Yo firmé el desplegado | Letras Libres
artículo no publicado

Yo firmé el desplegado

Una de las firmantes del desplegado En defensa de la libertad de expresión explica las razones que la llevaron a hacerlo.

¿Qué hay en un nombre?
Aquello que llamamos rosa
Con cualquier otro nombre olería así de dulce

Shakespeare, Romeo y Julieta

Traducción mía

1

 

Mi nombre es Patricia Stillmann. Nací en 1951, seis años después de que mis padres fueran liberados de los campos de concentración nazis. Escogieron este nombre para mí porque no tenía ataduras con un pasado fascista, discriminador y totalitario. Y porque tampoco traía reminiscencias de una comunidad que fue perseguida, excluida, torturada y cruelmente desaparecida. Patricia es un nombre nuevo en mi familia, porque nueva era la vida que buscaban al ser recibidos en México. Aquí se garantizaba la dignidad humana, es decir, podrían ejercer la libertad de ser, trabajar, reunirse, pensar, hablar y profesar cualquier culto. Obviamente, la libertad en todas sus presentaciones ha sido el valor primordial en mi formación. El respeto a las diferencias dentro del marco de una ley única para todos, una ley que consagra la no discriminación.

Mientras iba creciendo me fui empapando de la historia de la primera mitad del siglo en general, y especialmente de la historia particular de la que yo venía. Fui deduciéndola a través de los miedos y las paranoias familiares, efectos que provienen de las víctimas de discriminación. Me indigna entonces cuando desde el poder del Estado se crea tal división entre sus ciudadanos, indoctrinándolos con maniqueismos para generar odio de unos hacia otros, y señalando culpables que no tienen mayor mérito o responsabilidad que haber nacido dentro de una comunidad con creencias y cultura distintas a las del líder. Y con esta división donde no se perciben más opciones que estar a favor o estar en contra, viene la condena de quienes expresan algo distinto. Estos son convertidos en enemigos por decreto, ya sea por origen étnico, religioso, económico, o político. Se les designa con epítetos que los marcan, y el diálogo se evita sistemáticamente.

Hablar, protestar, expresar opiniones, disentir, está dentro de los valores en los que creo. Aprecio las diferentes visiones y creo en el diálogo para resolver diferencias.

Me adhiero a este poema de Martín Niemöller.

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada

Y por eso firmé.

Firmé una carta apoyando la libertad de expresión. Libertad que, como muchas otras, tristemente está siendo asediada en este mundo. Un gran retroceso después de tantos años de lucha a favor de la democracia. Y por esa firma mía, por mi nombre, decidieron darme por muerta, asignarme otra profesión, edad y fecha de nacimiento. Y como postre, soltar todo tipo de insultos que incurren en delitos discriminatorios. Mi nombre fue usado para desprestigiar una legítima petición.