Visiones desde la cuarentena: París | Letras Libres
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Visiones desde la cuarentena: París

A los parques de la Ciudad Luz llega la primavera, mientras al interior de las casas se dirimen preguntas importantes. Desde distintas latitudes, reunimos en esta serie testimonios de la cuarentena más extensa de la historia.

¡Todos a cubierto!

Junto con el virus, el tsunami de ansiedad contagia a cada país, cada familia, cada ciudadano. No hay circunferencia, estamos todos en el epicentro del reality show informativo, temblando a cada restricción de movimiento, a cada frustración de contacto, considerando cualquier carraspeo como el gruñido del enemigo invisible dispuesto a devorarnos. Unidos por el destino patológico, nos hemos vuelto al mismo tiempo un peligro el uno para el otro. Lo que nos acerca, nos separa. Las redes sociales exhortan al distanciamiento social. En un desenfrenado reflejo anal, intentamos guardar el control de una situación que nos escapa, comprando dementes cantidades de papel higiénico. Vaciamos los supermercados de todo aquello que deberemos ingerir para poder expulsarlo a proporción, pese a que se nos repita que no faltará abastecimiento, preparándonos quizás no tanto para la falta de alimento, sino para la reducción drástica de la principal actividad que se nos ha inculcado: consumir.

El gobierno francés ha dado la orden de no salir de casa por lo menos durante los próximos quince días. Los cafés, los restaurantes, los cines, las salas de espectáculo, los parques, todos los comercios, salvo los de alimentación y las farmacias, deben permanecer cerrados. La policía multa a los paseadores recalcitrantes. Sospechamos que el "por lo menos" sobreentiende que será por más. ¿Qué a va a ser de nosotros, si ahora el sábado no podremos ir al mall? ¿Qué será de mi pareja cuando tengamos que efectivamente compartir la vida pegados el uno al otro, encerrados en nuestro hogar dulce hogar? ¿Seré capaz de soportar a mis hijos 24/7? ¿Más aún que la escasa probabilidad de morir, nos angustiará quedarnos en nuestros limitados metros cuadrados, frente a frente con ese desconocido: nosotros mismos?

Miro por la ventana de mi apartamento, ahora celda: la primavera ya está aquí, allí, con rozagante anticipo. El cielo azul, la grata temperatura y las flores recién brotadas parecen desde afuera burlarse de nosotros. Dicen que en 1940, cuando la segunda bélica infección mundial pasó la frontera francesa, la primavera era igual de hermosa.