Cultura condensada | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

¿Cómo restaurar Notre-Dame?

A unos días del incendio que por nueve horas destruyó dos terceras partes del techo y la aguja de la Catedral de Notre-Dame, ya se discuten los criterios y técnicas que se deben emplear para restaurarla. El primer ministro francés Edouard Philippe anunció un concurso internacional para encontrar el mejor diseño. “La competencia internacional nos permitirá preguntar si debemos recrear como fue concebida por Viollet-le-Duc. O si, como suele pasar cuando se trata de un patrimonio, debemos darle a Notre-Dame una nueva aguja con materiales y técnicas de nuestra era”, dijo dos días después del incidente. 

El presidente Emmanuel Macron se comprometió a que la reconstrucción será una de las prioridades de su gobierno, que en menos de cinco años estará concluida –justo a tiempo para los Juegos Olímpicos– y que la catedral será incluso “más hermosa” que antes. Sin embargo, algunos expertos opinan que es un plazo poco realista si se consideran el tamaño y la antigüedad del recinto. Este tipo de obras tardan entre diez o veinte años por las numerosas fases que implican: protección de la estructura, resguardo de las obras de arte, observación, estudio y restauración, como reportan en Le Monde

Algunos arquitectos aplaudieron la apertura del gobierno francés de permitir la creación de una aguja nueva para la catedral. Entre ellos, Norman Foster, quien recordó que las catedrales de Chartres y Metz reemplazaron el diseño original de sus techos medievales, también destruidos por el fuego, con la tecnología más avanzada del siglo XIX. “El resultado ideal sería una combinación respetuosa de lo antiguo con lo mejor de lo nuevo”, declaró el arquitecto que ya presentó su proyecto con un techo de vidrio y una aguja de acero.  

Robert Adam, fundador y director de Adam Architecture, no está de acuerdo con Foster. Para él, Notre-Dame es ante todo un artefacto cultural y un símbolo de lo francés. Incluir elementos contemporáneos a la mejor manifestación de la arquitectura gótica la arruinaría.

En entrevista a Le Point, el arquitecto Jacques Ferrier declaró que el techo no puede ser reconstruido de la misma manera porque no se tienen los mismos materiales, ni las mismas restricciones, ni los mismos estándares de seguridad. Por lo que habría que actuar con “audacia y ambición”, es decir, hacer una estructura más ligera que cumpla con el sueño de los constructores medievales. En cuanto a la aguja del siglo XIX, recomienda hacer una idéntica porque el arquitecto Viollet-le-Duc fue el único que dejó su marca en un edificio cuyos constructores permanecieron en el anonimato. Considera que su remodelación debería de contemplar la relación que los parisinos y extranjeros tienen con el lugar, pues se trata de un espacio religioso, histórico y turístico. 

Hasta el momento, el fondo para la restauración de la catedral ha reunido más de 750 millones de euros, aunque el costo total de la obra podrá estimarse hasta dentro de tres meses. Varias personas han mostrado su inconformidad por considerar que tales cantidades de dinero podrían emplearse para atender otras crisis, como la hambruna o la reconstrucción de ciudades de Medio Oriente destruidas por las guerras. De acuerdo con Angela Cluff, presidenta del panel asesor del Instituto de Recaudación de Fondos del Reino Unido, no hay una jerarquía en las causas que requieren ayuda económica. Los donantes se involucran emocionalmente con aquellas causas que sienten más cercanas, para las que existen soluciones viables y que les ayuden a cumplir sus propias misiones. En el caso de Notre-Dame, los empresarios millonarios y las personas de todo el mundo que han aportado dinero actúan igual que los patronos medievales que deseaban contribuir a la construcción de algo que permanecería por siglos. 

Aunque continúan las investigaciones, todo parece indicar que un cortocircuito durante las tareas de restauración provocó el incendio, pues la instalación eléctrica presentaba fallas. En 2016, el Centro Nacional de Investigación Científica financió un reporte de la Universidad de Versalles sobre la seguridad de Notre-Dame en caso de que fuera blanco de un ataque terrorista. Los investigadores advirtieron acerca del riesgo de incendio en el techo y recomendaban la instalación de rociadores. Independientemente de los criterios estilísticos que se emprendan en su restauración, las autoridades francesas tendrán que implementar sistemas de protección contra incendios, como se hace en varios inmuebles catalogados como patrimonio, para evitar que un accidente de estas dimensiones vuelva a ocurrir.

 

Capitalismo vs. Marxismo

Tuvo que pasar más de un año para que el debate entre Jordan Peterson y Slavoj Žižek ocurriera. En febrero del 2018, Žižek publicó una columna en The Independent donde cuestionaba las razones de la popularidad del psicólogo canadiense Jordan Peterson. En su texto, Žižek se refirió a él como un “comentador de lo popular”, que basa sus ideas en “teorías no verificadas” y que usa “construcciones paranoicas para interpretar lo que ve como hechos”. Peterson lo retó a un debate y en enero de este año confirmó en un video que los dos discutirían qué sistema es más efectivo para garantizar la felicidad: el capitalismo o el marxismo. 

