Cultura condensada | Letras Libres
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Cultura condensada

Un recorrido semanal por las noticias y discusiones del mundo de la cultura.

Game of Thrones, el fin de una era

Este domingo se estrena la última temporada de Game of Thrones, que entre dragones, caminantes blancos e intrigas políticas se ha convertido en la serie de televisión más exitosa de los últimos años. Su desenlace podría representar el final de una era del entretenimiento.

A diferencia del contenido disponible únicamente en las plataformas de streaming, Game of Thrones se transmite semana a semana a través de un canal de televisión de paga. Ha sido tal su impacto que las reuniones para verla terminan siendo animados foros de discusión, mientras que en redes sociales se mantiene entre los temas más comentados incluso días después de la transmisión de sus episodios. El final de la séptima temporada estableció un nuevo récord de audiencia con 16.5 millones de espectadores, sumando los que la vieron por medios digitales y por televisión.

Aunque muchos señalan que la muerte de la televisión está cerca, sigue siendo uno de los medios más populares. Tan solo en México, el 92.9% de los hogares cuenta con al menos un televisor. Para el crítico Matt Zoller Seitz, su ventaja frente a otros medios narrativos es la simultaneidad. “Lo que sea que pasa en la pantalla, lo estamos experimentando juntos: millones de personas, al mismo tiempo (aunque sea en nuestros respectivos husos horarios)”.

El streaming ha eliminado la necesidad de seguir una historia en un horario fijo y por un solo canal. En su lugar, propicia el binge watching, es decir, los maratones de series en la pantalla del celular o la computadora. Gracias a los algoritmos de las plataformas, hay una personalización de contenidos que buscan satisfacer las necesidades de los espectadores. Son tantas las opciones por ver y las plataformas donde se transmiten que en una misma casa cada uno de los integrantes de la familia puede ver un programa diferente, a su propio ritmo y en diferentes dispositivos.

Zoller Seitz considera que ninguna de las series que se transmiten en la actualidad, ya sea a través de plataformas digital o por televisión, posee el mismo poder de atracción de masas que la adaptación de los libros de George R.R. Martin. Los momentos cumbre de la trama, como la decapitación de Ned Stark, la Boda Roja, la batalla de los Bastardos, el paseo de la vergüenza de Cersei Lannister y la muerte y resurrección de Jon Snow forman parte del imaginario colectivo, son conocidos tanto por los aficionados de la serie como por quienes nunca la han visto. 

Game of Thrones ha roto varios récords de la televisión: la serie más cara, la serie más pirateada, la serie más popular y la más ganadora de premios Emmy. Su final representa un parteaguas en la manera en que se produce contenido televisivo e interactuamos con él. Casey Bloys, presidente de programación de HBO, comentó sobre su trascendencia: “fue la primera serie que demostró que podías producir una serie en una verdadera escala cinematográfica. Que podías pensar en grande, tanto en términos de personajes y drama como de efectos especiales. Que funcionaría, que arriesgarse e invertir grandes cantidades de dinero y transmitirlo en televisión rendiría grandes frutos”.

En seis semanas quedarán atrás las discusiones colectivas sobre quién controla el trono de Westeros, y con eso, la sensación de que no vimos la serie a solas.

 

Apretar el botón de pausa

La paciencia es una virtud cada vez más escasa. Los psicólogos cognitivos explican que se trata de una respuesta evolutiva que nos brinda el impulso para actuar o cambiar de planes. El problema es que el ritmo acelerado con el que vivimos ha terminado con ella. Deseamos que nuestras expectativas se vean satisfechas en el menor tiempo posible, y cuando tardan reaccionamos con ira o impulsividad, explica Chelsea Ward en un artículo en Nautilus.

Si contamos con más productos e innovaciones tecnológicas que nos permiten ahorrar tiempo, ¿por qué no tenemos tiempo libre para otras actividades? Judy Wajcman analiza esta paradoja en su libro Pressed for Time: The Acceleration of Life in Digital Capitalism . De acuerdo con la socióloga, esto se debe a que desde la Revolución Industrial se ha concebido la idea de que “el tiempo es dinero”. La asociación del progreso con la productividad implica que cada segundo de nuestra vida debe ser aprovechado, dejando fuera el ocio.

