Cultura condensada | Letras Libres
artículo no publicado
Ilustración: Hugo González

Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

Leer la “Cartilla moral” 75 años después

La publicación de la “Cartilla moral” de Alfonso Reyes, como parte de los textos que integran los Programas Emergentes de Actualización del Maestro y de Reformulación de Contenidos y Materiales Educativos de la SEP, despertó críticas entre quienes la vieron como atentado contra la laicidad del Estado y un intento de adoctrinar a los ciudadanos.

En esta adaptación de José Luis Martínez, el presidente López Obrador escribió una presentación al texto donde menciona que es importante recuperar “los principios y valores que pueden ayudar a que en nuestras comunidades, en nuestro país, haya una convivencia armónica y respeto a la pluralidad y a la diversidad”, por lo que exhorta a los lectores a compartirlo con su familia y a dialogar sobre la moral, la ética y los valores que se necesitan para construir una mejor sociedad.

No es la primera vez que López Obrador recomienda este texto. Lo mencionó en diversas apariciones públicas durante sus campañas presidenciales, describiéndolo como “una especie de constitución moral”. En 2011, Guillermo Sheridan escribió: “En esa ‘Cartilla moral’, el candidato López Obrador ha encontrado la esencia de su proyectada ‘revolución de las conciencias’. Las ideas de Reyes que encuentra cruciales para su proyecto son: ‘obrar bien nos permite ser más felices dentro de la sociedad en que vivimos’ y ‘el respeto a la ley, a la sociedad organizada en Estado, en gobierno con sus leyes propias’”.

La “Cartilla moral” está dividida en doce lecciones, que van desde el respeto a uno mismo hasta el cuidado a la naturaleza. Reyes lo escribió en 1944 por encargo del entonces secretario de Educación Jaime Torres Bodet como material de la campaña de alfabetización que el presidente Manuel Ávila Camacho emprendió a lo largo del país. Por ello, su tono es didáctico y alude a aquellos conocimientos que no eran ajenos a los lectores adultos, por ejemplo, los valores provenientes de la tradición cristiana. Mas eso no significa que sea un manual religioso. Se trata de una guía moral para saber cómo conducirse para tener una vida armoniosa que “abarca nociones de sociología, antropología, política o educación cívica, higiene y urbanidad”, como declara Reyes en su prefacio

Todo texto se escribe en un contexto, e interpretarlo fuera de él puede provocar una lectura equivocada. Las ideas plasmadas en la Cartilla moral responden a la situación de un México en transición de la vida rural a la urbana, que trataba de dejar en el pasado la violencia revolucionaria para encaminarse hacia un futuro próspero y en paz. Si bien puede cuestionarse por qué López Obrador pensó que sería oportuno publicar un texto de la década de los 40 como parte de un programa de actualización de la educación pública, ver en el ensayo un intento por imponer la fe cristiana es equívoco.

En efecto, en palabras del propio Reyes, en la elaboración de la Cartilla “se ha respetado el criterio más liberal, que a la vez es laico y respetuoso para las creencias”. Pero pensar que su lectura en el presente ayudará a reconstruir el tejido social es un tanto ingenuo. En su lugar, propone Benjamín Hill, habría que buscar contenidos nuevos “que no sean prescriptivos, sino orientados a ejercitar la reflexión ética y la discusión libre, alimentados con ideas y lenguaje nuevos, que no solo incluyan los conceptos de Reyes y de pensadores mexicanos, sino que se abran también al mundo con las ideas de Savater, de Sanger, de Kuhn”.

 

Vivir de la literatura no es rentable

Vivir de lo que se escribe es cada vez menos posible. Una reciente encuesta del Authors Guild a 5,067 escritores estadounidenses reveló que cada vez más autores están obligados a tener múltiples empleos con tal de ganar el dinero suficiente para llegar a final de mes, pues sus ingresos mensuales se han reducido en 42% con respecto a 2009. Del total de escritores que se dedican de tiempo completo a la escritura –incluidos nóveles y laureados–, el 57% obtuvo el total de sus ingresos de actividades relacionadas con la escritura, como talleres, colaboraciones en medios, conferencias, edición de textos y traducciones, mientras que solo el 21% vivió únicamente de las regalías de sus libros.

