Ternura amarga | Letras Libres
artículo no publicado

Ternura amarga

Enrique Peña Nieto nació en 1966. Convocamos a un grupo heterogéneo de escritores nacidos alrededor de ese año para responder esta pregunta: ¿qué significa para ti, en términos generacionales, el regreso del PRI a Los Pinos?

Los lunes de cada semana mi padre llevaba a casa dos o tres revistas que leía hasta deshojarlas. Yo las esperaba con ansia. Aún no sabía leer, pero me gustaba en especial una de tamaño grande y nombre de una sola palabra. (El nombre era Siempre!, me enteraría después.) La buscaba por sus desorbitados “dibujos” y personajes que se repetían. Me gustaba, por ejemplo, reconocer al mandril presi dente. Me inquietaba, en cambio, el hombre de traje y corbata, y la cabeza cubierta con una tela blanca. “¿Y el fantasmita quién es?”, al fin me animé a preguntar. “Es ‘el Tapado’”, contestó mi padre, y para atajar las preguntas de una vez me explicó. Los presidentes de México, dijo, escogían al que vendría luego de ellos. Hasta que no dijera su nombre, la gente lo llamaba el tapado.Nunca se me ocurrió preguntar por qué, si ya había un escogido, dos veces los acompañaría a él y a mi madre a votar.

El pasado 1º de julio pensé en ellos con ternura amarga. No fueron activistas pero –sin idealizar– tampoco imbéciles. Más bien, parte de un México resignado a la irrealidad. No sé si Peña Nieto es un ave fénix, un huevo de dinosaurio, un huevo de dinosaurio con un ave fénix dentro, o qué. Estoy segura, en cambio, de que si el PRI quiere reinstaurar un tipo de gobierno-ficción no cuenta con la credulidad de gente como mis padres. La alternancia rompió el hechizo; desde el 2000 impera entre los votantes la lógica de la realidad. Puede que el “nuevo PRI” sea una contradicción en términos. Lo que no tiene precedentes es que sus gobernados ejerzan la facultad de dudar. ~