De cómo no fui cargador de petróleo | Letras Libres
artículo no publicado

De cómo no fui cargador de petróleo

Hace pocos meses recibí una carta —no un e-mail— que merece un comentario semejante al de mi crónica aparecida en el primer número de esta revista ("De cómo no fui el hombre de la década"). Cito textualmente el primer párrafo de la carta: "Estimado/a [sic] Sr. Helguera Lizalde: Le informamos que su nombre se nos suministró informándonos que es un aplicante calificado en busca de nuevas oportunidades de empleo. Nuestra compañía está autorizada para hacer un número limitado de aplicaciones y documentos necesarios para aplicantes calificados para trabajos en Plataformas de Petróleo. Lo invitamos a participar en la expansión de nuevas oportunidades de empleo en la industria petrolífera del (Caledonian) Offshore (Ltd). El trabajo a bordo de una plataforma petrolera en el mar es pesado, pero su paga tiende a ser bien remunerada con salarios entre US$310 a US$430 por día de trabajo."
     La carta entera es una delicia y de sumo interés, pero no cabe aquí. Bueno, vamos por partes. Primero: ignoro qué amigo (o enemigo bromista) decidió que yo andaba buscando chamba y me recomendó a una empresa canadiense como "aplicante calificado", sobrevaluando, por cierto, mi energía física y mi salud (a mis ya casi cuarenta años, acabo de ser dado de alta de una hospitalización de casi un mes). En fin. Después hay puntos interesantes, como que es requisito ser mayor de dieciocho años, que mínimo hay que trabajar un año, que la camaradería que llega uno a trabar con los colegas a la vista del mar es hermosa, que si uno se desempeña bien puede llegar a ganar al año hasta "US$50,000 con generosas vacaciones", etcétera.
     Me puse a hacer cuentas y calculé que, de embarcarme, lograría comprar una mansión en cuyo jardín me podría enterrar mi hija, en breve plazo, lleno de hernias y con el corazón hecho pedazos. Pensé entonces en amigos hercúleos, como el poeta Julio Trujillo, que sin muchos esfuerzos me ganó hace poco a las vencidas. Hasta que, de pronto, leí, agazapada en una esquinita de la hoja, que, de decir "¡Va pues: acepto!", había que enviar a Caledonian Offshore Ltd. la cantidad de "US$189.00 para cubrir los gastos de la documentación necesaria". Clásico: primero ofrecer para enseguida pedir dizque para dar.
     De cualquier manera, yo ya había decidido, hace mucho, que mi vocación y destino serían siempre escribir letrillas y cosas así, no cargar toneladas de petróleo. Con las bolsas del supermercado y los libros, cada vez que hay mudanza, me basta y sobra. ~