde el Premio de Convivencia Manuel Broseta de la Generalitat de Valencia, en reconocimiento a su labor en la lucha por la tolerancia y las libertades, irradia alegría y orgullo por ese nuevo espacio del que cuelga un gran letrero con la palabra Lagun.
     Para ella también es alentador que sus visitantes, en vez de disminuir, aumenten. "Gente que hace mucho no veía y que ya no iba a comprar libros a la parte vieja, me la he reencontrado aquí", dice con afabilidad.
     En la actualidad el público de la librería no sólo está integrado por estudiantes y gente de su generación que luchó junto a ella contra el franquismo, sino incluso miembros de la burguesía donostiarra. Todos, como cuenta Castells con una sonrisa en la cara, se han acercado hasta ella para ofrecer un cálido "enhorabuena" tras la reapertura.
     Lagun es hoy un espacio de noventa metros de superficie con un pequeño pasillo superior que alberga más de quince mil ejemplares. Es un poco más grande que la del casco viejo, pero permanecen las mismas mesas, la misma distribución y, especialmente, el mismo amor a los libros.
     A diferencia de muchas otras librerías que han claudicado por el itinerante y pasajero pero siempre abundante torrente de novedades, Lagun mantiene un importante caudal de libros de fondo, esos tomos clásicos que se siguen leyendo y se siguen buscando.
     Lagun cuenta con un 10% de material en euskera y en sus mesas y estantes se puede encontrar filosofía, historia, actualidad política, narrativa, ensayo, poesía y cuento infantil, entre lo más destacable. Hay también un espacio dedicado al tema vasco, de Fernando Savater a Santos Juliá, de Manuel Montera a Varela Ortega. ¿Vende el tema vasco? Por supuesto, responde Latierro, quien junto a Castells sigue al frente de Lagun.
     Una librería no es precisamente un negocio en el sentido amplio de la palabra. El de librero es más un oficio y "una hermosa manera de ganarse la vida", dice Latierro. ¿Algún libro que nos ayude a comprender este particular momento de crisis? "La historia del siglo xx de Eric Hobsbawn", responde sin atisbo de duda.
     Habrá que mirar esa historia de nuestro siglo pasado para comprender mejor nuestro presente. La librería Lagun es un vínculo para ello, más allá de quienes piensan que quemar libros es oficio de este siglo. -