Billie Eilish: la nueva experiencia americana | Letras Libres
artículo no publicado
Foto: crommelincklars [CC BY (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0)]

Billie Eilish: la nueva experiencia americana

Con sus canciones que muestran lo que se esconde en las sombras de las mentes adolescentes de hoy, Billie Eilish podría dejar en el pop una huella tan importante como la de artistas consolidadas, desde un lado muy distinto de la experiencia americana moderna.

En una escena de Miss Americana, el nuevo documental de Netflix sobre Taylor Swift, la cantante recibe la noticia de que su álbum Reputation, de 2017, solo recibió una nominación a los Grammy. Claramente decepcionada, acostumbrada a ser la reina de cada entrega de premios, Swift le dice a la persona al otro lado del teléfono –alguien de su enorme equipo de management, es de suponerse– que la estrategia correcta ante la situación es grabar un disco mejor para el año siguiente. El resultado fue Lover, que salió a finales de 2019 y fue nominado para tres Grammys. Aun así, y a pesar de que Swift ganó seis American Music Awards el año pasado –incluyendo Artista de la década– Lover, como Reputation, no ganó Grammy alguno.

¿La razón? Billie Eilish.

Eilish es una adolescente que parece sacada de una película de Tim Burton. Grabó su primer álbum, When we all fall asleep, where do we go?, en la casa de sus padres en Los Ángeles. Si bien Swift fue la estrella de pop más importante de la última década, la Academia de la Grabación reconoció a Eilish como la más relevante del 2019. Eilish arrasó con los cuatro premios más importantes del año: canción, grabación y álbum del año, y mejor nuevo artista. Es la primera mujer en conseguir la hazaña.

La música de Eilish combina beats de trap con melodías de jazz, bajos de dubstep y efectos de sonido de película de terror. Es una respuesta al pop meloso y corporativo de la década anterior, y su éxito va más allá de los Grammys: “bad guy,” la canción del año, tiene más de mil millones de reproducciones en Spotify, casi cinco veces más que “ME!”, la canción más popular del nuevo disco de Swift. Los videos musicales de Eilish tienen más de cinco mil millones de reproducciones en YouTube, los boletos de su gira por Estados Unidos se agotaron casi inmediatamente y, a pesar de jamás haber participado en una película, este domingo dio una presentación especial en los Óscares.

Para muchos de quienes nacimos antes del año 2000, pareciera que el éxito de Eilish se dio de la noche a la mañana. Pero, como bien explica Pier Dominguez en Buzzfeed, la realidad es un poco más complicada. A finales de 2015, cuando Eilish tenía tan solo 13 años, grabó “Ocean Eyes,” una canción que compuso con su productor y colaborador más cercano hasta el día de hoy, su hermano mayor, Finneas O’connell. “Ocean Eyes”, una balada de amor cantada casi completamente a capella, con armonías que hipnotizan y una melodía dulce y triste a la vez, se volvió viral en SoundCloud. Finneas, quien comenzaba a tener una carrera como músico y actor (tuvo pequeños papeles en Modern Family y Glee, y también apareció en la película Bad Teacher), ayudó a Eilish a que la firmara Platoon, una compañía recientemente adquirida por Apple que desarrolla a artistas independientes y les ofrece servicios de marketing y management.

Para principios de 2016, Eilish ya tenía a una publicista y una estilista ayudándole a crear su imagen de hip hop macabro-chic. En ese mismo año, Eilish consiguió un contrato con Darkroom, una disquera que trabaja con Interscope, y en el verano de 2017 lanzó su primer EP, Don’t smile at me. Según escribe Liz Pelly en The Baffler, Spotify ha hecho un esfuerzo por dar a conocer artistas que según sus algoritmos pueden volverse muy populares. Pelly argumenta que la música que se hace popular en las listas de reproducción de Spotify suele ser de un estilo minimalista y nostálgico de pop electrónico del que se podría decir que “Ocean Eyes” y algunas otras canciones del EP de Eilish son un buen ejemplo. Spotify promovió mucho a Eilish, especialmente en la lista más popular de la plataforma, “Today’s Top Hits,” y como resultado su música alcanzó más de mil millones de reproducciones antes de que saliera When we all fall asleep, where do we go?

Pero muchos artistas aparecen en las listas de Spotify y no todos llegan al nivel de popularidad que ha conseguido Eilish. Otro factor detrás de su éxito es que su música captura algo profundo y oscuro de la psique de su generación, los nacidos a partir de 1995, la famosa Generación Z. Según la psicóloga Jean Twenge, autora de iGen, esta generación se caracteriza por haber tenido teléfonos inteligentes durante toda su adolescencia. En The coddling of the American mind, Jonathan Haidt y Greg Lukianoff analizan datos que muestran que, como consecuencia del uso excesivo de redes sociales, las tasas de depresión y ansiedad han aumentado dramáticamente para esta generación, particularmente entre las mujeres. Las tasas de suicidio son todavía más estremecedoras: entre 1999 y 2015, los suicidios de adolescentes norteamericanas se duplicaron.

Las canciones de Eilish, quien habla abiertamente de haber sufrido de depresión e impulsos suicidas, nos muestran lo que se esconde en las sombras de las mentes adolescentes de hoy. En “bury a friend”, Eilish le canta directamente a la muerte: “What do you want from me? / Why don’t you run from me? / What are you wondering? What do you know? En “xanny,” Eilish describe el letargo de sus amigos drogados con ansiolíticos, y en “all the good girls go to hell” alude al pavor apocalíptico que siente su generación ante el cambio climático: “Hills burn in California / My turn to ignore ya / Don’t say I didn’t warn ya”.

Por supuesto que Eilish no es la primera en cantar sobre la muerte y el lado oscuro de la vida, pero el hecho de que apenas tenga 18 años le da un aire perturbador a sus letras. Eso sí: Eilish tiene influencias muy claras que se remontan a décadas anteriores. En un episodio del podcast Switched on Pop, el musicólogo Nate Sloan y el compositor Charlie Harding comparan su lado oscuro e industrial a Marilyn Manson y Nine Inch Nails, sus melodías cíclicas en tonos menores a The Doors, y sus armonías a tres voces a los Beatles. Si nos adelantamos a la música que era popular durante la infancia de Eilish, es muy obvia también la influencia del dream pop melancólico y etéreo de Lana Del Rey y Lorde, y el de la música electrónica atmosférica de James Blake. Eilish es extraordinaria porque logra combinar todas estas influencias para crear un estilo de música novedoso y, por lo general, coherente.

En una de las últimas escenas de Miss Americana, Swift dice que hay una expectativa en el mundo de la música para que los artistas se reinventen de manera constante para mantenerse relevantes, sobre todo las mujeres. Cada uno de los discos de Swift ha explorado y conquistado nuevos territorios musicales, desde el country de su adolescencia hasta las baladas de piano y el pop pegajoso con el que logró dominar las ondas de radio y llenar estadios alrededor del mundo. Al igual que Eilish, Swift empezó su carrera como una adolescente con mucho talento que encontró a un público que se identificó con su música. Lo que convirtió a Swift en una verdadera estrella es que supo crecer y evolucionar junto con sus fans. Lo cierto es que, con o sin más Grammys, después de catorce años de carrera en la cima de la fama, Swift ha dejado su huella en el pop. Quizá Billie Eilish consiga lo mismo desde un lado muy distinto de la experiencia americana moderna.