Cultura condensada | Letras Libres
artículo no publicado

Cultura condensada

Una mirada semanal a las noticias y debates que involucran a la cultura en sus distintas expresiones.

La vida de los criminales a la televisión
Las películas y series que retratan procesos judiciales han sido una fórmula exitosa en la industria del entretenimiento. Las 20 temporadas y dos décadas al aire de La Ley y el orden son una prueba del interés de la audiencia por conocer lo que ocurre en las cortes estadounidenses. Actualmente hay una tendencia por contar en la pantalla las historias de crímenes célebres, por ejemplo el asesinato de Gianni Versace o el caso de OJ Simpson. Desde la preparación de los abogados hasta la resolución de los jurados, este tipo de dramas exploran aquello que queda fuera de las notas periodísticas, lo que desborda el estricto paso a paso del crimen o del juicio. Para Brad Simpson, productor del docu-drama American crime story, el interés por estos contenidos “es un indicador de algo que pasa en la sociedad”.

La narrativa serializada del crimen ha encontrado uno de sus grandes nichos en el mercado anglosajón, lo que contrasta con el manejo que las productoras hispanoamericanas han dado a la criminalidad y a la vida de los delincuentes. Desde mediados de la década de los 2000, las narcoproducciones —narcoseries y narcotelenovelas— muestran la vida lujosa de los traficantes de drogas de México y Colombia. Producciones como El cartel de los sapos (2008) o La reina del sur (2011), además de narrar las peripecias de antihéroes o antiheroínas en circunstancias extremas, adoptan un tono íntimo y anecdótico que se enfoca en la vida privada de los criminales. El éxito de estas narrativas –sus altos ratings a nivel mundial, sus numerosos episodios y temporadas– ha provocado críticas de quienes consideran que glorifican la vida criminal y banalizan lo que representa un problema de seguridad y salud pública severo.

Pero un aspecto queda fuera dentro de estas historias: lo que ocurre una vez que los delincuentes  son atrapados y presentados ante las cortes. Los capos son asesinados o se suicidan antes de que puedan ser juzgados por sus delitos, un arco narrativo más cercano al del mártir que al del culpable.

Al tiempo que comenzó el juicio en una corte de Nueva York a Joaquín “El Chapo” Guzmán, Netflix estrenó la serie Narcos: México. A diferencia de las temporadas anteriores que narran la vida de Pablo Escobar y el auge del cártel de Cali, esta nueva entrega está ambientada en la ciudad de Guadalajara en la década de los ochenta y se enfoca en la organización criminal liderada por Miguel Ángel Félix Arellano, que a la larga daría origen al Cartel de Sinaloa al mando de “El Chapo” Guzmán, entre otras agrupaciones.

Además de la ambientación y de los personajes, el enfoque de Narcos: México es diferente al de la versión colombiana. No hay intentos por maquillar la violenta realidad mexicana donde las instituciones y el gobierno son también cómplices. El papel del aparato del Estado como una fuerza corrupta y cómplice es preponderante y definitivo como motor de la trama. La noción clásica de héroe en este tipo de dramas se ha ido emborronando, y esta serie no es la excepción.   En el 2015, Luis Reséndiz escribió sobre la serie enfocada en el narcotráfico colombiano: “Narcos busca un héroe, pero no lo encuentra en los policías o en el ejército colombianos: decide hallarlo en un policía estadounidense”.

Habrá que esperar al fin del juicio del “Chapo” Guzmán para descubrir de qué manera se contará su historia, si en una especie de telenovela que busque humanizarlo, o un drama que se enfoque en las intrincadas vueltas del caso al interior de la corte y sobre los escritorios de los fiscales, o una mezcla de estos y otros géneros. Más allá del debate sobre si estos programas realizan una apología del crimen o no, lo que queda claro es que el modo en que se aborda la criminalidad en la ficción sigue evolucionando y respondiendo a las expectativas de los espectadores.

 

El impacto de la FIL Guadalajara
Este fin de semana inicia la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, uno de los eventos literarios más importantes del continente americano y el mayor mercado mundial de publicaciones en español.

El año pasado, la FIL, creada en 1987, recibió en sus 34 mil metros cuadrados de área de exposición a más de 814,000 visitantes, entre ellos 185,400 jóvenes, y albergó a más de 2,000 editoriales de 47 países. Entre presentaciones de libros, charlas literarias, foros académicos y presentaciones artísticas y musicales, se realizaron más de mil actividades durante nueve días y se entregaron 20 premios a personalidades del mundo del arte y la literatura.

Las ferias del libro tienen su origen en los mercados europeos del siglo XV donde los libreros, editores e impresores se reunían para vender sus libros y establecer lazos comerciales. Aunque estas eran sus principales razones, con el paso del tiempo se convirtieron en espacios para que los autores y los demás participantes de la cadena de producción del libro, como editores, agentes literarios, diseñadores, empresarios y bibliotecarios, se encontraran cara a cara con los lectores. A estas actividades se sumaron la promoción de la lectura y la difusión de nuevos talentos. La FIL de Guadalajara es una feria híbrida, con actividades exclusivas para profesionales, como la gestión y compraventa de derechos, y otras abiertas a todo el público.

Algunas personas ven en el avance de la tecnología una amenaza para la industria del libro y sus ferias. Durante la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid, Mike Shatzin, especialista en la transición del libro impreso al digital, auguró que en veinte años ya no existirán las ferias del libro, porque cada vez se lee más en pantallas, es más económico adquirir libros digitales y, gracias a portales de ventas como Amazon, no es necesario esperar a un evento anual para conseguir las novedades publicadas en otros países. “Llegará un momento en el que no será imposible, pero sí complicado, que haya una verdadera razón para que alguien tenga un libro físico”, comentó a El País. Si bien la tecnología ha modificado la experiencia de lectura, los resultados de la FIL revelan que es un evento que goza de buena salud, que cada vez atrae a más apasionados por los libros. Por lo demás, la FIL no solo beneficia a la industria editorial: según cifras de los organizadores, deja una derrama económica a la ciudad de Guadalajara de 330 millones de dólares anuales.

 

50 años del álbum blanco
El 22 de noviembre de 1968 salió a la venta el que es considerado por varios melómanos como el mejor disco de los Beatles. The Beatles, mejor conocido como el álbum blanco por su portada minimalista que contrastaba con el colorido de St. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, fue su primer disco doble y el noveno de estudio. Fue un éxito de ventas inmediato: en tan solo cuatro días se vendieron tres millones de copias. Para conmemorar su lanzamiento, Apple Records lanzó una edición especial que incluye fotografías, demos, grabaciones inéditas y versiones remasterizadas por Giles Martin, hijo de George Martin, el productor del cuarteto.