Cultura condensada | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

Mecenazgo millonario

El miércoles 21 de marzo un banco japonés anunció que otorgaría el mayor premio en efectivo  dentro del mundo del arte contemporáneo. El premio Nomura tiene el espíritu de “reconocer y alentar los logros sobresalientes y el potencial de los artistas de hoy, sin importar dónde viven y trabajan”. Se trata de un cheque por un millón de dólares para el artista contemporáneo con una trayectoria notable y que esté trabajando en un proyecto ambicioso para el cual no cuente con los recursos suficientes.

Los organizadores no aceptarán postulaciones al premio. La decisión la tendrá un jurado conformado por reconocidos curadores y directores de museos y de fundaciones, entre ellos Yuko Hasegawa, directora artística del Museo de Arte Contemporáneo de Tokyo y Max Hollein, director del Museo Metropolitano de Arte.

El premio se entregará en octubre en Shanghai. A su vez, el banco dará en mayo otros dos premios por 100 mil dólares a dos artistas que se encuentren en una etapa temprana de su carrera.

Un listado de ARTnews reúne 23 reconocimientos que ofrecen más de 100 mil dólares a los creadores. Si bien los premios son un incentivo para que artistas puedan explotar su talento y sus obras lleguen a más espectadores, hay algunos galeristas que no los consideran importantes. Para Janelle Reiring, directora de la galería Metro Pictures, aunque al artista le haga sentir bien ganar un premio, eso no hace ninguna diferencia. “Nuestros coleccionistas están preocupados por lo que los críticos y curadores de museos piensan, pero no por todos los premios o reconocimientos que ha ganado el artista”.

Opinión contraria es la Benjamin Mangel, dueño de la galería Mangel, quien considera que los premios son importantes sobre todo para los artistas emergentes. Si al mostrarle a un coleccionista el currículum de un artista y este está en blanco, es poco probable que quiera adquirir alguna de sus piezas. En cambio, “si le puedes mostrar que el artista ha ganado premios, es decir, que tiene credibilidad ante los ojos de alguien más, nueve de cada diez veces el coleccionista va a comprar su obra”.

El prestigio del premio le otorga legitimidad a los artistas, tanto crítica como comercialmente. Pero para los compradores lo que pesa más es la calidad del trabajo. Así lo aseguró el empresario iraní Mohammed Afkhami: “Un premio reconocido y prestigioso reivindica tu decisión. Pero no es el factor determinante. Para mí, eso es la fuerza estética de la obra”.

 

¿Humanos y animales disfrutan la música por igual?

Desde recién nacidos, los seres humanos contamos con la capacidad de responder a armonías, melodías y ritmos que escuchamos en nuestro entorno. ¿Se trata de una capacidad únicamente humana? En el siglo XIX, Charles Darwin se planteó la misma pregunta. Tras una serie de observaciones llegó a la conclusión de que todos los vertebrados pueden apreciar el ritmo y las melodías porque poseen sistemas nerviosos comparables. Para el naturalista, la sensibilidad musical era un mecanismo evolutivo que permitía seleccionar mejores parejas y que estaba conectada con los instintos sociales. “Es probable que los progenitores del hombre, ya fueran los machos, las hembras o ambos sexos, antes de adquirir el poder de expresar amor mutuo en un lenguaje articulado lo hicieran a través de notas musicales y ritmo”, escribió en 1859.

Varios experimentos han corroborado que aves, ratas, perros y algunas especies de peces son capaces de distinguir entre diferentes melodías.

El investigador holandés Henkjan Honing descubrió que los pinzones cebra se fijan en la entonación, el timbre y los intervalos de tiempo para intercambiar información acerca de su entorno y para atraer a su futura pareja.

Por su parte, las carpas koi son consideradas “especialistas auditivos” por el desarrollo de su oído. En 2002, científicos del Instituto Rowland de la Universidad de Harvard estudiaron sus habilidades cognitivas para distinguir música y categorizarla. Las carpas estaban condicionadas a que si escuchaban música y apretaban un botón en el fondo del tanque recibirían comida, pero solo si su elección era la correcta. Las carpas lograron distinguir entre la música clásica y el blues al escuchar piezas de Johann Sebastian Bach y de John Lee Hooker. Para el investigador, los peces no lo hacen por el placer sensorial, sino porque es una manera de obtener alimento.

Sin embargo, estudios recientes muestran que los animales sí son capaces de disfrutar melodías hechas para sus oídos. Charles Snowdon es un psicólogo de animales de la Universidad de Wisconsin-Madison, que desde 2009 trabaja con el cellista y compositor David Teie en el desarrollo de “música específica para especies”. Se tratan de “melodías especialmente diseñadas utilizando los tonos, tonos y tempo que son familiares para especies particulares”. Partiendo del ritmo cardiaco de las especies, crean música a la medida de monos, gatos y perros. En el caso de los monos, Snowdon y Teie notaron que los sonidos estridentes y desagradables para los humanos eran sus favoritos y los emocionaba. Mientras que las baladas con tonos más bajos y un tempo lento los calmaban y los volvían más sociables.

A pesar de esto, Honing insiste en que los animales no aprecian la música como los humanos porque carecen de una habilidad musical que solo nosotros poseemos: el tono relativo. Los animales pueden aprender a reconocer una secuencia de notas, pero si estas se trasponen en una clave diferente no son capaces de reconocerla porque no pueden establecer relaciones. Es claro que animales y humanos entendemos la música de manera diferente.