Cultura condensada: de activismo ambiental y el adiós a un promotor cultural sin par | Letras Libres
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Cultura condensada: de activismo ambiental y el adiós a un promotor cultural sin par

En esta entrega, una reflexión sobre los gestos supuestamente amigables con el medio ambiente y un pequeño homenaje al promotor cultural Ignacio Toscano.

Ambientalismo de relaciones públicas

Australia arde y al menos 500 millones de animales han muerto por los incendios. Mientras, en Indonesia las inundaciones severas han cobrado más de sesenta vidas. Estas noticias alarmantes provocan que uno sienta la urgencia por emprender acciones que ayuden a evitar que la crisis ambiental siga en aumento. Si bien dejar de consumir carne o usar el transporte público en vez del carro son actos que ayudan a reducir la huella de carbono, para lograr resultados notables se requiere que las grandes compañías y los gobiernos emprendan acciones globales. No obstante, hay una diferencia entre asumir un verdadero compromiso ambiental y presumir que se realizan ciertos gestos en favor del medio ambiente solo para quedar bien con sus seguidores.

Esta semana, la revista de moda Vogue Italia dio a conocer su número de enero. La peculiaridad es que ni una sola sesión fotográfica se realizó para ilustrar la portada y los artículos, con el objetivo de reducir su huella de carbono. De acuerdo con Emanuele Farneti, el editor en jefe de la revista, el impacto ambiental de la publicación resulta “significativo”. Tan solo para realizar la edición de septiembre del año pasado, la más emblemática en el mundo de las revistas de moda, colaboraron 150 personas que requirieron veinte vuelos, una docena de viajes en tren y cuarenta autos para transportarse a las locaciones. La energía requerida para el funcionamiento de las lámparas, que permanecieron encendidas por más de 10 horas continuas, y para cargar celulares, computadoras y cámaras, fue abastecida por plantas de luz que funcionan con gasolina. A esto hay que sumar los desechos generados por envolver las prendas con plástico para que no se maltraten en los traslados y por los servicios de comida para alimentar a los equipos en las locaciones.

Con esto en mente, los editores decidieron apostar por un número completamente ilustrado, donde artistas jóvenes dibujaran modelos vistiendo prendas de lujo sin que esto implicara mayores costos económicos y ambientales. Lo ahorrado en la producción del número se destinará a la restauración de la Fondazione Querini Stampalia, una institución cultural que fue severamente afectada por las inundaciones en Venecia, las cuales fueron resultado del cambio climático.

Estas acciones forman parte del conjunto de compromisos medioambientales que en diciembre de 2019 firmaron los editores en jefe de las revistas Vogue de todo el mundo. Sin embargo, la industria de la moda no es reconocida por su espíritu ecológico. Desde el uso de químicos en el procesamiento de textiles, la contaminación del agua y la incentivación del consumo, esta industria produce el 20% de las aguas residuales mundiales y el 10% de las emisiones mundiales de carbono, según el Programa Ambiental de las Naciones Unidas. De tal manera que eliminar el uso de plástico en todas sus publicaciones se vuelve un gesto mínimo para salvar al planeta en medio de una industria que tendría que reformularse de inicio a fin.

Algunas celebridades se han mostrado interesadas en mandar un mensaje verde que impacte en sus seguidores. En noviembre de 2019, Coldplay anunció días antes del lanzamiento de su nuevo álbum Everyday Life que no realizaría giras hasta no encontrar una manera de que estas sean sustentables y beneficiosas para el medio ambiente. En entrevista, su líder Chris Martin confesó que estarían “decepcionados si no es carbono neutral”. Lo más difícil es eliminar los vuelos para llegar a cada rincón del mundo, pero a su vez pretenden que en su espectáculo no se utilice plástico y que sea alimentado por energía solar. El proceso para conseguirlo podría tomar un par de años, pero organizaciones ambientales han reconocido su esfuerzo por promover una industria del entretenimiento amigable con el planeta.

Otros cantantes, como The 1975 o Billie Eilish, han prohibido el uso de popotes, botellas de plástico y bolsas en los productos que se venden en sus conciertos. Es difícil estimar el impacto ambiental de los conciertos y las giras, pero según un estudio realizado en 2010 por la organización Julie’s Bicycle, tan solo en el Reino Unido los conciertos emiten 405 mil toneladas de gases de efecto invernadero cada año. Una cifra por demás alarmante si consideramos la cantidad de giras, festivales y conciertos que se realizan en todo el mundo.

Hace unos meses escribí en este espacio sobre los riesgos del woke-washing, es decir, de las acciones supuestamente filantrópicas y ligadas a causas socialmente reconocidas solo para autopromocionarse. Es innegable que hay una crisis ambiental que requiere nuestra acción inmediata y que no existen esfuerzos pequeños, pero estos anuncios corren el riesgo de ser nada más gestos llenos de buenas intenciones que no logran una mayor repercusión y que solo permiten a sus promotores sentir que han hecho lo suficiente. Pero en materia ambiental, nunca se hace lo suficiente.

 

Adiós a “Nacho”

Tras cuatro décadas de dedicarse a la gestión cultural, el pasado 7 de enero falleció Ignacio Toscano Jarquín. Como director de Ópera de Bellas Artes, gerente del Palacio de Bellas Artes, director del Festival Cultural de Sinaloa, director del Festival Internacional Cervantino y encargado de la Secretaría de las Culturas y las Artes de Oaxaca, fue uno de los principales promotores de la música y el arte del país.

Desde joven Toscano sintió la pasión por las artes. Una carrera universitaria no le fue suficiente, así que estudió tres: arquitectura en la UNAM, antropología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y música en la Escuela Nacional de Música. Sin embargo, su primera experiencia como promotor cultural fue en 1976 como jefe en el departamento de Actividades Culturales de la UAM. Desde entonces dedicó su vida a emprender proyectos culturales que contagiaran sobre todo a los niños y jóvenes la fascinación por el arte y que construyeran lazos entre los creadores y el público, dejando de lado las ambiciones políticas.

Sus últimos catorce años vivió en Oaxaca, donde puso en marcha Instrumenta Oaxaca, un programa que incluye actividades académicas, talleres, ensayos públicos y conferencias donde músicos mexicanos y extranjeros tienen la oportunidad de perfeccionar su técnica, e interpretar y componer piezas bajo la dirección de figuras internacionales de la talla del flautista Pierre-Yves Artaud y el el oboísta inglés Nigel Shore.

Su partida deja un gran vacío en el medio cultural mexicano.