El ojo de la ballena (Génesis, I, 2I) | Letras Libres
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El ojo de la ballena (Génesis, I, 2I)

A Betty
      
     Y Dios creó las grandes ballenas
     allá en Laguna San Ignacio,
     y cada criatura que se mueve
     en los muslos sombreados del agua.
      
     Y creó al delfín y al lobo marino,
     a la garza azul y a la tortuga verde,
     al pelícano blanco, al águila real
     y al cormorán de doble cresta.
      
     Y Dios dijo a las ballenas:
     "Fructificad y multiplicaos
     en actos de amor que sean
     visibles desde la superficie
      
     sólo por una burbuja,
     por una aleta ladeada,
     asida la hembra debajo
     por el largo pene prensil;
      
     que no hay mayor esplendor del gris
     que cuando la luz lo platea.
     Su respiración profunda
     es una exhalación".
      
     Y Dios vio que era bueno
     que las ballenas se amaran
     y jugaran con sus crías
     en la laguna mágica.
      
     Y Dios dijo:
     "Siete ballenas juntas
     hacen una procesión.
     Cien hacen un amanecer".
      
     Y las ballenas salieron
     a atisbar a Dios entre
     las estrías danzantes de las aguas.
     Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.
      
     Y las ballenas llenaron
     los mares de la tierra.
     Y fue la tarde y la mañana
     del quinto día. -