Doce epigramas | Letras Libres
artículo no publicado

Doce epigramas



1. Soledad en compañía
     No te sorprenda en nada que rechace
     tu invitación
     para una cena de trescientos, Néstor:
     No me gusta cenar a solas.

2. Nerón contra los corruptos
     Nerón quiso que Roma fuera honrada:
     así pudo robar él solo.

3. Doble moral
     Te compadeces del cartaginés
     y tratas a patadas a los tuyos.

4. Inéditos
     Me dijeron que Cinna escribió en contra mía.
     Pobre Cinna: no escribe
     ya que nadie lo lee.

5. Globalización
     Eres muy pobre y serás más pobre.
     Ahora sólo los ricos se enriquecen.

6. Perjurio
     Dices que es tuyo el pelo que te pones:
     ¿no temes el arresto por perjurio?

7. Vejamen de la ebriedad
     Con horribles pastillas perfumadas,
     intenta enmascarar el alcohol barato.
     Pero del fondo de su cloaca brota
     el olor nauseabundo.
     Es preferible que no mezcle
     dos fetideces
     y acepte ser borracho.

8. El declamador
     Son míos los versos.
     Cuando los declamas
     se vuelven tuyos porque los destrozas.

9. La buena tierra
     Preguntas qué me da mi parcela
     en una tierra tan distante de Roma.
     Da una cosecha que no tiene precio:
     el placer de no verte.

10. Elogio fúnebre
     Reservas tus elogios para los muertos,
     jamás aprecias a un poeta vivo.
     Discúlpame, prefiero seguir viviendo
     a tener tu alabanza.

11. Brevedades
     Vélox, criticas
     mis epigramas. Te parecen largos.
     Los tuyos son brevísimos:
     no escribes nada.

12. La tumba de la abeja
     Yace la abeja en una gota de ámbar,
     atrapada en su néctar.
     Su laboriosidad tejió el sepulcro.
     Imposible encontrar mejor destino. ~

Hace mil novecientos años, en 102 después de Cristo, Cayo Valerio Marcial regresó a Bílbilis (Calatayud, en Zaragoza) para morir en donde había nacido, quizá en 39 ó 40. Se educó en las instituciones latinas de Hispania y fue a Roma para buscar la protección de sus compatriotas Quintiliano, Séneca y Lucano. Igual que tantos otros poetas, tuvo que mendigar la ayuda de los poderosos y alabarlos sin medida. Su primera obra, el Liber Spectaculorum, es un descarado elogio de Tito Flavio Vespasiano cuando erigió el Coliseo. Más tarde consiguió el rango de tribuno y se le otorgó la exención de impuestos. Ganó la libertad para volverse crítico y escribir treinta y tres libros de epigramas que, como las Sátiras de su amigo y contemporáneo Juvenal, describen corrupciones muy semejantes a las nuestras.
     El epigrama, en su origen una simple inscripción en tumbas, monumentos y estatuas, alcanza gracias a los autores incluidos en la Antología griega la capacidad de ser lírico, dramático, reflexivo. A partir de Marcial es sobre todo un dardo que se dirige contra alguien. En el siglo xix el triunfo de la prosa alejó el verso de la narración y el teatro y también del ingenio. Por ejemplo, las frases de Oscar Wilde son epigramas que conservan la velocidad, la nitidez, la economía y la tersura de Marcial pero ya no están versificados.
     Hay una discusión interminable en torno a si Marcial es nada más un satírico romano o si sus epigramas prefiguran el realismo español. Aquí sólo hemos querido recordarlo con doce de ellos en su decimonoveno centenario. ~
     — Versión y nota de José Emilio Pacheco