Antonio Pasquali, una vida dedicada a pensar la comunicación | Letras Libres
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Antonio Pasquali, una vida dedicada a pensar la comunicación

La obra de Antonio Pasquali, quien falleció a inicios de octubre, es referencia obligada en los estudios de comunicación y sociología de los medios en Latinoamérica. Este texto recorre algunos aspectos centrales de su vasta obra intelectual.

En su fructífera y larga vida intelectual, Antonio Pasquali (1929-2019) recorrió la problemática de la comunicación desde una lucidez que siempre supo reconocer y denunciar los retos del momento, desde la llamada televisión “basura” hasta los populismos de líderes carismáticos destructores de la libertad de expresión. Nacido en Italia, llegó a Venezuela a los 19 años, donde se formó con grandes de la filosofía como García Pelayo y Juan David García Bacca, fundó en 1973 el Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Universidad Central de Venezuela, e inspiró a generaciones de periodistas y comunicólogos con su espíritu crítico. La obra de Pasquali es referencia obligada en los estudios de comunicación y sociología de los medios en Latinoamérica.

La ética de la comunicación

El hilo conductor de su pensamiento es la ética de la comunicación o la “dimensión moral del comunicar”, como él prefería llamarla. Pasquali advertía siempre sobre la necesaria diferencia conceptual y práctica entre comunicación y medios de comunicación. Leamos lo que escribió en su libro Comprender la comunicación (1980, p.42): “La posibilidad de comunicarse es inherente a la formación de toda estructura social, y no un subproducto posterior a ésta. Siendo así…, toda modificación o control de las comunicaciones revierte en una modificación o control de la sociedad”. Por eso, para el académico venezolano, los cambios tecnológicos, con sus beneficios, evoluciones y disrupciones, no han transformado lo que él llamada la “esencia del fenómeno” de la comunicación humana. “Lo esencial a comprender sigue siendo la comunicación misma y su contenido o mensaje, y no el medio por el que ella circula”.

Pasquali se ubicaba así en las antípodas de Marshall McLuhan y su famosa frase “el medio es el mensaje”. Aunque estaba al día con las plataformas digitales (lo escuché varias veces dando conferencias magistrales sobre el desarrollo de las telecomunicaciones en el mundo), Pasquali no creía en el determinismo tecnológico que había signado lo que él llamaba la “ideología represiva” del canadiense McLuhan. Su obra, heredera de la tradición crítica de la Escuela de Frankfurt, volvía siempre a lo humano, que en la comunicación es “una de las formas básicas que asume la categoría de Relación en su traslado a la dimensión antropológica”. (Comprender la comunicación, p. 65)

Por un servicio público de radiotelevisión

Fue persistente y consistente en su lucha por que se estableciera en Venezuela y Latinoamérica un verdadero sistema de radiotelevisión de servicio púbico. Encabezó el Comité por una Radiotelevisión de Servicio Público, que propuso un proyecto de ley orgánica de la radiotelevisión que todavía espera ser aprobado por un parlamento democrático. Pero su pasión en defensa de la necesidad de un servicio público de medios nunca decayó. Y menos ante la explosión de las comunicaciones por Internet que, como Pasquali observara, es “la única real y gran novedad después de la TV”, ahora en buena parte controlada por grandes monopolios como Facebook, Google, Amazon y Apple, y manipulada por grandes potencias emergentes como China. Se preguntaba el profesor venezolano: “¿sobrevivirá la democracia –tal como la conocemos– al trend antidemocrático y antipluralista de sus principales sistemas de comunicación? Las grandes democracias actuales, ¿no se están acaso convirtiendo bajo nuestros ojos en dictaduras plutocráticas soft basadas en manipulaciones científicas del consenso y en controles globales de la comunicación?” (Reinventando las políticas de comunicación para el siglo XXI, 2005, p.230).

Denunció con vehemencia la llamada “hegemonía comunicacional” del chavismo y los retrocesos que había infligido a la sociedad venezolana desde el punto de vista de las telecomunicaciones, los medios de comunicación y la infraestructura de transporte. El título de su libro La devastación chavista (2017) nos da una idea del análisis que Pasquali hizo de la impronta “comunicativa” de la revolución bolivariana. Pero su libro no es solo un lamento, sino una visión de lo que debe ser la resistencia ante los atropellos de la dictadura: “Al proyecto político hegemónico-militarista en acto de destruir lo existente para mejor manipular un país y someterlo a extemporáneos y delirantes designios, con especial énfasis en una desfiguración de sus relaciones materiales e inmateriales, la inteligencia nacional debe oponer hoy implacables revelaciones y denuncias, y mañana el profesionalismo y la honesta voluntad consensuada de construir una Venezuela mejor”.

¿Renunciaremos a la comunicación?

El pensamiento de Pasquali tiene una dimensión humanista global.  En su ensayo ¿Nos comunicaremos o nos informaremos? (Una visión de futuro) (2005, pp. 161-162) identificó lo que llamó “seis tendencias duras” que podrían marcar el futuro de la humanidad:

“1) un proceso de degradación ambiental que el hombre depredador ha llevado a proximidad del punto de no retorno;

2) imponderables interferencias de la ingeniería genética en los mecanismos naturales que han regulado hasta ahora la evolución de lo viviente;

3)  la probabilidad de que se produzcan dos desfiguraciones mayores de lo óntico-humano por: a) ensamblajes de máquina con viviente (cyborg), y b) por el desplazamiento del poder decisional a intelectos artificiales (artilecs) o computadoras masivamente inteligentes;

4) la subsistencia de los peligros nucleares, bacteriológicos, químicos y terroristas, en un ambiente de estado de guerra permanente;

5) la definitiva consolidación de una inhumana disparidad entre ricos/pobres que ha venido incrementándose despiadadamente en los últimos dos siglos;

6) la conversión de la democracia en una dictadura plutocrática soft…”

Al final de ese ensayo se preguntaba Pasquali (p. 171): “¿quiere lo anterior decir que hasta ahora no habíamos reparado en algo ontológicamente constitutivo del acto comunicante, el de ser siempre y necesariamente humano, demasiado humano, esto es, una mezcla inextricable de intelecto, pasiones y voluntad, una mixtura imperfecta y redundante en términos de costo/beneficio, pero con altísima capacidad de ser desinteresadamente altruista, de transfigurarse en inútil pero irrenunciable poesía, en belleza, en rezo, en llanto? ¿Vamos a renunciar sin pelea a la posibilidad de comunicarle a otro ser humano que lo amamos?”. Para responder a estas preguntas encontraremos luces en la gran obra que nos dejó Pasquali. Descanse en paz, Maestro.