Esto ha tenido consecuencias en la manera en que interactuamos con las obras de arte, películas o libros. En los museos y las galerías, el visitante promedio se toma apenas de 10 a 15 segundos para contemplar una pintura, según Susan Moore, crítica de arte. Para contrarrestar esto, algunos museos han tomado medidas que motivan la contemplación, como sesiones de yoga y meditación antes de entrar a las exhibiciones y tours “lentos” con guías que se detienen por varios minutos ante las obras para explicar sus detalles.

Las visitas rápidas a los museos, en las cuales se intenta ver la mayor cantidad de cuadros en poco tiempo, generan una saturación en los visitantes que les impide recordar lo que experimentaron al estar frente a los cuadros. Desde hace nueve años, museos y galerías de todo el mundo participan en el Slow Art Day, un evento que tiene el propósito de observar arte sin prisas ni distracciones. Ante el frenesí con el que vivimos a diario, los museos se ofrecen como espacios donde detenerse y respirar profundo significa todo lo contrario a perder el tiempo.

 

La controversial evolución de la música country

“Old Town Road”, del rapero Lil Nas X, se colocó esta semana en el primer lugar de la lista Billboard Hot 100, luego de que hace unas semanas la revista la eliminara de su conteo Hot Country Songs, por considerar que no tenía los “elementos necesarios de la música country de hoy en día”.

Con tan solo 20 años, Lil Nas X es un producto de la generación del internet. En 2015 adquirió fama por sus tuits y se convirtió en un influencer con más de 360 mil seguidores. A finales del año pasado subió “Old Town Road” a SoundCloud y rápidamente se volvió un fenómeno viral gracias al #YeehawChallenge, donde jóvenes grababan videos vestidos como vaqueros y bailando la canción. Al no tener presupuesto para grabar un video musical profesional, desde su casa el rapero compiló fragmentos del videojuego Red Dead Redemption para subir la canción a Youtube. En cuatro meses se ha reproducido más de 37 millones de veces. La disquera Columbia Records lo firmó, y Justin Bieber y Miley Cyrus lo alabaron. Ahora prepara el lanzamiento de su primer álbum. “Sé que todos piensan que soy un tonto meme negro que tuvo suerte, pero lo cierto es que soy un tonto meme negro que promovió muchísimo su canción y tuvo suerte”, tuiteó en respuesta a los cuestionamientos sobre el éxito que ha alcanzado en las últimas semanas.

La canción es una mezcla entre hip hop y country con bajo, banjo, letras sobre caballos y un ritmo pegajoso. Pero la voz grave y las imágenes rurales no fueron suficientes para los expertos que forman parte de Billboard, quienes justificaron su eliminación bajo el argumento de “cuestiones musicales”. Un análisis a los aspectos técnicos de la canción –su instrumentación, sonido y letras– revela que el tema cumple con lo más elemental para ser considerada country. Incluso, SoundCloud y iTunes la clasifican dentro de sus bibliotecas como tal.

Los límites entre los géneros son cada vez más borrosos. La presencia del hip hop en canciones country se explica porque es uno de los géneros más comerciales del momento. Lil Nas X, un nativo digital, estaba consciente de los desafíos que implicaba competir dentro del hip hop, por lo que la clasificó como country en varios canales para tener un mayor alcance. El resultado fue convertirse en el soundtrack de un reto viral. En una entrevista a la revista Time, afirmó que su canción es “country trap”, un género en el que Young Thug fue precursor.

Más allá del aspecto musical, la exclusión de la canción podría deberse a una cuestión racial. El country es un género principalmente dominado por artistas blancos, aunque algunos cantantes afroamericanos, como Darius Rucker y Cowboy Troy, han luchado contra los estereotipos para innovar el género. Incluso, en 2016, Beyoncé fue rechazada por el comité del Grammy cuando solicitó inscribir su canción “Daddy Lessons” en la categoría country.

Como muestra de apoyo, Billy Ray Cyrus hizo un remix de “Old Town Road”. En tan solo una semana, la canción rebasó los 33 millones de reproducciones. Ahora, la participación de una leyenda de la música country ha planteado la posibilidad de que Billboard regrese la canción al listado especializado en dicho género. Por el momento, sus miembros no se han pronunciado al respecto.