Según las respuestas de los escritores, Amazon podría ser el responsable de la disminución de sus ganancias. El gigante del comercio en línea presiona a las editoriales para que mantengan sus precios bajos, lo que impacta en las ganancias que perciben los escritores por anticipos y regalías. A su vez, los escritores que publican sus propias obras en la plataforma de Kindle Direct Publishing solamente obtienen el 35% de sus regalías cuando el precio del libro es superior a los 9.99 dólares. De acuerdo con un comunicado firmado por la Jefa de Operaciones del Authors Guild, Sandy Long, Amazon controla cerca del 85% del mercado de la autopublicación en Estados Unidos, lo que hace prácticamente imposible negociar sus términos.  

Los autores de best-sellers también se encuentran en problemas. En comparación con la información recabada en 2013, ahora reciben menos regalías de sus libros exitosos. Esto se debe a que se ha incrementado el número de libros usados que se venden en línea, sin que perciban regalías por esas ventas, y a que las editoriales venden los libros que tienen en su almacén con grandes descuentos.

Que quienes se dedican a las letras busquen otros empleos para cubrir sus gastos no es una novedad en el resto del mundo. Muchos escritores, ahora célebres, vivían de cualquier cosa menos de sus libros. Franz Kafka y T.S. Eliot trabajaban en un banco, Stephen King fue conserje y James Joyce cantaba y tocaba el piano en bares y la lista continúa. En 2010, al recibir el Premio Cervantes, José Emilio Pacheco dijo que “los escritores pertenecemos a una orden mendicante” en alusión a que en el mercado del libro las ganancias quedaban repartidas entre los proveedores de pergaminos, copistas, editores y libreros, sin que quedara nada para los creadores.

Dependiendo del tamaño de la editorial y del número de ejemplares que se impriman, un escritor puede recibir el 10% de anticipo y del 5 al 12% de regalías por cada libro que venda, según el blog Megustaescribir. Una vez que el libro deja de ser una novedad, sus ventas descienden, lo que se traduce en menos ingresos para los escritores, por lo que tienen que dedicarse a otros empleos, que a su vez les quitan tiempo que podrían dedicar a la investigación o redacción de sus futuros textos.

Los altos costos de producción de un libro obligan a las editoriales a pagar poco a quienes están en el primer eslabón de la cadena. Por lo pronto, los gremios de escritores estadounidenses están en busca de un acuerdo con las plataformas que comercializan sus obras para no caer en la precariedad.

 

Al rescate de #MiBibliotecaVasconcelos

A través de Twitter, trabajadores de la Biblioteca Vasconcelos (BV) denunciaron la situación de incertidumbre laboral en que se encuentran: de los 83 trabajadores eventuales, 17 ya fueron despedidos y el resto está a la espera de un contrato. Bajo el hashtag #MiBibliotecaVasconcelos, que se convirtió en tendencia, los usuarios compartieron lo que significa la biblioteca para ellos y reconocieron la labor que día a día realizan sus talleristas, coordinadores, promotores, jóvenes de servicio social y voluntarios.

Tras una serie de descalabros –seis directores diferentes del 2006 al 2012 y un cierre parcial para concluir los trabajos de construcción– a partir del 2013, la BV se convirtió en un espacio vivo que no solo alberga miles de libros, sino que brinda atención a los sectores más vulnerables de la población, como personas en situación de calle, personas con discapacidad, adultos mayores, de la Ciudad de México y el Área Metropolitana. A lo largo de este tiempo, el director y su equipo han desarrollado un modelo único de biblioteca pública en el país. Por lo que garantizar la continuidad de los proyectos y la permanencia de sus empleados para cubrir las demandas de atención y servicios de sus más de 5 mil 500 usuarios diarios es fundamental para que su misión no se vea interrumpida.

A través de un comunicado, los colaboradores del recinto le piden a la actual administración escuchar su voz y no dejar que los intereses políticos prevalezcan sobre la gestión de la cultura: “Se debe conservar a la BV como un espacio democrático donde la voz de todos es escuchada y atendida”.