Ambas figuras se colocan en espectros ideológicos opuestos. Peterson alcanzó la fama por estar en contra del uso de los pronombres neutros para referirse a sus alumnos trans y por amenazar con demandar a Kate Manne, una escritora feminista, por llamarlo misógino en una reseña sobre su libro 12 reglas para vivir: Un antídoto al caos. Peterson ha emprendido una lucha en contra de lo que ha definido como “marxismo cultural”, una corriente de pensamiento promovida por las universidades norteamericanas y francesas después de la disolución de la Unión Soviética que, según él, busca destruir los valores occidentales con ideas igualitarias en favor de los derechos humanos. 

Žižek, por su parte, es uno de los pensadores que tiene más influencia en la actualidad. Sus ideas desafían los supuestos de la academia liberal de izquierda al retomar principios del marxismo, el idealismo alemán de Hegel y las teorías psicoanalíticas de Lacan. Es mejor conocido por ser un provocador que lo mismo opina acerca de la presidencia de Donald Trump que del éxito de Roma.

El llamado “debate del siglo” ocurrió el 19 de abril en un recinto fuera de la academia, el Sony Centre for the Performing Arts de Toronto. Como si se tratara de un espectáculo, los boletos se pusieron a la venta a través del sistema Ticketmaster y se agotaron en los primeros días. En la reventa, el precio por boleto pasó de 145 dólares a 950. Si se quería seguir la transmisión en vivo, los espectadores tenían que pagar una tarifa de 14.95 dólares. La balanza se inclinó hacia el capitalismo antes de que los contendientes estuvieran frente a frente. 

Durante dos horas y cuarenta minutos, los espectadores presenciaron un debate que dejó mucho que desear. En su primera intervención Peterson realizó una diatriba en contra del Manifiesto Comunista y el pensamiento de Marx, pero su falta de preparación fue notoria en frases como: “Marx creía que el proletariado era bueno y la burguesía mala”. Por su parte, Žižek leyó un texto donde saltó de un tema a otro, pero sin perder el hilo que los unía. Analizó cómo la búsqueda de la felicidad es una tarea infructuosa porque el modelo capitalista impide que las personas desarrollen sus talentos y criticó la obsesión del capitalismo con la reproducción y expansión. Tras su comentario, se escucharon los aplausos de los 3 mil asistentes. Después de esto, a Peterson no le quedó más que declarar “Estoy de acuerdo con mucho de lo que escuché”. 

En sus siguientes comentarios, Peterson defendió los valores cristianos como verdades absolutas, enlistó los beneficios del capitalismo para los más pobres y discutió que el cambio climático no es tan severo como nos han hecho creer. El filósofo esloveno no tuvo interés en rebatirlo, en su lugar, criticó al sistema político de China al describirlo como una síntesis de la tiranía y el capitalismo. 

La única confrontación de la noche se dio cuando Žižek le preguntó por aquel que Peterson ha denominado su enemigo, es decir, el “neo-marxismo posmoderno”. El psicólogo respondió con el argumento que lo ha hecho famoso: la lucha de clases del marxismo ha evolucionado en los conflictos de identidad. 

Durante la ronda de preguntas, el moderador Stephen Blackwood, presidente de Ralston College, regresó el tema central –la felicidad– a la mesa. Los dos estuvieron de acuerdo en que la felicidad es un efecto secundario porque uno no puede simplemente tener el deseo de ser feliz. Para Peterson, lo que realmente importa es buscar el sentido de la vida, al asumir las propias responsabilidades y hacer lo que se considera correcto. Žižek no ve a la felicidad como el valor más alto, sino como lucha o caída. Después de esto, ambos coincidieron en criticar a la corrección política. 

Definir a un ganador del debate resultó imposible. Para el escritor Stephen Marche, lo más sorprendente del encuentro es que al final los dos querían lo mismo: “capitalismo con regulación”. Así, las diferencias entre ambos polos se difuminaron, tal y como Rebecca Shuman de Slate lo advirtió en diciembre del 2018: “Si dos individuos se arrastran lo suficiente hacia el extremo de una identidad sociopolítica, ya sea la izquierda o la derecha, esas extremos se doblarán hasta que se encuentren”.

 

Cervantes e Ida Vitale

El pasado 23 de abril, Día Internacional del Libro, la poeta uruguaya Ida Vitale recibió de manos del rey Felipe VI el Premio Cervantes, convirtiéndose en la quinta mujer en su historia en obtenerlo. 

Su discurso de agradecimiento fue un tributo al “frenesí poético” del Quijote y al lenguaje en el que estaba escrito, sobre el cual dijo: “me integraba a un mundo en el que, sola, me sentía acompañada, capaz de manejarme en él como si fuese el mío propio”. 

La poeta recordó su infancia, cuando su tío Pericles le leía y traducía a Ariosto y Dante de la biblioteca del abuelo nacido en Palermo. Su humor le parecía “inexiste e incomprensible”. Necesitaba encontrarse con Cervantes para descubrir las aventuras a las que don Quijote arrastró a Sancho a causa de sus “peligrosas lecturas”: “Ya entenderán mi entusiasmo, mi devoción total cuando intimé con aquella pareja española tan tiernamente compatible, entre sí y con una lectora inocente y deseosa de amistades literarias a su alcance”.

Para la poeta, el hecho de que don Quijote pelee contra molinos de viento y piense que un malvado hechicero es el responsable de la repentina fealdad de Dulcinea, en tiempos donde ya no deberían de existir caballeros andantes, muestra la inacabable virtud del libro: “exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un venerable sostén de la herencia humana”.