Cultura condensada | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

El “efecto hipster” y sus consecuencias

A inicios del 2010 una subcultura empezó a tener auge entre los jóvenes de todo el mundo. Aquellos que despreciaban la cultura mainstream, las bandas musicales comerciales y el consumismo, que se preocupaban por el medio ambiente y que tenían gustos literarios y artísticos alternativos fueron llamados hipsters. Sin embargo, en ese afán por crear una contracultura, sus integrantes terminaron vistiendo igual y promoviendo el mismo estilo de vida.

Para Jonathan Touboul, matemático de la Universidad de Brandeis en Massachusetts, esto es conocido como “el efecto hipster”. Se trata de un “fenómeno contraintuitivo” donde los inconformes con la cultura de masas terminan luciendo igual. Touboul diseñó un modelo para analizar cómo la transmisión de la información influye en el comportamiento de las personas. En su modelo combinaba física estadística con neurociencia predictiva para estudiar cómo los cerebros de dos conjuntos –los hipsters y los conformes con la cultura dominante– detectan y responden a patrones.

El factor concluyente son los retrasos en la propagación de información sobre algún objeto o acontecimiento “de moda”. Touboul notó que cuando los hipsters tardaban en detectar las nuevas tendencias, tomaban la decisión de ir en contra de manera consistente, pero cuando se daban cuenta de que dicha tendencia en contra ahora era aceptada masivamente, cambiaban de opinión. Por poner un ejemplo, si la tendencia popularizada en los medios de comunicación y redes sociales era rasurarse la barba, los hipsters se dejaban la barba. Pero cuando las barbas ya eran demasiado mainstream, se generaba una sincronización hacia los rostros rasurados. Así, terminaban siendo víctimas de lo mismo que criticaban. “La razón de esto es el tiempo que le toma a una persona registrar las decisiones de otros. No puedes ser consciente de lo que otras personas deciden en tiempo real. Toma un poco de tiempo”, explicó el autor del estudio.

Touboul presentó una primera versión de su investigación en 2014. En la actualización que publicó este mes descubrió que incluso cuando se cuenta con una diversidad de opciones, los seres humanos tienden a la sincronización, aunque desconoce el motivo de esto, por lo que espera que estudios posteriores ofrezcan una respuesta.

Por mucho que se insista en la individualidad de los seres humanos y en la singularidad de cada una de sus decisiones, el estudio muestra que incluso los caminos alternativos son en realidad patrones de semejanza que surgen en los grupos sociales y que generan conformidad.

Si bien los hipsters le resultan a Touboul un objeto de estudio fascinante, su objetivo es llevar el modelo a las finanzas y a la neurociencia, para entender cómo actúan los especuladores que intentan ganar dinero oponiéndose a las decisiones tomadas por la mayoría en las bolsas de valores, o de qué manera las células nerviosas logran sincronizarse.

 

La disrupción digital en el mercado del arte

En julio del año pasado, la casa de subastas Christie’s organizó “Art + Tech Summit: Exploring Blockchain”, la primera cumbre sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la industria del arte. El principal tema que se discutió fue la tecnología blockchain como “posible solución revolucionaria” para hacer los mercados “transparentes, confiables y responsables”.

La tecnología blockchain, o cadena de bloques, además de encriptar dinero digital, permite guardar información, otorgar identidad digital a cada objeto y comerciar con él. Bajo los principios de descentralización, que permite a cualquier persona tener el control de sus inversiones, y de registro inalterable y transparente de cada una de las transacciones, personas con ingresos bajos pueden tener la oportunidad de acceder a sistemas de pago.

Dentro del mundo del arte, el blockchain podría emplearse para transparentar las transacciones y brindar más seguridad a los coleccionistas y a las casas de subastas. De acuerdo con Brook Hazelton, expresidente de Christie’s en América, el miedo de las falsificaciones es latente dentro de la industria, por lo que este tipo de tecnologías permiten mantener segura la información de cualquier pieza, así como un registro actualizado cuando esta cambie de propietario. En palabras de Hazelton, es “una opción obvia para cualquiera que se preocupa por proteger la integridad y valor de su colección”.

