El manual de Hugo Chávez | Letras Libres
artículo no publicado

El manual de Hugo Chávez

PODER Y SUPERACION

Todos somos guerreros

El libro de mayor éxito editorial en Venezuela también navega sobre la abrumadora popularidad del nuevo presidente. Hugo Chávez ha cumplido —con puntual exactitud— con el manual del líder carismático y absoluto: cada detalle de su vida ya es muchedumbre. Según cuenta la leyenda, el texto de marras fue un regalo que le obsequió, al empezar su noviazgo, la actual primera dama del país al entonces comandante Chávez. Desde ese día, Lucas Estrella —autor del libro— compite con Simón Bolívar y Jesucristo en el concurso de citas a las que, con excesiva frecuencia, acude el mandatario venezolano en cada una de sus —también muy frecuentes— intervenciones públicas.
     Se llama El oráculo del guerrero. Y su democratización editorial ha sido tan feroz que ya se vende en cualquier esquina de Caracas. Su publicidad, además, está aderezada por el consejo ferviente de los ambulantes: se trata de una ayuda ilimitada y eterna que —a la manera de un mínimo I Ching, como bien apuntara el periodista español Tony Cano— puede entrar en un juego numerológico cotidiano y ser consultado, como el horóscopo, hallando siempre una lección para poder enfrentar a un lunes perezoso o a un distraído viernes, con iluminada dignidad.
     Lucas Estrella es un argentino de treinta años que reside en Chile. Su presentación también incluye el ser biólogo, comentarista de radio y experto en artes marciales. Poco hay, sin embargo, de esto en su libro. Sólo el rumor de los estereotipos de cierta "literatura oriental" y los rastros de una pésima ortografía. El éxito de El oráculo del guerrero solamente se puede explicar en el contexto del neopopulismo que ha inaugurado Chávez en Venezuela. Es un gran homenaje al subgénero. En cualquier otra circunstancia, el libro no habría pasado de ser un simple folleto, material de una barata cofradía cuyos mayores santos son Gibran Khalil Gibran y Og Mandino.
     Durante 36 diminutos capítulos, Lucas Estrella se empeña en castigar al lector y al idioma. Y lo logra con enjundiosa eficacia. Una suerte de narrador vocativo acompaña al lector-guerrero durante todos los altibajos posibles de su existencia, aconsejándolo y guiándolo. Es la retórica que disfraza su propia nada jugando a la ambigüedad de una "lejana sabiduría". Así termina, por ejemplo, el capítulo llamado "El guerrero reúne los ejércitos": "Reorganiza, acumula, enfoca y lánzate al vacío. Sólo así podrás mantenerte entero". El vacío suena, ¡oh, pequeño saltamontes!
     Lo que empezó con una curiosidad, cada vez que Hugo Chávez —tras citar a Camus, Nietzsche o los evangelios— mencionaba con la misma naturalidad El oráculo del guerrero, ha terminado por darle un alto rating a Lucas Estrella dentro de la industria editorial venezolana. Es posible que, entre las páginas de este libro, esté sudando la misma cultura mesiánica con la que el nuevo gobierno se alimenta. Somos los hijos de Bolívar. Los invencibles. Los tocados por el destino. Los elegidos para cambiar la historia. Sí. Todos somos guerreros.
     Ya se sabe: un guerrero sin oráculo es un espíritu perdido, una sombra extraviada en la multitud; un dios sin diccionario, un héroe sin espejos. -