El porqué del tsunami | Letras Libres
artículo no publicado

El porqué del tsunami

Cuando ocurre cualquier catástrofe, las teorías de la conspiración apuntan invariablemente a los judíos. Así ocurrió con el 11 de septiembre y las decenas de fantasías que circularon por internet (si la Mossad tuviera una fracción del poder que le adjudican los antisemitas, Israel dominaría el planeta). Ahora, como es costumbre, los racistas desquiciados han vuelto a las andadas. En ningún lugar hay más antisemitas por kilómetro cuadrado que en los medios de comunicación del mundo árabe. Al menos cada tercer día recibo, en mi correo electrónico, un mensaje del MEMRI (Middle Eastern Media Research Institute, www.memri.org) que me pone los pelos de punta. Desde 1998, el instituto se ha dedicado a documentar el creciente fanatismo de los medios de comunicación árabes. Al leer los envíos del MEMRI me he enterado —y esto sólo en las últimas semanas— de que, de acuerdo con la obra de un doctor egipcio llamado Muhammad Abdalla Al-Sharqawi, los judíos tienen "la obligación de matar a cualquiera que no lo sea: un judío peca si tiene la oportunidad de matar a un gentil y no lo hace". En un boletín parecido, otro doctor (¿dónde reciben sus doctorados estos hombres?), un tal Jama al-Husseini Abu Farha, profesor de teología en la Universidad de Suez, explicaba, con lucidez similar, que los judíos tienen claras instrucciones, en el Talmud, de "chupar la sangre de musulmanes y cristianos para usarla en rituales religiosos", para luego proceder a informar a sus lectores que "la palabra 'judío' se usa en inglés para decir "engaño, falsedad y mentira".
     El último asunto en esta larga lista de culpabilidad apareció hace unos días. Hace unas horas leí que los judíos han resultado responsables —sorpresa de sorpresas— del terrible tsunami que devastó el sureste asiático. De acuerdo con el reporte del MEMRI, el jeque palestino Ibrahim Mudeiris aseguró, durante un sermón transmitido en la televisión de la Autoridad Palestina, que el maremoto fue obra de Alá. La lógica de Mudeiris es infalible: "¿Qué ocurrió en el sureste de Asia? [...] la corrupción y opresión provocada por Estados Unidos y los judíos se han incrementado. ¿Ha escuchado usted de esas playas a las que llaman 'paraísos turísticos'? Allí hay intereses sionistas y estadounidenses y los musulmanes son obligados a prostituirse. ¿Acaso la Tierra cerrará los ojos ante tal corrupción? No, la hora cero ha llegado." Pero las teorías de la conspiración no terminan en esa especie de venganza divina contra los intereses judíos y estadounidenses. El semanario egipcio Al-Usbu' publicó, algunos días después de la catástrofe, su propia versión antisemita de los hechos: todo ocurrió debido a una serie de pruebas nucleares llevadas a cabo entre Israel, Estados Unidos y la India con el fin de "liquidar a la humanidad". En palabras de Al-Usbu', las más recientes "explosiones nucleares" ideadas por israelíes y estadounidenses ya han "comenzado a destruir ciudades enteras".
     Los judíos, sin embargo, no parecen ser, al menos esta vez, los únicos culpables de la tragedia. La prensa árabe también ha explicado el tsunami como un golpe de Alá para castigar a todos los borrachos y homosexuales que aprovechan (naturalmente) las "festividades cristianas", las cuales generalmente "van acompañadas de cosas prohibidas: inmoralidad, adulterio, alcohol, bailes impropios". El profesor saudita Fawzan Al-Fawzan, por ejemplo, declaró la siguiente joya en una entrevista transmitida en la televisión religiosa Al-Majd, que se origina en los Emiratos Árabes Unidos: "Algunos de nuestros antepasados dijeron que si hay usura y fornicación en una aldea, Alá permite su destrucción. Es sabido que en esos hoteles, que tristemente existen en el sureste asiático musulmán, la fornicación y demás perversiones sexuales ocurren, sobre todo en épocas navideñas. Que el tsunami ocurriera en esas fechas es una señal de Alá: pasó en Navidad, cuando los fornicadores y la gente corrupta de todo el planeta vienen a refocilarse a esas tierras." Acto seguido, el profesor abundó en su explicación con un dato de dudosa procedencia: "Una bailarina cuesta 2,500 libras esterlinas por minuto y un cantante cuesta 50,000 libras por hora, y van de un hotel a otro, del anochecer al amanecer. Y así pasan la noche entera, desafiando a Alá." ¿Cómo llegó a semejantes precios el profesor Al-Fawzan? Habría que decirle que alguien, en Dubai, le está viendo la cara. En cualquier caso, para Al-Fawzan y demás analistas que tienen un sitio de honor reservado en la televisión árabe, con el tsunami "Alá se vengó de estos criminales".
     Después de leer las explicaciones de las que da fe el MEMRI, he empezado a echar cuentas de todas las cosas que han salido mal en mi propia vida últimamente. Por eso es que, ahora, he decidido pasarle la factura a la enorme conspiración sionista-estadounidense-hindú-homosexual-ebria-bailarina-fornicadora por el retraso en las obras del Periférico, por ese bar que me cobró seiscientos pesos por tres refrescos en fin de año, y por el molesto ruidito que sigue sin dejarme en paz en la ventana derecha de mi auto. Hoy en la mañana, cuando lo escuchaba, comencé a preguntarme si aquel sonsonete no sería una sutil, muy sutil venganza divina. -