El capitán Trujillo | Letras Libres
artículo no publicado

El capitán Trujillo

"Una revista literaria es la obra de un grupo de amigos que aman u odian algo, apasionadamente; lo otro es una antología.” La frase de Borges que más o menos reconstruyo (y en el “más o menos” está toda la diferencia de estilo, pero no de esencia) ha sido el santo y seña de Letras Libres desde su origen, en enero de 1999. Nuestros amores están inscritos en nuestras siglas: amor a la libertad, amor a la literatura. A la libertad, no como ideal abstracto sino como el aire elemental sin el cual no respira una sociedad que busca la civilizada madurez. A la literatura, no como una asignatura académica sino como una exigencia permanente de calidad expresiva, de originalidad y pulcritud, y sobre todo de crítica. Junto a la planta veterana de Vuelta que nos ha acompañado desde el inicio (Gabriel Zaid, José de la Colina y el inolvidable Alejandro Rossi), un puñado de jóvenes creyó en este proyecto, se incorporó al barco y ha trabajado por más de diez años en la travesía. Entre ellos descolló siempre, por su talento, laboriosidad y bonhomía, el poeta y editor Julio Trujillo, que formó parte de la redacción de la edición mexicana de Letras Libres desde nuestro primer número, en enero de 1999, y que luego fungió como Jefe de Redacción de la misma entre octubre de 2001 y julio de 2006.

Aquella pauta literaria y liberal presidió también la fundación en octubre de 2001 de Letras Libres Internacional, con sede en España. Su primer director editorial fue Ricardo Cayuela Gally, por entonces Jefe de Redacción en México, quien se mudó a la patria de sus ancestros a “Hacer la América” al revés: poner una pequeña pica cultural mexicana en la riquísima Flandes de la vida editorial española. Su compañera en esa empresa de conquista y reconquista fue Leonor Ortiz Monasterio, sin cuyo dinamismo, inteligencia y sensatez el barquito hubiera naufragado ante el embate de las primeras olas. Gracias sobre todo al tándem maravilloso de Ricardo y Leonor, la revista se consolidó hasta cumplir su primer quinquenio, tras el cual se impuso un enroque. Cayuela regresaría a México, Trujillo tomaría el timón en España. Por lo que hace al aspecto administrativo, la relojería que –al regresar a México– dejó Leonor Ortiz Monasterio seguiría en marcha bajo su propia supervisión y la mirada de su colaboradora Mara Figueroa.

La gestión del capitán Trujillo ha durado casi tres años y, a los ojos de este modesto “almirante” (como él me llama), ha sido excepcional. No sólo ha consolidado el importante sitio de la revista en la órbita española e iberoamericana sino que le ha impreso su propio sello, con una apuesta decididamente literaria. “Se puede ser poeta y ser feliz”, me dijo alguna vez, con plena convicción, mi amigo Julio. Viéndolo trabajar, escribir, gozar y vivir, he comenzado a descreer en el genio tácito de los “poetas malditos”. Hay también “poetas benditos”. Su alegría creativa nos ha contagiado siempre.

Ahora Julio dejará en julio Letras Libres Internacional. La empresa cumplirá el próximo mes de octubre ocho años de aparecer en kioscos. Nuestros lectores la buscan mes tras mes, nuestros suscriptores nos son fieles, nuestros generosos patrocinadores han seguido apoyándonos. En ese marco de consolidación, ha llegado el momento de un cambio previsto en el diseño original de la revista en España. Se trató siempre de arraigarla en ese país y por eso se pensó en contratar a varios jóvenes españoles que eventualmente pudieran hacerse cargo de su marcha editorial. Entre quienes transitaron por la revista ha destacado el joven escritor Ramón González Férriz, que a partir de este número –tras la salida del capitán Trujillo– ocupará la Secretaría de Redacción, siguiendo los lineamientos del Jefe de Redacción de ambas ediciones: Ricardo Cayuela Gally.

El adiós a Julio Trujillo es también una bienvenida. De vuelta en México, el capitán colaborará con la revista que tanto le debe, que tanto ayudó a integrar; permanecerá también en nuestro Consejo Editorial y seguirá acompañándonos en esta buena batalla por todo lo que queremos y contra todo lo que no queremos. Pero ¿es de veras el amor y el odio lo que mueve a una revista? Bien leída, la frase de Borges esconde, con la fuerza del predicado, al sujeto que es la clave del éxito de esta y de cualquier otra empresa cultural. Ese sujeto es “un grupo de amigos”. Ese ha sido el viento que impulsa e inspira nuestra travesía: la amistad. Gracias, capitán; gracias, amigo. ~