El espantapájaros | Letras Libres
artículo no publicado

El espantapájaros

Se puede refutar la existencia de Dios
     pero no la del diablo.

No verás mejores tomates en mucho tiempo.
     Ven, Marta, muérdelos,
     como si fueran manzanas.
     Y después de cada mordisco
     añade una pizca de sal.

Si el jugo se desliza por tu cuello
     y mancha de rojo tu escote,
     inclínate sobre el lavabo.

Desde allí podrás ver a tu marido,
     parado en mitad del sembrado:
     una de sus ideas más amargas se le encara
     y extiende sus brazos como un espantapájaros. -

 
     — Versión de Jordi Doce

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