El peor de los casos | Letras Libres
artículo no publicado

El peor de los casos

El primer libro de la serie es de un amarillo alarma. En los primeros capítulos, el lector puede aprender la manera de ahuyentar a un cocodrilo en pleno ataque (péguele un buen puñetazo en la nariz), cómo saltar de un auto en movimiento (gire, gire) o cómo ganar una pelea a espadas. Uno nunca sabe cuándo pueda encontrase con una máquina del tiempo y requerir de la habilidad del buen duelista.
     De estos y otros asuntos extremos trata El manual del peor de los casos. Sus autores, Joshua Piven y David Borgenicht, idearon el proyecto como una respuesta a un mundo en el que cualquier cosa puede pasar. Por supuesto que sólo existe una mínima posibilidad de que, de pronto, uno tenga que escapar de un tiroteo o traer al mundo a un niño dentro de un taxi. Pero las probabilidades existen, y por eso uno cae en la cuenta de que Piven y Borgenicht escribieron su libro pensando que, a veces, hasta lo más improbable llega a ocurrir. El manual tuvo un éxito asombroso. Corría el año de 1999.
     Como alentados por una bola de cristal, los autores se lanzaron rápidamente a publicar el segundo manual de supervivencia. Esta vez, se concentraron en todo lo que podía salir mal en un viaje. ¿Cómo detener un auto sin frenos? Lo mejor es golpearlo levemente contra la barrera de contención. ¿Cómo controlar un camello desbocado? Jale las riendas hacia un lado y haga que el camello corra en círculos; si no hay riendas, sólo agárrese con fuerza y espere. ¿Cómo salvar la vida dentro de un elevador en caída libre? Tírese boca abajo y coloque las manos en la nuca. Lo más probable es que se rompa varios huesos, pero al menos el golpe se repartirá en todo el cuerpo. Y, claro, ese peor de los casos que, tarde o temprano, tiene que pasar: ¿Qué hacer si lo secuestra un extraterrestre? Golpéelo en los ojos: recuerde que ni usted ni nadie conoce qué otras "zonas sensibles" tiene el extraño.
     Pero más allá de estos improbables sucesos, Piven y Borgenicht se adelantaron, con una precisión tétrica, al peor de los casos imaginables, el mundo posterior al 11 de septiembre. El manual del viajero ofrece instrucciones para volar un avión (aunque no un jet comercial) y cómo sobrevivir a un incendio en un rascacielos. Si el viajero termina en Paquistán (o en Colombia, o en tantos otros lugares), será bueno saber cómo negociar si uno se convierte en rehén: en caso de secuestro, mantenga la calma, no mire a los ojos a sus captores y acepte cualquier condición mientras observa con detenimiento los movimientos de quien lo tiene cautivo.
     Si uno se encuentra involucrado en un secuestro express, apresado en la cajuela, la solución es simple: busque los cables debajo del tapete y trate de liberarse jalando de alguno (parece que esto es de verdad posible). En el último de los casos trate de desmantelar las luces de frenado; una vez deshechas, es probable que pueda gritar a través del hueco. Y no se desespere: las probabilidades de asfixia son mínimas. ¡Qué alivio!
     No está de más saber, también, qué hacer en caso de un asalto común y corriente. Primero, nos dice el manual, hay que saber si el asaltante sólo quiere algo de dinero o tiene intenciones más graves. En el segundo caso, si la defensa propia se hace indispensable, el primer consejo es golpear los ojos, la garganta o las costillas del asaltante. De ser posible, un buen apretón de testículos resulta también recomendable. La vida en la ciudad de México me parece, repentinamente, más tolerable.
     Quizá temiendo que sus libros estuvieran adquiriendo un tono demasiado sombrío, Piven y Borgenicht dieron un giro a la historia y publicaron, hace poco, el tercer manual: el peor de los casos en el amor y el sexo. El librito, de un ineludible color negro, está repleto de buenos consejos. ¿Cómo detener una boda? Arme un escándalo; si eso falla, finja una convulsión. ¿Cómo escapar de una cita tétrica? Las estrategias son varias: en el peor de los casos, escape por la puerta trasera del restaurante. Tampoco falta la información más simple, como la manera de silenciar a una pareja en pleno ataque de ronquidos, cómo eliminar el exceso de gases (incluye un útil diagrama) o cómo determinar si el acompañante está casado.
     No cabe la menor duda de que el consejo más llamativo de todos es qué hacer cuando uno se enfrenta a una de las situaciones más terribles que un hombre puede imaginar, uno de esos casos en los que ser mujer realmente es una bendición. El manual da instrucciones detalladas para liberar las partes nobles si éstas caen en las fauces de ese voraz invento, de ese multidentado burlón: el zíper. La estrategia no merece ser revelada en esta nota, por más que pueda solucionar la vida de miles de lectores. Baste decir que tiene que ver con un movimiento repentino, preciso y en la dirección correcta. Jalar hacia el lado equivocado puede provocar un caos que ni el atrevido manual se atreve a contemplar. Hay cosas —y casos— que pertenecen a limbos demasiado dolorosos. -