Diez viñetas con Vicente Rojo | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: Rubi Joselin Ibarra, https://www.flickr.com/photos/yoselin/4172189821, CC BY-NC-ND 2.0

Diez viñetas con Vicente Rojo

Discípulo y amigo de Vicente Rojo, el autor recuerda en este texto distintos momentos de una amistad de un cuarto de siglo.

I
En 1990 empecé a estudiar diseño gráfico en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Afortunadamente, ese mismo año acudí a la exposición Vicente Rojo, 40 años de diseño gráfico en el Palacio de Minería, y comencé a aprender diseño gráfico.

II
Ayer murió mi querido Vicente. Hoy es el cumpleaños 82 de mi padre, y vine a su casa a saludar. Separo en el librero los libros y portadas que han sido diseñados por Vicente, y que recuerdo desde niño. Hay libros que tienen más años que mi hermano mayor. Platico de los libros con mi mamá.

III
Entre las joyas del librero de mis padres está la séptima edición de Cien años de soledad editado por Editorial Sudamericana. Su diseño lleva la letra E de la palabra soledad en espejo, y me lleva a pensar que Rojo ha interpretado la novela simbólicamente, con imágenes de viñetas tipográficas y filetes decimonónicos. También localizo la edición de 1967 de Nueva grandeza mexicana, de Salvador Novo, publicada en Era, con pasta dura y tela, y con fotos de Héctor García en la camisa y en distintos tonos en el interior, de diseño impecable. También veo varios ejemplares de la serie El volador, publicados en Joaquín Mortiz, con el hermoso sistema de diseño elaborado por Vicente. De la misma editorial me encuentro Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, en pasta dura y con bellos dibujos de Vicente en la portada. Los diseños con altos contrastes fotográficos y la tipografía Bell de Los días y los años de Luis González de Alba y La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, me llevan a pensar en la Era de Vicente. Estas ediciones tienen páginas de cortesía a dos colores en portadillas y están numeradas en el colofón. Días después mis padres me obsequian su ejemplar de Cien años de soledad.

IV
Es 1997. Germán Montalvo organiza una exposición de 10 diseñadores gráficos mexicanos en Japón. Nos reunimos en el estudio de Germán. Yo tengo 25 años y Vicente 65. Es la primera vez que hablo directamente con él. Vicente me dice que le gusta mi cartel. Le agradezco como puedo.

V
2007. Me puse muy contento el día que Rafael López Castro me invitó a la comida que cada año Vicente ofrecía a los amigas y amigos diseñadores que colaboraron con él en la Imprenta Madero. Hablamos de Max Aub y me pide Vicente que le hable de tú. Le hablo de tú como puedo.

VI
Acompaño a Rafael al taller de Vicente. López Castro le muestra una selección de 100 fotografías que documentan el proceso creativo de Rojo por varios meses. Piensa exhibirla en la próxima exposición de Rojo. Vicente distribuye las fotos por todo el lugar, las mira con atención y se lleva las manos a la cara. Vicente le pregunta a Rafael si puede hacer una selección, a lo que López Castro accede sin titubeos. Elige diez.

Por mi parte, les propongo hacer un video con las 10 mil fotos que López Castro había tomado por meses en el taller de Rojo, y que acomodadas en secuencia creaban un video en stop motion de cerca de 15 minutos. El video se llama Música de cámara –lo nombró Bárbara Jacobs– y se presentó en Correspondencias, de Vicente Rojo, en la Estación Indianilla, en 2009.

dedo magallanes
Foto: Cortesía de Alejandro Magallanes.

VII
2021. Hace dos días murió mi amigo Vicente. Escribo esto en la imprenta a la que vine a revisar a pie de máquina un libro del fotógrafo Rodrigo Moya. De repente comienza a sonar la alarma sísmica. Ya en la calle, me fijo en un papel que está en el suelo. Me acerco y veo que el pedazo de papel parece una de las manitas apuntando con el dedo, como las que Vicente usaba en algunos de sus diseños.

Pienso: imprenta, libro, temblor y señal.

VIII
Al leer en el Archivo Blanco la descripción detallada de cómo imaginaba Octavio Paz la versión fílmica de su célebre poema, y cómo le escribe a Vicente en 1968 diciéndole que era la única persona con la que podría colaborar para llevar a cabo tal proyecto, pensé que era técnicamente posible llevarlo a cabo en 2011. Me reuní con Vicente y, emocionado, le planteé la idea. Yo podría hacerme cargo de la producción de lo que él diseñara.

Me escuchó pacientemente con mucha atención, como siempre lo hacía, y cuando terminé de decirle esto y aquello, me dijo:

–Pues no, en su momento no lo hice.

Insistí:

–Pero Vicente, dijo Paz que tú eras la única persona que podría hacerlo de acuerdo a lo que él imaginaba...

–Pues Octavio estaba equivocado.

IX
En noviembre de 2020, después de una charla por Zoom en la que entrevisté a Germán Montalvo sobre el trabajo de Vicente en imprenta Madero, Vicente nos escribió un mail:

Posiblemente algo de lo que ustedes dijeron sobre mí de hace años y años pudo ser cierto. Quienes me ayudaron en el trabajo de diseño en Madero se consideran deudores míos, pero ellos no se daban cuenta de lo que yo aprendía de ellos. Si no hubiera estado rodeado de jóvenes tan creativos como ellos, yo no habría podido hacer mi trabajo, que fue mucho, muchísimo, y en esto sí puedo creer en lo que ustedes comentaron al respecto. [...] En mi caso, recuerdo que lo único que yo podía enseñar era a trabajar con pasión, imaginación y la libertad de la que habló Germán. Además, de ser posible, a utilizar algo de humor y otro algo de provocación. De todo lo que digo, lo que me complace más es creer que pude haber enseñado algo.

X
La última vez que me reuní con Vicente fue a finales de 2020. Nos sentamos en el parque que está frente a su taller en Coyoacán y platicamos de varias cosas muy personales que siempre me acompañarán. También platicamos del techo de luces del Monte de Piedad, el mural de piedra en el Museo Kaluz, y de Ipanema, el libro sobre la travesía de su padre. Estábamos muy contentos, y un joven que pasaba nos tomó esta foto.

alejandro magallanes y vicente rojo
Foto: Cortesía de Alejandro Magallanes.