El loro del Rin | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Carlsonbl / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0). Ilustración: Letras Libres

El loro del Rin

El amor de Wagner por los perros fue consistente, pero tuvo dos talentosos loros, Papo y Jacquot, que no desempeñaron un papel secundario en su obra.

Recientemente, leyendo Música en 1853. La biografía de un año, de Hugh Macdonald (cuya reseña puede encontrarse en el número de agosto de Letras Libres), me enteré de que Richard Wagner (1813-1883) había tenido dos loros de mucho talento, sobre los que quise investigar un poco más. Aunque pareciera que escribo este artículo solo para justificar un título, el lector corroborará que tiene todo el sentido del mundo.

Es verdad que el amor de Wagner por los perros fue más consistente –Peps, Pohl, Russ, Marke, Brange y Froh, entre otros cánidos, recorren buena parte de su biografía–, sin embargo, eso no significa que los loros –Papo y Jacquot– desempeñaran un papel secundario. Por la manera en que Wagner se refiere al primero (“la criatura más amable y más tiernamente unida a mí”, le confiesa a su amigo Theodor Uhlig),

Richard Wagner's letters to his Dresden friends, Cambridge University Press, 2014, p.93.

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podría decirse que Papo despertaba en él sentimientos más nobles que varias personas de su entorno. Nada ejemplifica mejor esta peculiaridad que el episodio que unió sus vidas. Después de una serie de desagradables experiencias con el montaje de Rienzi en Hamburgo, un empresario decidió regalarle a Wagner aquel loro, en señal de buena voluntad. “Lo llevé conmigo en su estrecha jaula –cuenta el compositor en su autobiografía–, y me conmovió descubrir que rápidamente correspondió a mis cuidados y se apegó mucho a mí.” Al lado de su perro Peps “hizo mucho por alegrar una casa en la que no había niños” y favoreció el “entendimiento mutuo entre mi esposa Minna y yo.”

Richard Wagner, My life, disponible en inglés en: wagneropera.net

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Su descripción de Papo como un pájaro “sociable, estudioso y sin vicios” no resulta exagerada si tomamos en cuenta sus habilidades, entre las que se encontraba silbar el comienzo de la Sinfonía 8 en Fa mayor de Beethoven. Minna también le enseñó una parte de Rienzi que el loro interpretaba cuando Wagner subía las escaleras.

¿De qué fragmento podría tratarse? Previsiblemente, alguien ya se hizo esa pregunta. El musicólogo Martin Geck asegura que es un “tema festivo”, comprendido entre las barras de compás 155 y 158 de la obertura:

partirura
Tomado de: Martin Geck, Richard Wagner. A life in music, University of Chicago Press, 2013, p. 39.

 

¿Cómo llegó a esa conclusión? Bueno, compren su libro.

No era el único talento del loro. Gustav Kietz, amigo de los Wagner, relata que era común que, frente a los invitados, “Minna ordenara a Papchen llamar a su dueño, a lo que el pájaro gritaba: ‘¡Richard! Freiheit! Santo Spirito!’ para su perpetuo entretenimiento. Durante nuestra comida, Papo imitaba el sonido de una puerta chirriante con tanta precisión que yo siempre caía en la trampa y buscaba al intruso, lo que le causaba a Wagner gran deleite”.

Carl Friedrich Glasenapp cita este testimonio en Life of Richard Wagner 2. Opera and drama, Routledge, 2019.

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Las expresiones Freiheit! y Santo Spirito provienen del tercer acto de Rienzi.

El loro murió en 1851. En una carta Wagner recuerda “nunca haber llorado tanto”

Family Letters of Richard Wagner, Cambridge University Press, 2015, p. 182.

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y no era para menos a la luz de los acontecimientos. En febrero de ese año, el compositor estaba dedicado en cuerpo y alma a la escritura de Ópera y drama, su extenso tratado acerca de una forma suprema de arte que superara los espectáculos comerciales de Rossini y Meyerbeer: “Según mis cálculos, solo se necesitaban unos pocos días de labor perseverante para completar mi manuscrito, cuando mi loro, que generalmente me observaba en mi mesa de trabajo, se enfermó de gravedad. Como ya se había recuperado de varios ataques similares, no me angustié demasiado. Aunque mi esposa me rogó que fuera a buscar a un veterinario que vivía bastante lejos, preferí quedarme en mi escritorio y posponer mi salida. Por fin, una tarde, el más importante de todos mis manuscritos estaba terminado, y a la mañana siguiente nuestro pobre Papo yacía muerto en el suelo.”

Richard Wagner, My life, disponible en inglés en: wagneropera.net

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Un momento wagneriano, sin lugar a dudas.   

Dos años más tarde, el compositor emprendió un viaje solitario a La Spezia, Italia, en el que cayó terriblemente enfermo, pero de un modo beneficioso para la historia de la música. “En un estado de sonambulismo en el que de repente me sentí como si estuviera naufragando en un torrente de agua”, concibió el preludio de El oro del Rin, la primera de las obras con las que llevaría a la práctica las ideas de Ópera y drama. No había terminado ninguna composición en cinco años, de manera que ahora sentía la imperiosa necesidad de volver a casa. De nuevo en su hogar y consciente del rol que jugaban los animales en su relación, Wagner le compró a su mujer un loro “muy bueno e inteligente”, que reemplazara al finado Papo, al que ella “trató con invariable amabilidad, pero nunca hizo su amigo”. Al igual que su predecesor, Minna le enseñó a Jacquot toda clase de trucos, el más llamativo: decir “Richard Wagner ist ein böser Mann” [‘Richard Wagner es un hombre malvado’] cada que había oportunidad.

Para el periodo en que Wagner compuso El oro del Rin (1853-1854), el deterioro de su matrimonio era más que evidente (ante Liszt se lamenta de haber tenido “un casamiento prematuro” con “una mujer respetable, cuyo lugar no era estar a mi lado”). Un día, mientras plasmaba en el libreto el altercado entre los dioses Wotan y Fricka, recibió una carta de Minna desde Berlín, en la que ella insinuaba que Wagner no se encontraba trabajando sino con su amante. Wagner respondió: “Cuando recibí tu desconfiada carta, estaba a punto de componer la aparición de Fricka. En absoluto fue una mala coincidencia”.

La información de todo este párrafo proviene de: Eva Rieger, Richard Wagner’s Women, The Boydell Press, 2011, pp. 115-116.

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Ese es el motivo por el cual Fricka usa las siguientes palabras para reclamarle a su marido en la cuarta escena de El oro del Rin:

 

Böser Mann!
Der Minnigen botest du das!

[‘¡Hombre malvado!
¡A la amorosa haces pasar por esto!’]

Se ha traducido también como “¡A la amorosa le ocasionaste eso!” o “¿Cómo pudiste hacerle esto?”. Queda claro, al menos, el enojo de Fricka.

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Esa fugaz cita del loro puede apreciarse en el minuto 7:45 del siguiente video (con subtítulos en alemán y en inglés):