"El cordero Luis XV, gemebundo" | Letras Libres
artículo no publicado

"El cordero Luis XV, gemebundo"

El verso que da título a la nota corresponde a Muerte sin fin, el largo poema de José Gorostiza publicado por primera vez en 1939. Es el verso 602 y está en el canto noveno de los diez en que se divide el poema. Ha sido de difícil interpretación: ¿Por qué "el cordero" tendría que ver algo con "Luis XV"? El canto noveno es el más largo, tiene 232 versos, y describe el regreso de todo lo que existe hacia la nada, en una especie de descreación del mundo. Según el poema, todas las cosas tienen forma; cuando la Forma en sí regresa a la nada, las cosas, que pierden su forma, regresan también a la nada. El regreso se da en cierto orden, en una cadena jerárquica descendente: primero desaparece la Forma, luego la poesía, en seguida el lenguaje, después los animales, los vegetales y los minerales. La cadena va de lo más complejo, o de mayor entidad, a lo más simple y de menor relevancia. Si la Forma en sí representa a Dios, y la poesía y el lenguaje al hombre, la serie es más clara: primero desaparece la inteligencia pura (Dios), luego la inteligencia impura (el hombre), después los seres vivos con movimiento (animales), los vivos sin movimiento (vegetales) y los inanimados (minerales).
     En la sección de los animales (587-624) desfilan, entre otros, "el ulises salmón de los regresos", "el delfín apolíneo, pez de dioses", "el bóreas de los ciervos presurosos", "el león babilónico / que añora el alabastro de los frisos", y "el cordero Luis XV, gemebundo." El salmón es "ulises" porque al culminar su vida regresa a desovar donde nació, como Ulises regresa a Ítaca después de sus correrías; el delfín es la apariencia que tomó Apolo para establecerse en su santuario, por ello resulta "apolíneo" y "pez de dioses"; el león fue representado en los muros de Babilonia, de ahí que sea "babilónico", y los ciervos corren tan ligero como el viento del norte, "el bóreas". Pero ¿por qué "el cordero Luis XV"?
     El "cordero Luis XV" suena un poco a "el cordero estilo Luis XV", como en las frases "librero Luis XV" o "mesa Luis XV". También podría decirse que el salmón tiene el estilo de Ulises, el delfín el estilo de Apolo, el león el estilo de Babilonia. En cada uno de estos tres casos, los versos correspondientes ostentan un gran decoro; en comparación, "el cordero Luis XV, gemebundo" es un guiño al lector que envuelve a Luis XV con un halo de debilidad, lo que por otra parte no es tan ajeno a su biografía. La Odisea, los dioses griegos, el Imperio Babilónico parecen pertenecer a un orden más alto, o tener una mayor dignidad que el rey francés. Como si Gorostiza hubiera querido aligerar un poco, con un animal niño, el cordero, y con un rey débil, Luis XV, la enumeración de forzudos que avanzan hacia su muerte definitiva. Los animales del canto noveno, de regreso hacia "el primer silencio tenebroso", son humanizados compasivamente por el poeta, e investidos de literatura, historia y alusiones mitológicas y geográficas; sólo el cordero bala, gemebundo, por su inminente disolución en lo informe.
     Mordecai S. Rubín, en su interpretación del poema (Una poética moderna, UNAM, México, 1966, pág. 134.), dice que el cordero "se asocia con Luis XV por la costumbre de la aristocracia francesa de su época de usar una peluca blanca empolvada parecida a la lana del cordero". Pero ¿por qué entonces no asociarlo con Luis XIV, o con Luis XVI, que también usaban pelucas? Rubín añade en seguida: "(y además de jugar [los aristócratas] a los pastores)". Pero en la época de Luis XV los nobles todavía no jugaban a "los pastores" —o a los granjeros, en realidad—, como sí lo harán en el tiempo de Luis XVI. Luis XV fue rey entre 1715 y 1774, y desde muy pronto la corte abandonó los usos del reinado anterior; para 1730 los decorados habían adoptado las curvas rococó y los colores claros y alegres, las habitaciones pequeñas y acogedoras eran preferidas a los grandes salones, las viejas y complicadas modas en el vestir fueron sustituidas por otras más cómodas y, entre muchas otras cosas, "había desaparecido la inmensa peluca leonina que gozaba de la preferencia de Luis XIV. En cambio los hombres usaban una peluca de cabellos cortos arriba, con rulos a los costados..."
     (Olivier Bernier, Luis XV / El Bienamado, Javier Vergara, Buenos Aires, 1996, pág. 105). Los "rulos a los costados", tal como lucen en algún retrato del rey, blancos y ordenados en tandas sucesivas, son como los vellones de lana de las ovejas. También aquí habría un momento de humor en el poema: los corderos, en fila hacia la destrucción final, balando por el desastre, llevarían pelucas estilo Luis XV. -