El bolero de Updike | Letras Libres
artículo no publicado

El bolero de Updike


     "El presente es el futuro del pasado" sentencia John Updike en la introducción a la edición de 1977 de su primer novela, La feria del asilo. En dicha introducción, Updike expone los motivos autobiográficos y la relación que une esta novela con otras novelas de anticipación, como 1984, Un mundo feliz y La máquina del tiempo, a la vez que disecciona los anacronismos y yerros de su visión alcanzada del futuro; entre los más flagrantes: la muerte de Kennedy y el ascenso de la subcultura del hedonismo con su acento mediático. Al paso, Updike señala que la sociedad descrita en la novela "tiene un acento hispanoamericano que no se ha producido en realidad, aunque parece correcta la suposición de un avance de la posición de la gente de piel atezada". Además de ciertos logros, como la presencia de elementos que ahora denominaríamos "retro" (Updike declara haber propuesto "un futuro imprevisible envuelto en las neblinas de algo parecido a la nostalgia, un 'no futuro' lleno de zumbidos y pasado de moda"), lo cual otorga su acento distintivo a clásicos del cine posmoderno, como Blade Runner de Ridley Scott o Brazil de Terry William, el predominio de la cultura hispanoamericana finalmente sí sucedió, sólo que no en el difuso futuro donde se sitúa la novela, sino en nuestros días informatizados. Hará más de una década que la coletilla que podríamos denominar "de torero" y el peinado con gomina aparecieron, así como la presencia de acentos latinos en los media, los más visibles: la entronización de figuras latinas como sex symbol: Banderas, Hayek, JLo...
     "Grace llevaba una falda de tela con estampado de flores, en tonos rojo y castaño, y una chaquetita blanca, de inspiración española, hecha de encaje, que parecía como si se la hubiera puesto del revés: una serie de botones muy seguidos bajaban por la espalda y por delante, la tela caía recta y tiesa, desde los pechos." Una de las manifestaciones que se antojaban más lejanas era la popularización de una prenda visiblemente anacrónica, como el bolero. No deja de ser curioso que al poncho, otra prenda difícilmente atractiva, haya sucedido como prenda de auge esa chaquetilla de ascendencia andaluza, que destaca el talle, y que durante los cuarenta lucieron artistas como Rita Hayworth. De Gwyneth Paltrow a Beyoncé y de Angelina Jolie a Lindsay Lohan, usan este atuendo como un complemento de índole formal o informal, según lo combinen con jeans, traje o vestido. Hay desde diseños clásicos que respetan el estilo original o bien remiten a su elaboración en los cuarenta —como aquellos que llevan encaje en las orillas o bien eligen las mangas abullonadas—, hasta nuevas versiones del bolero: con una extensión aún menor o bien con acentos que rayan en el kitsch, como por ejemplo cargados de pedrería. Quizá, después de todo, Updike acertó y aún nos falte por oír canciones pop inspiradas en las cantigas de amigo. -