Las ventajas también serían para los artistas, quienes podrían monetizar su trabajo y mantener un control acerca de cuántas piezas de edición limitada se han vendido una y otra vez, como la fotógrafa Anne Bracegirdle expuso durante la cumbre.

El mercado del arte tradicional privilegia la exclusividad y el anonimato. La pieza le pertenece a un solo dueño que puede permanecer escondido a través de numerosos intermediarios. Una disrupción digital permitiría no solo mantener un registro con los datos del propietario de la obra, sino que haría posible, en vez de venderla a una sola persona por millones de dólares, ofrecer acciones que podrían estar en manos de varios individuos, mientras la pieza permanece resguardada en la bóveda de un banco suizo. Este es el modelo de negocio de Maecenas, una plataforma de subastas que utiliza tecnología blockchain para vender acciones de pinturas y esculturas famosas. En su primera subasta, 800 personas participaron para obtener acciones de 14 small electric chairs de Andy Warhol. La empresaria Eleesa Dadiani se quedó con el 51% de las acciones del cuadro, mientras que el 49% restante fue subastado entre los postores digitales.

La disrupción de estas tecnologías podría transformar el mercado del arte en pocos años, estima Frédéric de Senarclens. Tanto las galerías como las casas de subastas, las ferias de arte, los artistas y consultores tendrán que impulsar nuevas legislaciones que enfrenten tales desafíos digitales.

 

El espíritu de Mark Hollis

El 25 de febrero, Mark Hollis, el líder de la banda inglesa Talk Talk, falleció a los 64 años. Nacido en Londres en 1955, a los 20 años dejó la carrera de psicología y su empleo en un laboratorio para dedicarse a la música. Después de grabar un demo con su primera banda, The Reaction, conoció a Paul Webb, Lee Harris, y Simon Brenner, con quienes formó Talk Talk.

A inicios de la década de los 80, el synth-pop estaba en auge, y grupos como Duran Duran y A Flock of Seagulls ocupaban la cima de las listas de popularidad. En ese ambiente, Talk Talk lanzó sus primeros discos: The Party’s Over e It’s My Life.

Sus éxitos “It’s My Life” y “Such a Shame” mantenían la estética de la época, ritmos contagiosos y letras con fuerza emotiva. A pesar del relativo éxito comercial que tuvo la banda con sus dos primeras producciones musicales, en las siguientes tres se decantaron por un sonido minimalista influido por el jazz, el blues, el rock y la música clásica. Los críticos alabaron su propuesta y la nombraron post-rock, pero la banda no logró un alto número de ventas. Talk Talk se separó en 1991. Siete años más tarde, Hollis lanzó su único álbum como solista. Tras algunas colaboraciones con músicos experimentales, se retiró de la música en el 2001.

Su alejamiento de los estudios no impidió que sus innovaciones musicales influyeran en bandas de generaciones posteriores, como Arcade Fire, Radiohead, Bon Iver y Sigur Rós. En 2003, No Doubt hizo un cover de “It’s My Life” que alcanzó el quinto lugar en la lista Billboard. En 2012, Alan Wilder, ex pianista de Depeche Mode, y Toby Benjamin, emprendedor y fanático de Talk Talk, produjeron un álbum tributo llamado Spirit of Talk Talk y editaron un libro con los que esperaban “reavivar la apreciación de la influencia de sus dos últimos discos, [Spirit of Eden y Laughing Stock]”.

Al confirmarse la noticia de la muerte de Hollis, músicos y amigos externaron sus condolencias a través de redes sociales. Simon Le Bon, de Duran Duran, recordó cuando en 1982 sus bandas dieron una gira juntos y lo describió como “uno de los grandes innovadores de la música”. Mientras que Marc Webb, bajista de Talk Talk, escribió: “Musicalmente era un genio y fue un honor y privilegio haber estado en la banda con él. Hacía muchos años que no lo veía, pero como muchos músicos de nuestra generación, he sido profundamente influenciado por sus ideas pioneras en la música”.